Nvidia atraviesa una semana en la que su cotización y su estrategia empresarial parecen contar historias distintas. El título se cambia de manos a 183,68 euros, un 9,3% por debajo del máximo de 52 semanas de 202,50 euros, mientras la compañía encadena acuerdos con socios industriales y tecnológicos que dibujan un modelo de negocio cada vez más alejado de la simple venta de silicio.

El dato que mejor resume ese desfase entre precio y negocio llegó con las cuentas del segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027, cerrado a finales de julio de 2026. Los ingresos alcanzaron los 96.200 millones de dólares, un 106% más que un año antes, y el segmento de centros de datos aportó 89.000 millones, con un avance del 117%. Para el trimestre en curso, la dirección proyecta 108.000 millones de dólares de facturación y un margen bruto del 74,0%, sin contar con ningún ingreso de centros de datos procedente de China.
Un entramado de alianzas que va más allá del chip
La expansión del grupo se apoya en una serie de movimientos encadenados en las últimas semanas. El 10 de septiembre, Nvidia anunció una colaboración con Palantir Technologies para llevar sistemas de inteligencia artificial soberana a cadenas de suministro críticas, con una primera aplicación funcionando ya en las propias operaciones de la compañía. La base tecnológica combina el software de IA soberana de Palantir con los modelos Nemotron desarrollados por Nvidia bajo un enfoque de sistemas abiertos.
Poco antes, a comienzos de mes, la firma había profundizado su relación con el fabricante taiwanés MediaTek en los frentes de infraestructura de IA en la nube, computación local y automoción. MediaTek se comprometió a adoptar la plataforma NVLink Fusion, y Nvidia acompañó el acuerdo con una inversión de 3.500 millones de dólares en bonos convertibles del socio, según informaciones de prensa. La operación otorga al grupo un acceso financiero directo a una pieza clave de la cadena de fabricación de chips.
A esa red se suma el despliegue físico en Australia, donde Nvidia trabaja con socios locales de nube e infraestructura para levantar hasta dos gigavatios de capacidad destinada a las denominadas fábricas de IA a lo largo de 2027.
El posible cheque para Anthropic
En paralelo, Reuters informó el pasado fin de semana de que Nvidia mantiene conversaciones para entrar como inversor ancla, con hasta 10.000 millones de dólares, en una eventual salida a bolsa de Anthropic que aspiraría a una valoración cercana a los dos billones de dólares. Ninguna de las partes ha confirmado la operación.
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Conviene mirar esa cifra con perspectiva: en noviembre de 2025 la compañía ya había anticipado una intención de inversión de hasta 10.000 millones de dólares en Anthropic, por lo que el supuesto papel de inversor ancla supondría una continuidad de ese compromiso antes que un desembolso adicional. También merece cautela el dato que circula sobre el negocio de Anthropic, con una tasa de ingresos anualizada que habría pasado de unos 9.000 millones de dólares a finales de 2025 a alrededor de 65.000 millones a finales de julio de 2026, según documentos para inversores y pesquisas periodísticas, sin confirmación oficial de la empresa.
Huang defiende el ciclo inversor
El consejero delegado, Jensen Huang, intervino el 10 de septiembre en la conferencia Communacopia + Technology de Goldman Sachs para sostener que el despliegue de la inteligencia artificial sigue en una fase temprana y que la demanda de infraestructura se mantiene firme. Reuters leyó esas declaraciones como una ratificación del ciclo inversor en centros de datos del que Nvidia es proveedor central.
El mercado, sin embargo, no acompaña. El lunes, el valor cerró a 182,58 euros, con un descenso del 3,0% respecto a la jornada anterior, y acumula una caída del 6,0% en los últimos siete días de negociación. El precio se sitúa por debajo de su media móvil de 50 sesiones, en 185,27 euros, y el índice RSI marca 44,7, en terreno neutro y ligeramente por debajo de otra referencia de 185,49 euros. El cuadro técnico refleja consolidación, no euforia.
Movimientos en el accionariado
A la atonía del precio se añadieron operaciones desde el seno de la compañía. El consejero Mark Stevens vendió alrededor de 1,85 millones de acciones a través de estructuras fiduciarias entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre, mientras que el director Tench Coxe transfirió 500.000 títulos como donación desde un trust del que es fiduciario. Son movimientos habituales entre directivos, aunque llegan en un momento en el que los inversores escrutan con lupa la valoración tras el reguero de adquisiciones e inversiones multimillonarias.
La tecnológica también ha ampliado el alcance de su plataforma CUDA-Q con una capa de orquestación orientada a la computación cuántica tolerante a fallos, una señal de que su apuesta de crecimiento no se limita a las tarjetas gráficas para modelos de lenguaje, sino que aspira a cubrir una infraestructura más amplia.
La sustancia frente al ruido
El patrón que emerge de todos estos movimientos es conocido: Nvidia asegura demanda al financiar a sus propios clientes y socios, una estrategia que puede ser acertada en lo comercial pero que dificulta separar el crecimiento orgánico del efecto de su red de inversiones. Quien atienda a las cifras trimestrales encuentra una compañía con una dinámica operativa excepcional; quien se deje deslumbrar por rondas millonarias sin confirmar corre el riesgo de sobreestimar cuánto de esa promesa es ya una realidad tangible.
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