La paradoja que atraviesa D-Wave Quantum estos días tiene un nombre poco habitual en los mercados: el propio Gobierno de Estados Unidos. Lo que en un primer momento se interpretó como un espaldarazo histórico —hasta 100 millones de dólares canalizados a través del CHIPS and Science Act para impulsar la investigación en annealing superconductor y tecnologías de puertas lógicas— ha terminado por convertirse en una losa para la cotización. El motivo no es otro que la letra pequeña de ese acuerdo: el Departamento de Comercio se hizo con una participación minoritaria sin derechos de control y, con ella, con un paquete de 7.095.721 acciones que ahora penden sobre el mercado como una amenaza latente de venta masiva.

Ese bloque, equivalente a cerca del 1,9% del capital en circulación, quedó registrado para su reventa mediante una adenda al folleto informativo. A un precio de referencia de 16,66 dólares por título, la tranche alcanzaba un valor teórico de aproximadamente 118,2 millones de dólares. La operación no supone una emisión de papel nuevo ni inyecta capital fresco en las arcas de la compañía, pero la simple perspectiva de que Washington pueda desprenderse de esas acciones ha bastado para tensionar la negociación. La reacción del mercado ha sido dispar: en una sesión el título cedía un 3,5% hasta los 13,98 euros, mientras que en otra lograba rebotar un 1,9% hasta los 14,77 euros, reflejo de un pulso entre quienes temen el exceso de oferta y quienes confían en que el respaldo federal termine pesando más que el ruido.
Un trimestre de contrastes
Para entender por qué el mercado duda, conviene mirar las cuentas del segundo trimestre de 2026, un periodo que dejó señales contradictorias. En el debe, la compañía se quedó muy por debajo de las previsiones de los analistas: facturó 3,08 millones de dólares cuando las estimaciones apuntaban a una horquilla de entre 4,03 y 4,08 millones. En términos interanuales, la cifra supuso un ligero retroceso de algo menos del 1%, un dato incómodo para una empresa que compite en un sector intensivo en capital y que necesita demostrar velocidad de crucero en la generación de ingresos.
En el haber, la letra pequeña del balance esconde avances notables. Los clientes comerciales aportaron el 62,4% de la facturación trimestral, y los ingresos recurrentes del negocio de computación cuántica como servicio (QCaaS) escalaron un 50% hasta los 1,9 millones de dólares. El dato más llamativo llegó por el lado de los pedidos: las entradas de contratos se multiplicaron por más de doce en el primer semestre, con un crecimiento del 1.120%, mientras que las obligaciones de rendimiento pendientes se elevaron hasta los 40,7 millones de dólares. Son cifras que dibujan una demanda real, pero que chocan con la magnitud de los recursos que la empresa sigue quemando para desarrollar hardware cuántico.
Ruido jurídico y relevo en la cúpula financiera
A la brecha entre expectativas y resultados se ha sumado una creciente incomodidad en el plano legal. La firma Kessler Topaz Meltzer & Check anunció una investigación sobre posibles vulneraciones de la legislación federal de valores, centrada tanto en las últimas cuentas publicadas como en la emisión de acciones vinculada al programa de ayudas públicas. Otras firmas de abogados han seguido el mismo camino, un patrón habitual en Estados Unidos cuando un valor muestra una volatilidad acusada, pero que en este caso añade presión sobre la gestión y distrae recursos en un momento delicado.
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El frente interno tampoco ayuda. A finales de agosto se comunicó la salida del hasta entonces director financiero, John Markovich, que se materializó el 2 de septiembre con su jubilación. Desde entonces, Greg Golkov, anterior vicepresidente sénior de Finanzas, asume interinamente las riendas contables y financieras. El relevo llega en plena fase de integración de los fondos públicos y de respuesta a las pesquisas judiciales, una combinación que los inversores observan con recelo.
El pulso entre el apoyo institucional y la desconfianza
No todo son sombras. La canadiense The Manufacturers Life Insurance Company adquirió recientemente 204.727 títulos, una señal de que parte del dinero institucional sigue creyendo en la historia. Además, Washington ha comprometido 300 millones de dólares al conjunto del sector, repartidos entre D-Wave y sus competidores Rigetti Computing y Quantinuum, lo que subraya la relevancia geopolítica de la tecnología cuántica. En el plano analítico, el consenso se mantiene mayoritariamente constructivo: las recomendaciones oscilan entre el mantenimiento y la compra clara, y los precios objetivo medios en Wall Street se sitúan en una franja de entre 35,46 y 36,27 dólares por acción.
Sin embargo, el comportamiento del título desde enero cuenta otra historia. La caída acumulada en lo que va de año alcanza el 38%, un descenso que refleja la creciente cautela de los inversores ante la distancia entre la promesa tecnológica y la realidad de unos ingresos que aún no alcanzan el umbral de los cuatro millones de dólares por trimestre.
Las claves que marcarán el rumbo
El devenir inmediato de la cotización depende en gran medida de cómo digiera el mercado el volumen registrado por el Departamento de Comercio. Mientras el soporte en la zona del mínimo de 52 semanas, fijado en 11,12 euros, aguante, existirá margen para una estabilización. Si esa referencia cede bajo una presión vendedora sostenida, el actual canal bajista podría profundizarse.
El próximo catalizador relevante será la publicación de los resultados del tercer trimestre de 2026. Será entonces cuando los inversores evalúen si el nuevo responsable financiero ha puesto en marcha medidas concretas de control de costes y si la facturación recupera terreno hacia la barrera de los cuatro millones de dólares. Solo una vuelta consistente a la senda de crecimiento prevista podría sentar las bases para aspirar a recuperar cotas más elevadas. Hasta entonces, la ecuación sigue abierta: el aval de Washington, que debería ser un activo, se ha transformado en un factor de incertidumbre que el parqué aún no ha terminado de digerir.
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