El gigante tecnológico afronta una semana decisiva en dos frentes. Por un lado, el 29 de abril presenta los resultados de su tercer trimestre fiscal, y por otro, se dirime su participación en un macroproyecto de centros de datos de SoftBank en Ohio valorado en 500.000 millones de dólares. La combinación de ambos eventos definirá si la acción logra revertir el tono negativo que acumula en el año.

La batalla por la capacidad de cómputo
La demanda de inteligencia artificial supera todas las previsiones, pero Microsoft se topa con un límite físico: la falta de infraestructura para dar salida al crecimiento de Azure. La compañía compite con Google, Nvidia y Meta por el contrato de SoftBank en Ohio, donde unos 200.000 millones de dólares se destinarían directamente a servidores y suministro eléctrico. El ganador deberá asumir el coste de los semiconductores, pero a cambio obtendrá un salto cualitativo en su capacidad cloud.
Este cuello de botella lastra el potencial de la nube de Microsoft. El propio management ha reconocido que sin estas restricciones, Azure crecería por encima del 40%. De hecho, en los dos primeros trimestres del año fiscal 2026, la plataforma avanzó al menos un 39% en cada periodo. Bank of America proyecta para el trimestre que ahora se presenta un incremento ajustado por divisas del 37,5%.
La cifra que vigila Wall Street
Morgan Stanley mantiene su recomendación de "sobreponderar" y un precio objetivo de 650 dólares, pese a la turbulencia que sacude al sector del software. El ETF iShares Expanded Tech-Software ha perdido cerca de un quinto de su valor en lo que va de año, y competidores como ServiceNow e IBM sufrieron castigos bursátiles tras sus últimas cuentas.
Para los analistas de la firma, el umbral crítico se sitúa en el 39% de crecimiento para Azure. Este nivel superaría el rango alto de la guía de la compañía, que apunta a un avance ajustado por divisas del 37% al 38%. Además, exigen que la perspectiva para el cuarto trimestre indique un crecimiento cloud en la zona baja o media del 30% ajustado por moneda.
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La inversión en servidores y almacenamiento no preocupa a Morgan Stanley. Consideran que esos desembolsos se dirigen directamente a infraestructura que genera ingresos, respaldada por una cartera de pedidos superior a los 600.000 millones de dólares.
Copilot, la asignatura pendiente
Más allá de la nube, el mercado escruta la monetización de la inteligencia artificial. En el trimestre anterior, Microsoft reportó 15 millones de usuarios de pago para Copilot, su asistente con IA. Sin embargo, esa cifra apenas representa un 3,5% de penetración en su propio ecosistema empresarial. La expectativa es que la adopción se acelere entre los clientes corporativos.
El gasto en IA también está bajo la lupa. En el trimestre anterior, la compañía destinó unos 37.000 millones de dólares a este capítulo, lo que previsiblemente reducirá el margen bruto de la división cloud hasta el entorno del 65%.
La acción, en zona técnica de sobreventa
El mercado descuenta la incertidumbre. La cotización cerró el viernes en torno a los 357 euros, con un descenso acumulado superior al 11% desde enero. No obstante, en los últimos 30 días ha rebotado cerca de un 15%. El RSI bajo sugiere que el valor está técnicamente sobrevendido.
La valoración actual, según Morgan Stanley, equivale a 20 veces el beneficio estimado para 2027. Un múltiplo que la firma considera atractivo dadas las perspectivas de transformación cloud y el repunte de los presupuestos de software entre las empresas.
El 29 de abril, Microsoft deberá demostrar que puede convertir su apuesta por la IA en resultados tangibles. Si las cifras de Azure convencen y, pocos días después, se alza con el megaproyecto de Ohio, el atasco de capacidad empezará a despejarse. Si no, el multimillonario plan de inversión en inteligencia artificial quedará inevitablemente en el punto de mira.
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