El gigante tecnológico despliega una doble estrategia: por un lado, ata a los jóvenes innovadores de la inteligencia artificial a su ecosistema Azure; por otro, la Bolsa no perdona el multimillonario desembolso en infraestructura. Microsoft ha profundizado su alianza con el influyente incubador de startups Y Combinator, un movimiento que busca capturar desde el primer día a las promesas del sector. Los fundadores del programa accederán a Azure y Microsoft Foundry, con créditos de hasta 150.000 dólares, además de ayuda para entrenar modelos y acceso a los canales de venta de la compañía. La lógica es simple: quien arranca en los servidores de Microsoft rara vez se marcha.

Y Combinator ha financiado a más de 6.000 startups, incluyendo pesos pesados como Airbnb, Stripe y OpenAI. Con esta alianza, Microsoft quiere asegurarse de que la próxima generación de aplicaciones de IA —que exigen una potencia de cálculo descomunal— corra sobre su nube. Sin embargo, el entusiasmo por la estrategia comercial choca con la realidad del mercado. La acción cede un 18% en lo que va de año y cotiza en torno a los 329,7 euros, un 31% por debajo de su máximo de 52 semanas de 478,10 euros.
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La factura de la inteligencia artificial
El dilema está en las cuentas. Microsoft invierte cantidades ingentes en centros de datos: unos 40.000 millones de dólares este trimestre, y el mercado anticipa casi 190.000 millones para el conjunto del ejercicio. Ese dispendio asusta a los inversores, pese a que el negocio operativo ofrece resultados brillantes. En el tercer trimestre fiscal, los ingresos alcanzaron aproximadamente 83.000 millones de dólares, con un crecimiento del 18%. Azure, la joya de la corona, se disparó un 40%, y el negocio puro de IA casi se duplicó hasta una tasa anual de 37.000 millones de dólares, un 123% más que el año anterior.
A las dudas sobre el capex se suman otros dos vientos en contra. La Reserva Federal, ahora bajo la dirección de Kevin Warsh, mantiene una línea dura. Unos tipos más altos encarecen el crédito y frenan el apetito por los valores tecnológicos. Además, los directivos están vendiendo participaciones. Solo en junio, los ejecutivos se desprendieron de acciones por valor de diez millones de dólares. El jefe de marketing, Takeshi Numoto, fue uno de los más activos en esas ventas, un gesto que siempre inquieta al mercado.
El reto de monetizar la nube
Microsoft tiene la cartera de pedidos repleta: 627.000 millones de dólares en contratos futuros. Pero la presión recae sobre el equipo directivo para demostrar que la inversión masiva en IA generará pronto retornos atractivos. Mientras tanto, la acción se resiente. La asociación con Y Combinator es una apuesta a largo plazo: si las startups que crecen sobre Azure acaban alimentando los ingresos de la nube, el mercado podría volver a sonreír. Pero hasta que eso ocurra, el escepticismo domina el parqué.
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