El mercado del oro atraviesa una fase de consolidación en la que dos fuerzas de signo opuesto se disputan el timón. De un lado, la Reserva Federal mantiene firme su discurso restrictivo y alimenta las expectativas de tipos más altos durante más tiempo. Del otro, las compras oficiales de los bancos centrales siguen ejerciendo de red de seguridad y evitan recaídas más pronunciadas.

La onza se negociaba hoy en el entorno de los 4.338,83 dólares en el mercado spot, prácticamente plana con un descenso marginal del 0,04%. La sesión previa había cerrado a 4.360,58 dólares, con un avance tibio del 0,5%. El metal acumula así un recorrido lateral que lo deja un 22% por debajo de su máximo de 52 semanas, situado en 5.598,58 dólares.
La cúpula de la Fed no afloja
El tono de la autoridad monetaria estadounidense marcó el arranque de semana. Varios responsables subrayaron su determinación de contener los riesgos inflacionarios, y Alberto Musalem, presidente de la Reserva Federal de St. Louis, advirtió que una demanda persistentemente vigorosa podría exigir nuevos ajustes. La lectura que se impone en el seno del banco central es la de un periodo prolongado de política restrictiva.
Los mercados de futuros ya descuentan ese escenario. Según los datos recopilados por CME Group, los operadores asignan alrededor del 90% de probabilidad a una subida adicional de tipos antes de diciembre. Esa expectativa impulsa los rendimientos de los bonos del Tesoro y da alas al dólar, lo que encarece el coste de oportunidad de mantener un activo que no genera intereses. El capital especulativo ha ido reduciendo posiciones en las últimas jornadas.
Pekín marca el ritmo de la demanda oficial
Frente a ese viento de cara, el sector público sostiene el mercado con una constancia notable. El World Gold Council cifra en 345 toneladas las compras netas globales de los bancos centrales durante el primer semestre del año. China volvió a ser el principal motor: en el mes de referencia adquirió 20 toneladas y encadenó así 21 meses consecutivos de acumulación. Polonia, por su parte, sumó 8 toneladas netas.
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La motivación de estas instituciones trasciende el corto plazo. Mientras los inversores tácticos ajustan sus carteras al compás de los tipos, los bancos centrales persiguen objetivos estratégicos, y la diversificación de reservas fuera de los bonos occidentales sigue siendo el eje de esa estrategia. Los datos de comienzos de año hasta julio reflejan compras globales cercanas a las 130 toneladas, por debajo de las 160 toneladas del mismo tramo del ejercicio anterior, un año excepcionalmente fuerte.
Las intenciones para los próximos meses apuntan en la misma dirección. Una encuesta del World Gold Council revela que el 89% de las entidades consultadas anticipa un aumento de las reservas mundiales de oro en los próximos doce meses, y un 45% planea incrementar activamente sus propias tenencias.
Pronósticos divididos entre los grandes bancos
El desfase entre el discurso de la Fed y la demanda oficial ha fragmentado las previsiones de las principales casas de análisis. Bernstein recortó su objetivo de largo plazo para 2030 desde 6.100 hasta 5.600 dólares por onza, un ajuste que el propio analista Bob Brackett atribuyó exclusivamente al nuevo entorno de tipos. En su opinión, la demanda física de los bancos centrales continúa siendo el verdadero motor del mercado.
Standard Chartered mantiene una postura más constructiva. La experta en materias primas Suki Cooper destacó la capacidad de resistencia del metal frente al alza de los rendimientos nominales y sostuvo que la correlación tradicional entre los tipos reales y la cotización del oro ya solo opera de forma parcial.
El foco, en los datos macroeconómicos
A la espera de la próxima reunión de la Reserva Federal a finales de octubre, los inversores centran su atención en los próximos datos de inflación y empleo de Estados Unidos. Si la presión sobre los precios se mantiene elevada, las inquietudes sobre los tipos seguirán dominando la escena. Entre tanto, el apetito de los bancos centrales y el retorno de compradores particulares y fondos cotizados respaldados por metal físico continúan actuando como contrapeso, en un contexto geopolítico que, pese a la distensión en torno al estrecho de Ormuz, mantiene intacta la demanda de refugio.
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