La paradoja que atraviesa el valor más emblemático de la inteligencia artificial tiene dos caras que rara vez se miran al mismo tiempo. En Fráncfort, las acciones de Nvidia cerraron ayer en 199,98 euros, un nivel que deja al fabricante de chips cotizando por debajo de 17 veces los beneficios estimados para los próximos doce meses. Para una compañía que durante años se movió en múltiplos del doble, esa cifra constituye un mínimo histórico. Y sin embargo, en las últimas semanas la empresa no ha dejado de mover ficha: el 2 de septiembre pactó la compra de Hugging Face por 12.930 millones de dólares, una operación que la coloca en el centro neurálgico del software sobre el que se construyen los modelos de IA en todo el mundo.

El desembolso se estructura con cerca de 11.900 millones en efectivo y hasta 1.000 millones reservados para incentivos en acciones destinados a retener a los empleados de la plataforma. Jensen Huang, consejero delegado del grupo, justificó la maniobra como un paso para ampliar el acceso a la inteligencia artificial de desarrolladores e instituciones a escala global. El movimiento persigue un doble objetivo: reforzar el foso competitivo alrededor de su arquitectura de chips y atar a una comunidad de desarrolladores enorme a sus sistemas, lo que complica aún más la vida a los fabricantes rivales que intenten abrirse hueco.
La expansión no se detiene ahí. El 14 de septiembre, la compañía anunció la ampliación de su plataforma CUDA-Q con CUDA-Q Logical, una capa de orquestación pensada para desarrollar aplicaciones prácticas sobre computación cuántica tolerante a fallos. El mensaje es nítido: Nvidia pretende conservar el liderazgo tecnológico incluso cuando las arquitecturas del futuro dejen atrás el silicio actual.
Un trimestre de récord como telón de fondo
Los cimientos financieros de esta ofensiva son extraordinariamente sólidos. En el segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027, cerrado el 26 de julio de 2026, la empresa facturó 96.200 millones de dólares, un 106% más que en el mismo periodo del año anterior. Con semejante volumen de negocio creciendo a ese ritmo, las operaciones personales de la cúpula directiva pasan casi desapercibidas. La directora financiera, Colette Kress, vendió acciones ordinarias por unos 7,6 millones de dólares al amparo de un plan de negociación aprobado el 16 de junio de 2026 conforme a la regla 10b5-1, un procedimiento de rutina que no debería interpretarse como una señal de desconfianza.
Wall Street, por su parte, mantiene el optimismo. En la jornada del martes, el título cotizaba a 199,78 euros con un avance del 0,7%, a apenas un 1,3% de su máximo de 52 semanas situado en 202,50 euros. Según informaciones de prensa, Piper Sandler inició el 10 de septiembre la cobertura con una recomendación de sobreponderar y un precio objetivo de 300 dólares.
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La pregunta que de verdad importa: ¿aguantan los márgenes?
Más allá del ruido de las adquisiciones, el factor que decidirá el rumbo de la cotización es la defensa de la rentabilidad. En el segundo trimestre del ejercicio 2027, la compañía logró un margen bruto del 75%. Sin embargo, para el cuarto trimestre se perfila una caída hasta el 71%-72%. Los costes de memoria al alza y unas obligaciones de entrega crecientes presionan el perfil, mientras grandes clientes como Alphabet y Meta redoblan su apuesta por chips propios. Si Nvidia se viera forzada a ofrecer descuentos en futuras generaciones de sistemas, el crecimiento de los beneficios perdería fuelle de forma apreciable.
En el escenario opuesto, la expansión de los centros de datos continuaría sin freno. Los grandes proveedores de nube acumulan una cartera de pedidos superior a los dos billones de dólares, lo que abre un potencial de ingresos enorme para las próximas generaciones de chips. Con los futuros sistemas de la serie Vera Rubin, la empresa aspira a ingresar hasta 40.000 millones de dólares por cada gigavatio de capacidad de centro de datos.
Stacy Rasgon, analista de Bernstein, mantiene una calificación de Outperform sobre el valor. A su juicio, la brecha entre el rendimiento operativo y el nivel de valoración carece de justificación, porque la demanda de capacidad de cómputo supera la oferta hasta bien entrado el próximo ejercicio fiscal. Si los cuellos de botella en el suministro se van resolviendo de forma gradual, deberían producirse revisiones al alza notables en las estimaciones de beneficios.
Washington, la dependencia de clientes y el calendario de otoño
En el debe de la historia figuran riesgos tangibles. Según un reportaje de la agencia Bloomberg, el Departamento de Justicia de Estados Unidos examina un acuerdo entre Nvidia y la startup Groq por una posible elusión de la normativa antitrust. A ello se suman las restricciones estadounidenses a la exportación, que mantienen en el aire el negocio en China. La dependencia de unos pocos compradores es otro punto débil: un solo cliente llegó a aportar hasta el 16% de los ingresos del grupo, y la estrecha interconexión financiera con esas contrapartes invita a la prudencia. Mientras tanto, las cuentas pendientes de cobro frente a clientes pasaron de 45 a 60 días.
Se dibujan así dos trayectorias claras. Si el título mantiene el nivel de sus máximos recientes y el margen bruto se sostiene por encima del 71%, la demanda estructural de los hiperescaladores respaldará una revalorización al alza. Si la rentabilidad cae por debajo de ese umbral o las autoridades de Washington imponen restricciones relevantes, el descuento de valoración podría consolidarse como algo permanente. Las primeras pistas sobre la dinámica de la cadena de suministro llegarán con los resultados del fabricante de memoria Micron el 30 de septiembre. La confirmación decisiva de los objetivos de crecimiento de la propia Nvidia tendrá que esperar al 17 de noviembre, cuando presente las cuentas de su tercer trimestre fiscal.
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