La apertura de canales diplomáticos de alto nivel ha bastado para que el apetito por activos refugio se enfríe. Este lunes, los operadores dejaron en segundo plano las preocupaciones geopolíticas tras la señal de Trump sobre su disposición a reunirse con el presidente iraní, Masoud Peseschkian, al margen del debate general de la ONU. A ello se suma la cita prevista para el jueves entre Trump y Xi, un cóctel que, junto con el abaratamiento del crudo y las subidas en las bolsas, ha reducido la prima de riesgo que los inversores exigen al metal amarillo.

El reflejo en el mercado fue inmediato: el oro retrocedió un 1,0% el lunes y cerró en 4.340,72 USD por onza troy, lo que deja la cotización un 22% por debajo de su máximo de 52 semanas. La reacción evidencia la sensibilidad del lingote ante cualquier síntoma de deshielo: cuando se disipan los temores a una escalada, los activos tangibles sin rendimiento pierden atractivo con rapidez y el capital migra hacia clases de inversión que sí generan intereses.
Los fondos cotizados sueltan lastre
A ese cambio de humor se ha sumado el repliegue de los inversores institucionales en los productos cotizados. El SPDR Gold Trust, el mayor ETF de oro del planeta, ha recortado sus tenencias, un movimiento que añade presión vendedora en el mercado al contado. Cuando los grandes fondos reducen sus posiciones físicas, desaparece uno de los principales soportes de la demanda que sostuvo las cotizaciones en meses anteriores, lo que enfría las expectativas de una recuperación rápida del precio.
El mapa importador cambia de protagonista
También se aprecian giros en los flujos comerciales internacionales. Según Standard Chartered, el oro pierde peso relativo en plazas clave: los economistas Sahay y Anand constatan que en India las importaciones de bienes vinculados a la inteligencia artificial generan ya un déficit mayor que el metal precioso. Tras el petróleo, la entrada de semiconductores y hardware para servidores constituye allí el segundo gran factor de desequilibrio comercial, de modo que la demanda física tradicional queda relegada frente a las compras tecnológicas. Ese telón de fondo, unido a las señales diplomáticas, frena por ahora el impulso alcista del metal.
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La banca de inversión no baja el listón
Pese al bache, las grandes casas de análisis redoblan su apuesta de cara al cierre del ejercicio. Société Générale reafirma su sobreponderación en oro para el cuarto trimestre de 2026 y anticipa precios sensiblemente superiores, apoyándose en una reconfiguración de las carteras clásicas en favor de los activos reales. En su estrategia multiactivo, la entidad francesa aconseja una cuota del 10% en oro y apuesta por un modelo compuesto por un 60% de renta variable y un 20% tanto de bonos como de materias primas, con el que pretende enterrar los esquemas tradicionales de asignación. La deuda soberana queda reducida al 12%, mientras la exposición a bolsa sube ligeramente hasta el 58%.
Detrás de ese posicionamiento hay previsiones ambiciosas. Para el cuarto trimestre de 2026, el banco galo estima un precio medio de 4.750 USD por onza. De cara al segundo trimestre de 2027, el metal alcanzaría los 5.000 USD, para escalar después hasta los 5.250 USD en el tercer trimestre de 2027. La fragmentación geopolítica y la inquietud por la sostenibilidad de las cuentas públicas figuran entre los motores de ese recorrido, junto con la creciente apuesta del mercado por una depreciación silenciosa de las divisas mientras los bancos centrales se quedan estructuralmente rezagados respecto a la inflación.
Un suelo firme bajo el ruido de los tipos
Otros institutos comparten la tesis de una tendencia alcista duradera. Standard Chartered calcula un precio medio cercano a los 4.650 USD por onza para el último trimestre de 2026. Su experta en materias primas, Suki Cooper, subraya que el alejamiento del dólar y el miedo a perder poder adquisitivo otorgan al mercado una base sólida.
La cotización se sitúa hoy en 4.353,07 USD por onza troy, con un descenso diario del 0,7%. El máximo de 52 semanas, en 5.598,58 USD, sigue quedando lejos, un margen que los observadores más optimistas interpretan como recorrido pendiente al alza. Aunque las dudas sobre los tipos lastran el ánimo de los operadores, el metal muestra una resistencia notable en términos históricos: desde la reunión de la Fed del miércoles pasado acumula un avance del 2,3%, y en los mercados de materias primas gana terreno la idea de que los riesgos fiscales de largo plazo pesan más que cualquier movimiento puntual de los tipos.
A ese cóctel macroeconómico se añaden tensiones geopolíticas sin resolver que mantienen viva la prima de riesgo. Los conflictos en Oriente Medio y sus implicaciones para el suministro energético global siguen alimentando el temor a la inflación tanto entre inversores institucionales como particulares. Para muchos, el oro continúa siendo, ante todo, una cobertura frente a posibles desórdenes del sistema financiero. Si el deterioro de las cuentas públicas se agrava y crecen las dudas sobre la estabilidad monetaria futura, los niveles que pronostican las casas de análisis irán acercándose paso a paso.
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