El precio del oro sufrió el viernes un correctivo del 3,6% en una jornada en la que confluyeron varios frentes de presión. El encarecimiento del petróleo reavivó las alarmas inflacionistas y, con ellas, la expectativa de que la Reserva Federal mantenga los tipos altos durante más tiempo. A ese telón de fondo macroeconómico se sumó un factor menos habitual: el desplome de los valores tecnológicos, que pudo empujar a algunos inversores a liquidar posiciones en el metal precioso para cubrir pérdidas o atender requerimientos de margen. La onza se despidió en 3.875,35 dólares.

La explicación del brusco descenso no es unívoca. Los analistas de Commerzbank, citados por Reuters, apuntaron a posibles ventas forzadas y exigencias de garantías adicionales como consecuencia del castigo bursátil. El detonante de ese repliegue en renta variable fueron las dudas sobre la rentabilidad de las cuantiosas inversiones en inteligencia artificial. Conviene subrayar que se trata de una hipótesis plausible, no de una descomposición confirmada de las ventas. Lo que sí parece claro es que el metal no actuó como refugio en un episodio de incertidumbre: cuando la prioridad es obtener liquidez, la condición de activo protector no inmuniza frente a caídas puntuales.
El euro también aprieta
El foco no estuvo únicamente en Estados Unidos. dpa-AFX vinculó el retroceso con los datos de inflación publicados en la eurozona, que alimentaron las especulaciones sobre subidas de tipos. El oro, que no genera rendimientos, tiende a perder atractivo cuando el mercado descuenta un endurecimiento monetario sostenido. De este modo, la presión no procedió de un solo flanco: la evolución de los precios energéticos, las cifras europeas y el desmoronamiento de la tecnología confluyeron en la misma dirección.
El contraste con las previsiones de más largo plazo resulta llamativo. Una encuesta de Reuters rebajó la estimación del precio medio para el conjunto del año en curso, pero elevó la del ejercicio siguiente. Los motivos esgrimidos para el recorte del horizonte más cercano fueron los elevados rendimientos de la deuda soberana estadounidense, la fortaleza del dólar y la perspectiva de tipos altos prolongados. Ninguno de esos factores invalida una visión más constructiva a doce meses vista. Eso sí, ambas referencias son medias anuales, no objetivos de precio a corto plazo ni promesas de rebote inmediato.
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Pekín compra, pero el mercado minorista chino flaquea
Frente al vendaval vendedor, la demanda física sigue ejerciendo de contrapeso, aunque con matices que impiden hablar de un soporte homogéneo. El World Gold Council informó el 15 de octubre de que el banco central chino adquirió 23 toneladas de oro en septiembre, el mayor incremento mensual desde octubre de 2023. Sin embargo, la demanda mayorista del gigante asiático en el tercer trimestre se contrajo un 21% interanual. Las compras oficiales y el consumo privado y comercial no avanzan, por tanto, al mismo ritmo, de modo que la acumulación de reservas por parte de las autoridades monetarias no basta para radiografiar la capacidad real de absorción del mercado.
En India la fotografía es distinta. El mismo organismo reportó el 20 de octubre un mayor flujo hacia los fondos cotizados de oro, que en septiembre alcanzaron su nivel más alto en siete meses y mantuvieron el signo positivo hasta mediados de octubre. Este impulso inversor convivió con el correctivo del viernes, dominado por la coyuntura de tipos y por las tensiones de liquidez en otros mercados.
Dos citas en el calendario
La mirada del mercado se dirige ya a las próximas referencias macroeconómicas estadounidenses, que determinarán si se consolida la hipótesis de una política monetaria restrictiva durante más tiempo. El informe de empleo de octubre verá la luz el 6 de noviembre, mientras que el dato de inflación del mismo mes se publicará el 10 de noviembre. Ambas citas servirán para calibrar la solidez de las expectativas de tipos y, por extensión, el margen de maniobra del oro.
La lección del viernes es que el metal precioso no cotiza en el vacío. Los riesgos inflacionistas derivados del crudo y las eventuales tensiones de financiación en el parqué pueden golpear el precio al mismo tiempo. Las compras de los bancos centrales, con Pekín a la cabeza, constituyen un contrapeso relevante, pero no una red de seguridad infalible ante episodios de venta forzada.
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