La corrección que ha sacudido al oro durante septiembre no ha logrado erosionar el optimismo de las grandes casas de análisis. Mientras el metal precioso cierra la semana en 4.288,69 dólares por onza —con un leve avance diario del 0,5%—, las proyecciones institucionales siguen dibujando un horizonte de revalorización que podría llevar la cotización hasta el rango de 4.600 a 5.000 dólares en el primer semestre de 2027. Así lo contempla ICICI Bank, que para lo que resta de 2026 anticipa una banda de negociación de entre 4.200 y 4.600 dólares por onza fina.

El argumento del banco indio se apoya en dos palancas macroeconómicas: la paulatina reducción de los tipos de interés reales en Estados Unidos y un eventual debilitamiento del dólar, combinación que históricamente ha impulsado al alza al oro. El metal, sin embargo, llega a este escenario con heridas visibles: acumula un descenso cercano al 8% en lo que va de mes y se sitúa un 23% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 5.598,58 dólares que marcó a finales de enero.
La rentabilidad de los bonos marca el ritmo
El detonante de la última fase bajista hay que buscarlo en el mercado de deuda estadounidense. El rendimiento del bono del Tesoro a diez años escaló durante la semana por encima del 5,2%, con picos de hasta el 5,23%, un nivel que no se veía en varios años. La referencia real a diez años también se tensó: el 23 de septiembre alcanzó el 2,76%, lo que supone un repunte de 33 puntos básicos desde el 8 de septiembre.
Ese encarecimiento del dinero tiene una lectura directa para el oro: eleva el coste de oportunidad de mantener un activo que no genera intereses y, de paso, refuerza al billete verde. No es de extrañar, por tanto, que los operadores esperen con nerviosismo las próximas citas macroeconómicas, conscientes de que la volatilidad repuntará en torno a ellas.
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El PCE y el empleo, dos citas en el calendario
La primera parada llega el miércoles 30 de septiembre, cuando la oficina de análisis económico estadounidense publique el índice de precios de gasto en consumo personal (PCE) correspondiente a agosto. La cita incorpora además una novedad metodológica: ese mismo día entra en vigor una revisión de la fórmula de cálculo del indicador. Se trata del medidor de inflación predilecto de la Reserva Federal, por lo que sus cifras condicionarán las expectativas sobre los próximos movimientos del organismo.
El viernes siguiente será el turno de los datos oficiales de empleo de septiembre en Estados Unidos, otro termómetro clave para calibrar la senda de la política monetaria. Entre ambos informes, el mercado dispondrá de material suficiente para decidir si la presión sobre los tipos se intensifica o si, por el contrario, se abre un respiro para los metales preciosos.
Los bancos centrales sostienen el suelo del mercado
Frente al ruido de corto plazo, la demanda institucional sigue ejerciendo de ancla. Las compras de oro por parte de los bancos centrales alcanzaron un récord de 288,9 toneladas en el segundo trimestre de 2026, según los datos del World Gold Council. Polonia lideró las adquisiciones con 51 toneladas, seguida de China, que incrementó sus reservas en 33 toneladas. La tendencia a diversificar las divisas de reserva no muestra signos de agotamiento.
A esa base se suman los flujos de inversión. Los fondos de oro registraron entradas globales de 17.800 millones de dólares durante el mes de agosto, mientras que los ETF respaldados por el metal acumularon compras por 144,7 toneladas en el conjunto del tercer trimestre. En paralelo, el banco central chino adquirió cerca de 20 toneladas en agosto, elevando sus reservas totales hasta las 2.386 toneladas.
Goldman Sachs, por su parte, señala que en torno a los 4.000 dólares por onza podría consolidarse un soporte relevante por parte de inversores institucionales y estatales. No se trata de un suelo garantizado, matiza la entidad, pero sí de una referencia que ofrecería cierta estabilidad en caso de recaídas más profundas. Con los rendimientos de la deuda aún en niveles elevados, el mercado carece por ahora de argumentos para un rebote inmediato, y serán precisamente las señales sobre la inflación estadounidense las que marquen el rumbo de cara al tramo final del año.
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