El oro afianza su trinchera: los bancos centrales sostienen el precio mientras la Fed se vuelve más predecible
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El oro afianza su trinchera: los bancos centrales sostienen el precio mientras la Fed se vuelve más predecible

El oro cotiza este viernes en torno a los 4.435 dólares la onza, con un avance cercano al 0,6% respecto al cierre anterior. El metal precioso ha encontrado en la confluencia de dos fuerzas —la demanda estructural de los bancos centrales y el repliegue de las expectativas de subida de tipos en Estados Unidos— un soporte que le permite digerir las tomas de beneficios sin perder comba.

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Índice de Contenidos
  1. Pekín no afloja el ritmo comprador
  2. La Fed cambia el guion
  3. Un liderazgo que añade incertidumbre
  4. Geopolítica al fondo
  5. Lectura de mercado

Pekín no afloja el ritmo comprador

China añadió en julio unas 20 toneladas de oro a sus reservas, encadenando así su vigésimo primer mes consecutivo de compras. No es un caso aislado: a nivel global, los bancos centrales adquirieron aproximadamente 289 toneladas durante el segundo trimestre. Esta demanda institucional, de carácter estructural, se ha convertido en uno de los pilares que explican el elevado nivel de precios actual.

El apetito asiático no se limita a las autoridades monetarias. Los flujos procedentes de China y de otros países de la región siguen mostrando una robustez que los analistas destacan como factor de apoyo adicional.

La Fed cambia el guion

El verdadero motor del último tramo alcista, sin embargo, hay que buscarlo en la política monetaria estadounidense. El mercado ha dado un giro notable en sus expectativas: según la herramienta FedWatch de CME Group, solo un 30,6% de los inversores contempla ahora una subida de tipos en septiembre, frente al 50% que lo hacía hace un mes. Hace apenas cuatro semanas, un 8% adicional llegaba a descontar un incremento de 50 puntos básicos. La mayoría —un 69,4%— apuesta por que la Fed mantendrá los tipos sin cambios.

El detonante de este cambio de percepción hay que buscarlo en los datos de inflación. El IPC estadounidense subió en julio un 0,1% mensual y un 3,4% interanual —el segundo mes consecutivo de moderación—, mientras que la tasa subyacente se situó en el 2,5%, exactamente en línea con lo esperado. Los precios de producción también sorprendieron a la baja, favorecidos por el abaratamiento de la energía y los alimentos.

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Para un activo que no devenga intereses como el oro, la lógica es directa: cuanto menor es la probabilidad de que los tipos suban, más se reducen los costes de oportunidad de mantener posiciones en el metal. La cautela, no obstante, invita a matizar el optimismo: menos presión alcista sobre los tipos no equivale a recortes inminentes. La Fed mantiene su rango oficial entre el 3,50% y el 3,75%, y solo unos datos de empleo decepcionantes pusieron en duda recientemente la senda restrictiva.

Un liderazgo que añade incertidumbre

La ecuación se complica con la llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Fed. Su estilo de comunicación, más cauto y ambiguo que el de sus predecesores, ya provocó pérdidas en la renta variable durante su primera reunión al frente del banco central. Esa falta de claridad está empujando capital desde las acciones hacia refugios como el oro, aunque también introduce un factor de volatilidad que los estrategas no descartan que persista. La cita de Jackson Hole servirá para calibrar si su mensaje impulsa o frena la racha alcista del metal.

Geopolítica al fondo

El tablero internacional sigue siendo otro de los ejes que sostienen la cotización. Las tensiones en Oriente Próximo permanecen latentes: el petróleo camina hacia su tercera subida semanal consecutiva mientras los operadores vigilan los esfuerzos de Washington y Teherán por reabrir el estrecho de Ormuz. Una escalada imprevista podría reavivar la presión inflacionista y, con ella, cambiar de nuevo las reglas del juego para los tipos de interés.

Lectura de mercado

A pesar del último respiro, el balance de medio plazo sigue siendo contundente. En los últimos treinta días, el oro acumula una revalorización del 9,0%, y en términos interanuales el avance alcanza el 33%. Eso sí, el metal permanece todavía un 21% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 5.586,20 dólares alcanzados a finales de enero.

Los analistas interpretan la consolidación actual como una pausa técnica tras una escalada que, de hecho, dejó la mejor semana de los últimos meses —la más sólida desde enero— y un comportamiento especialmente brillante en las mineras del sector, que firmaron su mejor racha desde 2008.

La resistencia del oro dependerá de dos variables en las próximas semanas: que la inflación continúe su senda de moderación y que la Fed, bajo su nueva dirección, logre transmitir un mensaje que no tambalee las expectativas del mercado. Los datos de ventas minoristas y los próximos indicadores de precios en EE.UU. ofrecerán pistas sobre la solidez de este equilibrio.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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