El gigante petrolero estadounidense se prepara para presentar sus cuentas del primer trimestre el próximo 1 de mayo, y lo hace con una estrategia poco habitual: poner las cartas sobre la mesa antes de tiempo. La compañía ha alertado a los mercados de que los resultados estarán muy por debajo de lo esperado, aunque los analistas ya miran más allá de este bache contable.

Pérdidas contables que no reflejan la realidad operativa
El principal lastre del trimestre son los efectos de calendario derivados de la valoración de derivados y la contabilización de inventarios según el método LIFO. Estas partidas restarán entre 2.700 y 3.700 millones de dólares al resultado, concentrados casi en su totalidad en el segmento de downstream. El mecanismo es conocido: el fuerte repunte de los precios de las materias primas durante los tres primeros meses del año ha generado pérdidas contables en los contratos de cobertura, antes de que se registren los ingresos por las ventas físicas correspondientes. Un simple desfase temporal que se revertirá en los próximos trimestres.
A esto se suma una salida de efectivo del capital circulante estimada entre 2.000 y 4.000 millones de dólares, de carácter estacional y agravada por el mayor nivel de precios. Además, la compañía ha dotado una provisión de entre 350 y 400 millones de dólares para litigios relacionados con negocios ya descontinuados.
Las estimaciones de beneficio por acción han caído con fuerza en las últimas semanas, pasando de 1,69 a 1,09 dólares. Un analista incluso rebaja la previsión hasta los 0,96 dólares, muy lejos del consenso anterior de 2,04 dólares. La propia compañía ya presentó cifras preliminares ante la SEC en abril, advirtiendo de estas distorsiones.
El upstream aguanta el tipo y el mercado reacciona
Pese al ruido contable, el negocio principal de Chevron muestra una salud envidiable. La producción se sitúa entre 3,8 y 3,9 millones de barriles equivalentes de petróleo al día, un descenso de aproximadamente el 5% respecto al trimestre récord del cuarto trimestre de 2025, debido a las labores de mantenimiento en el proyecto Tengizchevroil y a una menor actividad en partes de Oriente Medio. Sin embargo, la subida de los precios compensa con creces esa caída: los ingresos del upstream aumentarán entre 1.600 y 2.200 millones de dólares respecto al trimestre anterior.
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Este contraste entre la debilidad contable a corto plazo y la solidez operativa explica las divergencias en Wall Street. Mizuho ha elevado su precio objetivo hasta los 225 dólares, destacando el fuerte crecimiento del flujo de caja libre previsto para el resto del año. UBS mantiene su objetivo en 212 dólares, apoyándose en los cuellos de botella de la oferta en el mercado global de gas natural licuado. Melius Research, por su parte, sitúa su objetivo en 205 dólares, citando el aumento del gasto en exploración y la adquisición de nuevos terrenos. Barclays y Bernstein también han mejorado sus valoraciones, situándolas en torno a los 200 dólares.
El segundo semestre como gran catalizador
Lo más llamativo es el salto en las previsiones para los próximos meses. Las estimaciones de beneficio para el segundo trimestre se han duplicado hasta los 4,40 dólares por acción, mientras que las del conjunto del año han escalado un 70%, hasta los 12,50 dólares. Este optimismo se apoya en la reversión de los efectos contables, la recuperación de la producción en Tengizchevroil y un programa de austeridad que ya está dando resultados.
Chevron se ha fijado el objetivo de reducir sus costes estructurales en hasta 4.000 millones de dólares para finales de 2026. De esa meta, ya ha conseguido materializar 1.500 millones, la mayoría procedentes de ganancias de eficiencia permanentes. Un plan que cuenta con el respaldo de pesos pesados como Berkshire Hathaway, que mantiene una participación valorada en casi 20.000 millones de dólares, y de numerosos hedge funds que siguen apostando por el gigante energético.
La paciencia como estrategia
La comunicación detallada previa a la publicación de resultados no es casual. El equipo directivo ha querido fijar unas expectativas muy bajas para que, durante la conferencia con analistas del 1 de mayo, pueda centrar la atención en la fortaleza operativa del upstream y en las perspectivas de recuperación, sin que las pérdidas contables acaparen los titulares.
Para los inversores de renta, Chevron sigue siendo un valor refugio. La compañía ha aumentado su dividendo durante 39 años consecutivos, hasta los 1,78 dólares por acción trimestrales. La cotización actual, en torno a los 160 euros, se sitúa un 13% por debajo del máximo de 52 semanas alcanzado en marzo. El RSI de 41 indica que el valor no está sobrecomprado, aunque desde enero ya acumula una revalorización cercana al 20%. En las últimas sesiones, la presión bajista del petróleo ha provocado ligeros retrocesos.
El 1 de mayo, con los números sobre la mesa, los inversores tendrán la oportunidad de calibrar si este trimestre de transición es solo un espejismo contable o el preludio de una recuperación más sólida de lo que anticipan los balances.
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