Almonty Industries ha completado una de las mayores colocaciones de capital de su historia —772,7 millones de dólares netos mediante obligaciones convertibles— justo cuando su mina de wolframio Sangdong, en Corea del Sur, inicia la producción comercial. Pero la compañía no se detiene ahí: ha confirmado que su proyecto de molibdeno en la misma región alberga reservas para más de sesenta años de extracción, un hallazgo que refuerza su papel como proveedor alternativo a China en minerales críticos para defensa, aeroespacial y semiconductores.

El wolframio se cotiza actualmente en torno a los 3.040 dólares por MTU, un 200% más que en mayo de 2025, impulsado por los controles chinos a la exportación y la creciente demanda militar. A partir del 1 de enero de 2027, el wolframio de origen chino no podrá emplearse en aplicaciones militares estadounidenses, lo que abre una ventana estratégica para Almonty. La compañía prevé que la fase 2 de Sangdong, con capacidad para procesar 1,2 millones de toneladas anuales, esté operativa en 2027, elevando la producción anual a más de 460.000 MTUs —aproximadamente el 40% de la demanda no china.
En paralelo, Almonty Korea Tungsten Corp. comunicó el 22 de junio que el proyecto de molibdeno Sangdong cuenta con reservas que garantizan más de seis décadas de actividad. La perforación, completada en un 37% en 26 emplazamientos, ha arrojado leyes que coinciden con los datos históricos. El consejero delegado, Lewis Black, calificó los resultados como “muy alentadores”. Corea del Sur importa más del 90% de su molibdeno de China, y Almonty ya tiene un acuerdo de suministro con SeAH M&S, por lo que el paso a producción sería inmediato una vez confirmados los recursos.
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El primer trimestre de 2026 arrojó unos ingresos de 25,4 millones de dólares, un 221% más que el año anterior, y un EBITDA ajustado de 6,1 millones. Los analistas proyectan un crecimiento anual de los ingresos del 40% y esperan que la empresa alcance el punto de equilibrio en tres años. La acción refleja este impulso: acumula una subida del 118% en lo que va de año y del 440% en los últimos doce meses. Cotiza a 26,28 dólares canadienses, todavía un 21% por debajo de su máximo de 52 semanas de 33,35 CAD. El RSI de 51,6 sugiere que el título no está ni sobrecomprado ni sobrevendido. La empresa, que en marzo puso en marcha la primera producción de wolframio en Sangdong en más de tres décadas y trasladó su sede a Dillon (Montana), se posiciona como un actor clave en el suministro occidental de metales críticos.
La financiación se materializó en junio mediante una emisión de obligaciones convertibles por 700 millones de dólares, con la opción de sobreasignación totalmente ejercida. Los bonos pueden convertirse en acciones a un precio inicial de conversión de aproximadamente 27,40 dólares (USD), muy cercano al precio de mercado actual en CAD. Si todos los tenedores optaran por la conversión, se produciría una dilución significativa del capital. A esto se suman los riesgos inherentes a cualquier proyecto minero: retrasos regulatorios, sobrecostes o contratiempos operativos que podrían afectar a la hoja de ruta de Sangdong fase 2.
El 29 de junio la acción ingresará en los índices Russell 1000 y Russell 3000, lo que previsiblemente atraerá compras institucionales. Sin embargo, la tesis alcista depende de dos variables: la rampa de producción de Sangdong y la sostenibilidad del precio del wolframio. Una corrección por debajo de los 2.500 dólares por MTU pondría en entredicho la rentabilidad de la expansión. Asimismo, si China relajara sus restricciones exportadoras o nuevos productores occidentales entraran en el mercado, la ventaja competitiva de Almonty se diluiría.
Por ahora, la compañía avanza en ambos frentes. Los próximos hitos verificables serán los resultados trimestrales que actualicen el progreso de Sangdong fase 2 y los primeros ensayos completos del programa de molibdeno. Con una caja reforzada, producción comercial en marcha y reservas de molibdeno para sesenta años, Almonty se sitúa en una encrucijada donde el potencial alcista choca con los riesgos de dilución y ejecución. El mercado vigila de cerca si la compañía es capaz de transformar el capital fresco en producción real antes de que la ventana de precios se cierre.
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