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SpaceX reorganiza su cúpula de IA mientras el Starship 14 aguarda el visto bueno regulatorio

La compañía de Elon Musk mueve ficha en dos frentes simultáneos que definirán su valoración a medio plazo. Por un lado, el negocio de centros de datos para inteligencia artificial —cada vez más relevante en la ecuación bursátil— recibe un lavado de cara ejecutivo tras los problemas de fiabilidad registrados en sus instalaciones de Tennessee y Mississippi. Por otro, el programa Starship acelera su carrera regulatoria con la vista puesta en un vuelo orbital que podría despegar en cuestión de semanas.

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Índice de Contenidos
  1. Ingenieros de cohetes al rescate de los servidores
  2. La apuesta de Oppenheimer
  3. El espacio no se detiene
  4. El Starship 14 y su particular carrera de obstáculos
  5. El mercado, a la espera

Ingenieros de cohetes al rescate de los servidores

La división de infraestructura de IA ha sido tradicionalmente el patito feo de la casa, pero ya no. SpaceX ha decidido trasladar a dos pesos pesados del negocio espacial para enderezar el rumbo: Wesley Salandro, que ocupaba la vicepresidencia de producción de los cohetes Falcon y las cápsulas Dragon, y Logan McConnell, responsable de las operaciones de lanzamiento en Starbase, asumen ahora funciones de liderazgo en el área de inteligencia artificial.

El movimiento no es baladí. Detrás está la preocupación de los ingenieros por la fiabilidad de unos centros que sostienen cargas de trabajo críticas para clientes externos. Y las bajas tampoco ayudan: Jake Palmer, Zach Wells y Pablo Mendoza han abandonado la nave, mientras que Brent Mayo ha fichado por OpenAI y Liz Balke por Anthropic. La fuga de talento hacia competidores directos del ecosistema de IA evidencia hasta qué punto la guerra por los perfiles técnicos se ha recrudecido.

La apuesta de Oppenheimer

Pese a las turbulencias internas, Wall Street mantiene la fe en la estrategia. Tim Horan, analista de Oppenheimer, elevó el pasado 2 de septiembre su precio objetivo desde los 250 hasta los 280 dólares, reafirmando la recomendación de "outperform". Su tesis descansa sobre la ventaja competitiva de SpaceX a la hora de desplegar infraestructura y capacidad de cómputo en un mercado donde la oferta no da abasto. Horan también citó como catalizadores el desarrollo del modelo Grok y la reciente adquisición de Cursor.

La pregunta que queda en el aire es si los roces operativos en los centros de datos pueden hacer mella en una narrativa de crecimiento que, por ahora, se mantiene intacta. La incorporación de perfiles curtidos en el negocio de cohetes sugiere, cuando menos, que la dirección no está dispuesta a dejar este segmento en manos de la improvisación.

El espacio no se detiene

Mientras tanto, la maquinaria orbital sigue escupiendo fuego. El miércoles, una Falcon 9 despegó desde la base de Vandenberg con 27 satélites Starlink V2-Mini a bordo, en lo que constituyó el 104.º lanzamiento orbital del año y la 79.ª misión Starlink de 2026. Apenas 24 horas antes, otra Falcon 9 había repetido la misma receta con idéntica carga útil. Y para el próximo domingo ya hay ventana prevista para un nuevo vuelo desde la costa californiana.

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Esa cadencia frenética contrasta con el contratiempo de la Crew-13. La misión tripulada rumbo a la Estación Espacial Internacional, fijada para el 12 de septiembre, ha sido aplazada por una fuga de oxidante en el sistema de propulsión de la cápsula Dragon. Los ingenieros investigan el origen del fallo sin que por el momento exista una nueva fecha en el calendario. La tripulación prevista —Jessica Watkins y Luke Delaney, de la NASA, junto al canadiense Joshua Kutryk y el ruso Sergey Teteryatnikov— tendrá que esperar.

El contratiempo, no obstante, parece un episodio aislado. La propia cadencia de lanzamientos Starlink demuestra que la infraestructura general de despegue no se ha visto afectada. Y por si faltaran pruebas de la pujanza del negocio espacial, el 30 de agosto una Falcon Heavy colocó en órbita el telescopio Nancy Grace Roman de la NASA, un artefacto cuyo coste se cuenta en miles de millones.

El Starship 14 y su particular carrera de obstáculos

El gigante de acero inoxidable también mueve sus piezas. SpaceX ha presentado ante la FCC una solicitud de autorización especial de 60 días para el vuelo 14 del Starship, que contempla una etapa superior orbital con salida desde Starbase, en Texas, y una ventana de operaciones que se extendería hasta el 15 de marzo de 2027. El mismo expediente incluye una petición para operar Starlink de nueva generación en la banda de frecuencia de 42,0 a 42,5 GHz para enlaces de retorno en satélites Gen2 autorizados, con un inicio previsto a partir del 15 de septiembre.

En paralelo, la FAA publicó el jueves la evaluación ambiental final y el registro de decisión para las operaciones de reentrada del Starship en el Pacífico, así como para una trayectoria de aterrizaje adicional. Ese visto bueno allana el terreno para el decimocuarto vuelo de prueba del sistema —el tercero de la versión V3—, cuyo lanzamiento se baraja para principios de septiembre desde Starbase, justo antes de que la ventana de la FCC empiece a contar.

La ofensiva regulatoria no termina ahí. SpaceX también ha presentado una petición ante la FCC para bloquear o, cuando menos, condicionar los planes de expansión satelital de Viasat, escalando así una disputa que lleva tiempo cocinándose en el mercado de las comunicaciones por satélite.

El mercado, a la espera

En el parqué, la acción cerró el viernes en 127,36 euros, un 1,1% a la baja en la jornada. Pero la foto semanal arroja un avance del 4,2%, y la mensual, un espectacular 36% al alza. Eso sí, el papel sigue muy lejos del máximo de 52 semanas —194,46 euros, alcanzados en junio— y la volatilidad anualizada del 86% recuerda que esto no es un paseo por el parque.

Los inversores parecen haber digerido el retraso de la Crew-13 como un simple rasguño. El torrente de lanzamientos Starlink y los avances regulatorios del Starship pesan más en la balanza que un contratiempo técnico aislado. Pero con una volatilidad de esta magnitud, cualquier giro inesperado puede reescribir la narrativa en cuestión de sesiones.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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