La cotización de Nvidia respira tranquila tras la publicación de sus resultados trimestrales el pasado jueves. El valor avanza un 1,1% desde entonces y se mueve en las inmediaciones de su máximo de 52 semanas, fijado en 202,50 euros. Con el papel en 198,56 euros, la distancia respecto a ese techo es de apenas un 1,9%, mientras que el exceso sobre la media móvil de 200 sesiones alcanza el 17%. Sin embargo, la atención de los inversores ya no se centra en las cuentas, sino en un movimiento corporativo que puede redefinir el perímetro del negocio.

Bloomberg adelantó a principios de septiembre que el fabricante de semiconductores mantiene conversaciones avanzadas para adquirir Hugging Face, la plataforma de referencia para el intercambio y entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. La operación estaría valorada en unos 14.000 millones de dólares, incluyendo un fondo de retención para empleados de aproximadamente 1.000 millones. Otras informaciones posteriores precisan la cifra en 12.930 millones de dólares, lo que equivale a unas 86 veces los ingresos anuales de la compañía objetivo, que rondan los 150 millones de dólares. Ningún contrato definitivo se ha firmado todavía.
El dilema estratégico de la neutralidad
La pregunta que domina el debate entre analistas es si Nvidia puede trasladar su dominio en el negocio de los chips a una plataforma abierta de desarrolladores sin erosionar la confianza de una comunidad que valora, por encima de todo, la independencia. Hugging Face funciona como un punto de encuentro neutral donde programadores de todo el ecosistema tecnológico comparten y despliegan modelos con independencia del hardware subyacente. Su base supera los 18 millones de desarrolladores y las 200.000 empresas.
Que el mayor fabricante de chips del mundo tome el control de ese espacio plantea un interrogante legítimo: ¿podrá mantener la plataforma su carácter abierto bajo un propietario con intereses tan marcados en la venta de hardware? Si la integración se ejecuta sin estrangulamientos, Nvidia reforzaría su posición en toda la cadena de valor de la inteligencia artificial. Si, por el contrario, la comunidad reacciona con rechazo o los reguladores ponen trabas, el desembolso quedaría sin el efecto red que justifica semejante prima.
Una compra defensiva más que ofensiva
Algunos estrategas interpretan la operación menos como una apuesta de crecimiento que como un seguro ante la creciente competencia. El analista Richard Windsor la describe como una especie de "póliza de salud" frente al avance de los chips personalizados que desarrollan Google y Anthropic. Asegurarse el control de la capa de distribución de modelos permitiría a Nvidia blindar su ecosistema frente a alternativas que erosionan su cuota en el cómputo de IA.
El movimiento encaja además en una estrategia más amplia de capital que ha transformado el balance de la compañía. La cartera de inversiones de Nvidia ha pasado de 7.000 millones de dólares hace un año a 99.000 millones en la actualidad, con participaciones en OpenAI, CoreWeave, Nebius, Intel y SpaceX. El grupo no solo vende chips: financia a sus propios clientes y teje una red de dependencias recíprocas que abarca toda la industria.
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Un balance que sostiene el optimismo
El fundamento operativo que respalda un posible acuerdo resulta sólido. En el segundo trimestre, Nvidia ingresó 96.200 millones de dólares, con un avance del 106% interanual. El negocio de centros de datos creció un 117%, hasta los 89.000 millones, y el beneficio neto alcanzó los 59.700 millones. Para el tercer trimestre, la compañía anticipa unos 108.000 millones de dólares, por encima del consenso de 104.860 millones.
La proyección que más ha llamado la atención, no obstante, es la del ejercicio fiscal 2028: un crecimiento de aproximadamente el 70%, una cifra muy superior al 44% que esperaba Wall Street. El analista de JPMorgan Harlan Sur califica esa previsión de "suelo" y no descarta un avance superior al 100% si se resuelven los problemas de suministro. El precio objetivo medio de los 30 analistas que cubren el valor se sitúa en 329,32 dólares, con recomendación mayoritaria de compra fuerte.
Las grietas del modelo de financiación
El lado bajista de la ecuación también tiene fundamentos concretos. Reuters ha informado de que Nvidia ha pausado algunos acuerdos de reparto de ingresos con proveedores de nube de IA que formaban parte de su modelo de financiación. Un portavoz insiste en que el modelo de negocio continúa y evoluciona, pero la propia pausa delata que la agresiva estrategia de capital encuentra límites.
Esa estrategia incluye una garantía de hasta 105.000 millones de dólares para los centros de datos de OpenAI en Ohio durante 20 años, así como una financiación de 500.000 millones orquestada con seis grandes instituciones financieras estadounidenses para clientes que construyen infraestructura de IA. A mayores, los costes de memoria han aumentado y, según Bloomberg, encarecen los servidores con chips de Nvidia en más de un 15% en muchos casos, un factor que podría enfriar la demanda si se generaliza.
La reacción del mercado el viernes pasado ofrece pistas sobre la percepción del valor. La Bolsa de Nueva York retrocedió tras un informe de empleo estadounidense sorprendentemente fuerte que elevó al 60% la probabilidad de una subida de tipos por parte de la Reserva Federal en septiembre. Nvidia resistió mejor que el conjunto del mercado e incluso llegó a ganar posiciones, mientras que otros valores como Lululemon o Adobe sufrieron caídas más pronunciadas. La acción acumula un avance del 5,7% en siete días y del 24% desde comienzos de año.
El desenlace de las negociaciones con Hugging Face se perfila como la próxima prueba concreta para el valor. Un contrato firmado despejaría las dudas sobre las ambiciones de plataforma de Nvidia. Un retroceso, en cambio, alimentaría la tesis de que incluso el fabricante dominante de chips experimenta con los límites de su propio modelo de negocio. La compañía se juega, en definitiva, algo más que 12.930 millones de dólares: la credibilidad de su transición de proveedor de hardware a guardián de la infraestructura de la inteligencia artificial.
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