La cotización de SpaceX encadena su tercera jornada consecutiva a la baja y el mercado digiere una combinación que pocas veces se ha visto en un valor recién estrenado en bolsa: una cascada de desbloqueos de títulos que amenaza con diluir el precio, junto a un programa de inversión en inteligencia artificial que no deja de engordar. El papel cede este miércoles un 3,6% y se sitúa en 119,72 euros, frente a los 124,22 euros del cierre del martes. En términos semanales, el retroceso acumulado alcanza el 5,4%.

La presión vendedora tiene una fecha marcada en el calendario: mañana quedan liberados 319 millones de acciones procedentes de los paquetes de empleados e inversores tempranos. Es la segunda gran oleada desde el estreno bursátil de junio, después de que a principios de agosto se desbloquearan unos 912 millones de títulos, una cantidad que duplicó el volumen de acciones en circulación disponible para el mercado. Y la historia no termina ahí: en septiembre se espera otra remesa de aproximadamente 700 millones de acciones. El temor a que estos paquetes busquen liquidez inmediata y sigan lastrando el precio recorre el parqué.
Pese a la debilidad reciente, el valor mantiene un colchón considerable frente a sus mínimos. Comparado con el suelo de 52 semanas, fijado en 91,04 euros, la acción cotiza todavía un 32% por encima. La distancia con el máximo de 194,46 euros, alcanzado en junio, es del 38%. En términos mensuales, el saldo sigue siendo positivo, con una revalorización del 14%.
La operativa del negocio, mientras tanto, no se detiene. Este miércoles, SpaceX completó su misión número 100 del año con el lanzamiento de 24 satélites Starlink desde la base de Vandenberg, un hito que llega unos dos meses antes que en el ejercicio anterior. La primera etapa del Falcon 9 aterrizó según lo previsto. La compañía presume además de un récord de agilidad logística: el pasado 15 de agosto logró un turnaround de apenas 38,5 minutos entre dos lanzamientos de Falcon 9, uno para Globalstar y otro para la U.S. Space Force. En el apartado de Starship, la nave "Ship 40" fue remolcada a Christmas Island para inspección tras pasar 24 días en el Índico desde su amerizaje del 24 de julio.
El debate sobre el gasto en IA se intensifica
La tensión entre la fortaleza operativa y el apetito inversor se refleja en las cuentas del segundo trimestre. Los ingresos crecieron un 92% hasta los 7.810 millones de dólares, pero el resultado neto arrojó pérdidas de 541 millones. Ambas cifras superaron las estimaciones de los analistas. El problema, a ojos del mercado, está en el otro lado del balance: las inversiones de capital se dispararon hasta los 18.400 millones de dólares, de los cuales 15.800 millones se destinaron exclusivamente a infraestructura de inteligencia artificial. La dirección prevé cerrar el año con una capacidad de cómputo superior a los dos gigavatios.
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La reacción inicial a estos números fue severa. Reuters cifró en torno al 12% la caída de la acción tras la conferencia con los analistas, un movimiento que algunos atribuyeron al shock por la magnitud del desembolso en IA. A ello se sumó el vencimiento de la primera ventana de restricciones para empleados y fundadores, que liberó títulos adicionales al mercado. La volatilidad no da tregua: la desviación anualizada a 30 días alcanza el 92%, un nivel que delata el tira y afloja constante entre el entusiasmo por la expansión y el vértigo ante el gasto.
La apuesta por la inteligencia artificial trasciende las cifras trimestrales. SpaceX y Tesla han comprometido inicialmente 16.800 millones de dólares para levantar Terafab, un complejo de semiconductores avanzados en el condado texano de Grimes. Además, la compañía avanza en la adquisición multimillonaria de Anysphere, firma especializada en generación de código mediante IA, cuyas capacidades se integrarían en el desarrollo de software del área aeroespacial.
El respaldo institucional, en el punto de mira
En medio de esta tormenta, las grandes manos no se han movido. Una declaración regulatoria revela que Nvidia mantenía al 30 de junio una posición de 122,76 millones de acciones de SpaceX, valoradas en unos 21.000 millones de dólares. La estructura accionarial muestra además a más de 1.500 inversores, con 23 instituciones —entre ellas Alphabet, Fidelity y el fondo soberano saudí Public Investment Fund— controlando conjuntamente más del 80% de las participaciones declaradas.
El propio Elon Musk comunicó el 13 de agosto, en una notificación obligatoria, que poseía un 48,4% de la compañía a 30 de junio, una revelación que Reuters vinculó a los movimientos bursátiles posteriores a los resultados y al desbloqueo de las primeras restricciones. En la conferencia con analistas, Musk avanzó que el próximo lanzamiento de Starship podría intentarse aún en agosto, pendiente de la aprobación regulatoria, con el objetivo de capturar la nave con la torre de lanzamiento y desplegar satélites Starlink mejorados.
Las firmas de análisis mantienen posturas divergentes. El martes, Doug Harned, de Bernstein, elevó su precio objetivo argumentando el potencial de los centros de datos orbitales de IA. Ese mismo día, Brian Dobson, de Clear Street, reiteró su recomendación de compra y situó a SpaceX entre sus valores favoritos del sector aeroespacial y de defensa. John Hodulik, de UBS, puso el acento en el potencial de crecimiento de la constelación Starlink V3. En el lado opuesto, un analista emitió el lunes un objetivo mucho más bajo, citando múltiplos de valoración extremos y dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento impulsado por IA. Un caso aislado, pero que refleja el escepticismo que convive con el optimismo mayoritario.
La pregunta que sobrevuela el mercado es si la combinación de desbloqueos sucesivos y un gasto de capital sin precedentes encontrará compradores suficientes. Por ahora, la acción se mueve en una horquilla de más de 100 euros entre sus extremos anuales, un recordatorio de que en SpaceX conviven, al mismo tiempo, la promesa de un negocio transformador y la incertidumbre propia de una empresa que aún no ha demostrado que su apuesta por la IA sea rentable.
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