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Acciones

SpaceX: el Starship toca el cielo mientras los motores Raptor marcan el compás

La misión USSF-385 despegó un sábado desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg con una Falcon 9 como protagonista. La primera etapa regresó según lo previsto sobre una plataforma drone. Lejos del ruido mediático que rodea a los grandes ensayos, este tipo de lanzamiento revela la verdadera médula del negocio de SpaceX: una integración casi industrial con el aparato de seguridad del Estado.

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Esa simbiosis con Washington no es casual. Según Reuters, Donald Trump adquirió acciones de SpaceX por un valor de entre 15.001 y 50.000 dólares el 10 de julio. Una semana después, el 17 de julio, vendió títulos por entre 1.001 y 15.000 dólares, tal y como recoge una divulgación firmada el 8 de septiembre. Son movimientos menores que, sin embargo, ilustran hasta qué punto la compañía aeroespacial se ha convertido en un activo político de primer orden.

Índice de Contenidos
  1. La NASA blinda el negocio tripulado hasta 2030
  2. El vuelo 14: hito orbital y avería en el mismo paquete
  3. La zanahoria de Starlink V3 y el aval de Wall Street
  4. Un mercado que descuenta demasiado optimismo

La NASA blinda el negocio tripulado hasta 2030

Mucho más determinante que las operaciones puntuales de cualquier político es el respaldo de las agencias federales. La NASA acaba de adjudicar a SpaceX un contrato de 946 millones de dólares para tres vuelos tripulados adicionales con destino a la Estación Espacial Internacional. Con esta ampliación, el programa queda asegurado hasta 2030 y el volumen total del acuerdo alcanza los 5.920 millones de dólares para un total de 17 misiones.

Este tipo de pedidos otorga a la empresa una base financiera difícil de igualar en un sector tan intensivo en capital como el aeroespacial. Amortiguan las fuertes inversiones que exige desarrollar nuevas generaciones de cohetes y funcionan como una red de seguridad para el inversor. Mientras tanto, la actividad operativa no se detiene: una Falcon 9 puso en órbita 27 satélites Starlink desde Vandenberg el 19 de septiembre, con un propulsor que completaba su decimoséptimo vuelo. La reutilización reduce los costes unitarios y levanta barreras de entrada que la competencia difícilmente puede salvar.

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El vuelo 14: hito orbital y avería en el mismo paquete

El contrapunto llega con los desarrollos experimentales. En su decimocuarto ensayo, el Starship alcanzó la órbita terrestre por primera vez y desplegó 26 satélites Starlink de nueva generación. La alegría duró lo que tardó en apagarse un motor Raptor de la etapa superior: la misión se truncó tras unas tres horas de vuelo en lugar de las diez previstas y la nave amerizó en el Pacífico.

No es un incidente aislado. Ya en el duodécimo vuelo, celebrado en mayo, se habían registrado problemas de ignición en los motores Raptor. Si estas anomalías se quedan en fallos esporádicos, pueden archivarse como dolencias de juventud. Si, por el contrario, aflora un defecto estructural en la arquitectura de propulsión, las consecuencias serían retrasos costosos para toda la flota. Y ahí no solo está en juego la explotación comercial: el calendario de la NASA también se tensa, con Artemis III apuntando a una misión tripulada en órbita terrestre no antes del verano de 2027 y un alunizaje previsto para 2028. Si SpaceX no entrega el módulo de aterrizaje a tiempo, Blue Origin podría adelantarse con su sistema Blue Moon.

Pese a los tropiezos técnicos, el horizonte económico sigue siendo colosal. Los nuevos satélites Starlink V3 ofrecen diez veces más capacidad de datos que la generación anterior. Si la compañía logra transportar hasta 60 unidades por lanzamiento, se dotará de una ventaja en costes prácticamente inalcanzable para sus rivales globales.

Los analistas no han tardado en reaccionar. Goldman Sachs reafirmó su recomendación de compra tras el vuelo, con un precio objetivo de 220 dólares, subrayando que los hitos alcanzados consolidan el potencial a largo plazo. UBS mantiene también su apuesta alcista, con un objetivo de 210 dólares, y pone el acento en el liderazgo tecnológico y la integración vertical de la compañía, difícil de encontrar en el sector.

Un mercado que descuenta demasiado optimismo

En el parqué alemán, el título cotiza hoy en 131,46 euros con un descenso del 0,3%. La acción aún se encuentra un 32% por debajo de su máximo de 52 semanas, fijado en 194,46 euros. Ese distanciamiento, lejos de ser una anomalía, invita a la prudencia. La visión técnica de SpaceX se sostiene, pero el mercado parece estar descontando los riesgos con demasiada ligereza. Quedan por superar obstáculos decisivos: el escudo térmico, la resistencia de los motores y el repostaje en órbita, una operación imprescindible para las misiones lunares que todavía es pura teoría. Solo cuando los Raptor demuestren quemar sin fallos durante toda la misión habrá vía libre para una revalorización sostenida.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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