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Acciones

SpaceX: el pulso entre la expansión industrial, la política y la batalla con OpenAI

La cotización de SpaceX acumula una semana de contrastes. Mientras la compañía acelera su transformación en un conglomerado energético con un ambicioso proyecto en Luisiana valorado en 100.000 millones de dólares, la acción se debate entre el respaldo institucional y una disputa contractual con OpenAI que ha tensado el ánimo de los inversores. El resultado: un valor que sube un 31% en el último mes pero que aún se encuentra un 37% por debajo de su máximo anual.

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Índice de Contenidos
  1. Gigantes de acero y turbinas: la nueva frontera industrial
  2. La política entra en escena
  3. OpenAI rompe con Cursor y el capital institucional responde
  4. Una valoración que divide a los analistas

Gigantes de acero y turbinas: la nueva frontera industrial

El plan presentado ante Reuters para levantar el mayor complejo de lanzamiento de cohetes en el sur de Luisiana no es el único frente que mantiene ocupado a Elon Musk. En Texas, la compañía está construyendo una fundición en Bastrop capaz de producir palas y álabes de turbinas mediante un proceso de cristalización única a temperaturas que oscilan entre los 3.000 y los 3.600 grados Fahrenheit. Según Musk, esta capacidad de fabricación propia permitirá acortar la construcción de turbinas de gas en hasta 18 meses, un avance que el propio ejecutivo calificó como un "cambio de juego" para alimentar los centros de datos de inteligencia artificial.

La urgencia tiene una explicación clara: GE Vernova, el principal fabricante establecido, tiene su capacidad de producción comprometida hasta 2030. SpaceX responde con una estrategia dual: mientras desarrolla junto a Tesla una capacidad de fabricación solar de 100 gigavatios anuales para cada una, el gas natural servirá como puente energético durante los próximos años. La Agencia Internacional de la Energía proyecta que el consumo eléctrico de los centros de datos se duplicará para 2030, un escenario que no está exento de críticas por las emisiones de CO2 y óxidos de nitrógeno asociadas.

Para gestionar esta apuesta, SpaceX ha comenzado a reclutar un equipo interno dedicado al comercio de gas natural que abastecerá tanto a una planta de semiconductores en Texas como a las operaciones de Tesla y los lanzamientos del Starship.

La política entra en escena

La dimensión política del gigante espacial ha cobrado protagonismo con la revelación de que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, adquirió acciones de SpaceX por un valor de entre 15.001 y 50.000 dólares el pasado 23 de junio. Los documentos, firmados el 12 de agosto y publicados cuatro días después, han suscitado interrogantes sobre los plazos de divulgación, aunque no alteran la dinámica operativa de la compañía.

El interés presidencial coincide con un momento de actividad récord. La semana pasada, SpaceX completó varias misiones Falcon 9: el martes despegó desde Cabo Cañaveral con 29 satélites Starlink a bordo, en un vuelo que marcó un hito al ser el 37.º de su propulsor. Al día siguiente, otra misión partió de la base de Vandenberg con 27 satélites y logró el aterrizaje de la primera etapa en el dron "Of Course I Still Love You". El 21 de agosto, la compañía alcanzó su misión orbital número 100 del año desde Vandenberg, con 29 satélites más, en lo que supuso la 653.ª recuperación exitosa de un propulsor Falcon. Ese mismo lanzamiento llegó después de que un intento previo en Cabo Cañaveral se abortara 28 segundos antes del despegue.

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No todo han sido buenas noticias. Musk reconoció al Wall Street Journal que el próximo intento de captura de la etapa superior del Starship aún tardará meses, un comentario que pesó sobre la cotización y evidenció la sensibilidad del mercado a los avances del programa.

OpenAI rompe con Cursor y el capital institucional responde

La tensión más reciente proviene del frente tecnológico. OpenAI ha rescindido el contrato de suministro de modelos de IA a Cursor, la herramienta de programación adquirida por SpaceX en una operación valorada en unos 60.000 millones de dólares, íntegramente pagada en acciones. El acceso a los modelos de OpenAI concluirá el 12 de noviembre, y futuros desarrollos como Astra quedarán también fuera del alcance de Cursor. La compañía de Sam Altman justifica la decisión por un incumplimiento de las condiciones contractuales por parte de las empresas controladas por Musk, señalando que xAI habría admitido sus propias infracciones. Michael Truell, cofundador de Cursor, ocupa ahora un puesto directivo en SpaceX.

Lejos de amedrentarse, el capital institucional ha redoblado su apuesta. Ark Invest, el vehículo de Cathie Wood, adquirió 200.000 acciones por aproximadamente 27 millones de dólares, consolidando a SpaceX como la segunda mayor posición de su cartera, solo por detrás de Tesla. Mientras varios gestores mantienen o incrementan sus posiciones, algunos insiders han vendido títulos por valor de 1,2 millones de dólares.

Una valoración que divide a los analistas

El consenso del mercado refleja expectativas elevadas: el precio objetivo medio se sitúa en 219,22 dólares, con Fubon iniciando cobertura con recomendación de compra y un objetivo de 183 dólares, mientras que Adam Jonas, de Morgan Stanley, eleva la apuesta hasta los 300 dólares. En el lado escéptico, el inversor David Einhorn advierte de un posible techo especulativo.

En el parqué europeo, la acción cotiza alrededor de los 121-123 euros, un 1,7% por encima de su media de 50 sesiones (119,11 euros). El máximo de 52 semanas, fijado en 194,46 euros el 16 de junio, queda a un 38% de distancia, mientras que el mínimo de 91,04 euros del 3 de agosto ya ha quedado un tercio atrás. La volatilidad anualizada a 30 días se mantiene en el 88%, un nivel que refleja la intensidad de los movimientos.

La combinación de una expansión industrial sin precedentes, la implicación presidencial y la guerra abierta con OpenAI dibujan un escenario en el que cada titular puede reconfigurar la cotización. Los inversores observan con atención dos frentes: la evolución del negocio energético y el desenlace de la disputa con OpenAI, ambos capaces de redefinir la narrativa de crecimiento de la compañía.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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