Hay empresas que viven una contradicción permanente: los números de su negocio apuntan hacia arriba, pero el gráfico de su cotización dibuja una pendiente descendente. Rocket Lab encarna hoy ese dilema con una precisión casi quirúrgica, atrapada entre una cartera de pedidos récord y una acción que cotiza un 59% por debajo de sus máximos anuales.

El acelerador regulatorio del acuerdo con Iridium
La operación corporativa más relevante del año para la compañía avanza a buen ritmo por los despachos administrativos. La autorización antimonopolio bajo la normativa Hart-Scott-Rodino expiró el pasado 12 de agosto, lo que despeja uno de los obstáculos más relevantes para el cierre de la adquisición de Iridium. A renglón seguido, Rocket Lab presentó ante la SEC el formulario S-4 para registrar los valores que formarán parte del componente accionarial de la transacción.
En paralelo, la empresa y el operador satelital han solicitado conjuntamente a la Federal Communications Commission el visto bueno para la transferencia de licencias y autorizaciones. Los accionistas de Iridium están convocados a votar sobre la fusión el próximo 24 de septiembre.
Para financiar la operación, valorada en miles de millones, la compañía ha suscrito un programa de colocación de acciones con Deutsche Bank Securities y Wells Fargo Securities por un importe de hasta 1.944 millones de dólares. Los fondos se destinarán tanto a los pagos en efectivo del acuerdo como a la reducción de deuda existente.
Un trimestre de contrastes
Los resultados del segundo trimestre dibujan un panorama agridulce. Los ingresos crecieron un 62% interanual hasta los 234 millones de dólares, pero según algunos medios la cifra se quedó por debajo de las expectativas del consenso. La compañía, por su parte, presume de que desde el cierre del trimestre ha firmado contratos por valor de más de mil millones de dólares, una señal de que la demanda sigue firme aunque su conversión en facturación requiera tiempo.
El margen bruto ajustado GAAP alcanzó el 41,5%, mientras que el EBITDA ajustado arrojó pérdidas de 8,8 millones de dólares. Para el tercer trimestre, la dirección proyecta ingresos de entre 250 y 265 millones de dólares, con márgenes brutos GAAP del 29% al 31%. La cartera de pedidos, por su parte, se ha disparado un 137% en doce meses hasta los 2.360 millones de dólares.
Contratos que abren puertas, no llenan arcas
La actividad comercial no se detiene. La US Space Force ha seleccionado a Rocket Lab para el consorcio Space Data Network, con adjudicaciones por 12 millones de dólares para una red global de comunicaciones militares. Viasat también ha encargado a la compañía la construcción de un bus satelital para el programa Protected Tactical SATCOM-Global.
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Conviene, no obstante, matizar el alcance de algunas noticias. La inclusión en el programa NITE-STAR de la Space Force, un marco contractual dotado con 981 millones de dólares para infraestructura de pruebas y entrenamiento espacial, no garantiza ingresos por sí sola. Ese volumen se reparte entre varios contratistas y Rocket Lab solo obtiene la elegibilidad para competir por encargos individuales. Es una puerta de entrada, no un cheque firmado.
En el plano operativo puro, la compañía completó el 20 de agosto su misión número 93 con el cohete Electron, la decimocuarta del año, desplegando un satélite de observación terrestre para el Institute for Q-shu Pioneers of Space. Se trata de la novena entrega exitosa para el cliente japonés QPS-SAR, una cadencia de lanzamientos que evidencia una cadena de producción y procesos de lanzamiento plenamente industrializados.
Venta de acciones: ruido sin señal
Las recientes notificaciones de venta de acciones por parte de la cúpula directiva han generado cierta inquietud entre inversores minoristas. El director financiero Adam C. Spice, el presidente Marvin Bradford Clevenger y el director de operaciones Frank Klein vendieron acciones a finales de agosto. En total, cinco ejecutivos se desprendieron de unas 78.800 acciones por valor de 5,49 millones de dólares.
La lectura correcta de estos movimientos, sin embargo, dista de ser alarmista. Se trató de transacciones no discrecionales vinculadas a planes de compensación previamente establecidos, diseñadas para cubrir obligaciones fiscales derivadas del vesting de unidades de acciones restringidas. Los ejecutivos conservaron el 97,5% de sus participaciones. Klein, eso sí, ha comunicado además una venta planificada adicional de unas 35.500 acciones valoradas en 2,35 millones de dólares.
En el lado opuesto, Capstone Investment Advisors ha tomado una nueva posición en la compañía por valor de 1,56 millones de dólares durante el segundo trimestre, un indicio de que el interés institucional persiste pese a la debilidad del título.
El mercado castiga la dilución
La cotización, que ronda los 54,70 euros, permanece un 59% por debajo del máximo de 52 semanas de 133,80 euros y acumula una caída del 11% en lo que va de ejercicio. En los últimos siete días hábiles, el retroceso alcanza el 6,7%. El precio también se sitúa claramente bajo la media móvil de 200 días, fijada en 69,42 euros, y un 19% por debajo de su promedio de 50 sesiones de 67,16 euros.
La presión vendedora responde, en buena medida, al temor a la dilución que implica el programa de colocación de acciones de casi 2.000 millones de dólares para financiar la compra de Iridium. Los inversores descuentan que la emisión de nuevos títulos compensará, al menos temporalmente, el potencial beneficio de la operación.
El programa Neutron, la apuesta de Rocket Lab por los cohetes reutilizables, sigue según la compañía en camino para su primera plataforma de lanzamiento en el cuarto trimestre de 2026, aunque la ventana para este año se estrecha. Si Neutron despega puntualmente, podría ser el catalizador que reconcilie la excelencia operativa con la confianza del mercado. Hasta entonces, la acción seguirá contando dos historias a la vez: la de los balances y la de los gráficos.
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