La carrera por la supremacía en inteligencia artificial ya no se libra únicamente en los centros de datos terrestres. SpaceX, el conglomerado aeroespacial que durante años se midió por el número de cohetes lanzados, está reconfigurando su identidad hacia algo mucho más ambicioso: una red de satélites que funciona como granja de servidores en órbita. Los movimientos financieros y operativos de las últimas semanas dibujan esa transición con nitidez.

Según informaciones de Reuters y del Financial Times, la compañía negocia una captación de deuda por 40.000 millones de dólares destinada a financiar chips de IA de Nvidia. El desglose previsto contempla unos 10.000 millones en créditos bancarios y 30.000 millones a través de bonos con grado de inversión. SpaceX no ha confirmado oficialmente estas conversaciones, pero la magnitud de la operación revela hacia dónde apunta su estrategia: menos logística de transporte y más capacidad de cómputo a gran escala.
Satélites que ya no son simples repetidores
El hilo conductor de esta transformación es la densidad de su constelación. Con más de 11.000 satélites Starlink operativos y las primeras 26 unidades de la nueva generación V3 puestas en órbita a finales de septiembre, el volumen de datos que circula en la órbita baja terrestre crece a un ritmo vertiginoso. Michael Nicolls, directivo de SpaceX, reclamó el martes una mejora en el intercambio de datos y una coordinación más estrecha de maniobras tras los acercamientos registrados entre satélites de distintos operadores. La evitación autónoma de colisiones y el enrutamiento de red exigen una potencia de cálculo considerable.
A esa capa orbital se suma ahora una vertiente terrestre. La compañía cerró la compra del portfolio nacional de espectro de 800 MHz de Grain Management, que incluye hasta 14 MHz de espectro emparejado, con el objetivo de impulsar Starlink Mobile como operador móvil relevante en Estados Unidos. La FCC ya había dado luz verde a una constelación de 15.000 satélites de conexión directa a dispositivo, allanando el camino regulatorio para ese negocio.
El músculo operativo que sostiene la apuesta
Mientras la atención se desplaza hacia la IA y la telefonía satelital, el negocio tradicional de lanzamientos sigue funcionando como relojería. Ayer, un Falcon 9 despegó desde la base de la Fuerza Aérea en Vandenberg con 21 satélites de transmisión de datos para la Space Development Agency estadounidense, ampliando la arquitectura Proliferated Warfighter Space Architecture del ejército norteamericano. Días antes, la misión Crew-12 de la NASA concluyó con el amerizaje de la cápsula frente a las costas de California.
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El calendario no da tregua: para el 13 de octubre está previsto el lanzamiento de la misión de carga CRS-35 rumbo a la Estación Espacial Internacional, con una ventana programada en torno a las 6:33 ET. En el complejo de lanzamiento 39A del Kennedy Space Center, los preparativos para futuros vuelos del Starship pasan de la fase de construcción a las pruebas operativas.
Valoración: euforia analítica y sombras regulatorias
El mercado recibe con optimismo este giro estratégico. La acción cerró el viernes en 145,20 €, con una revalorización del 14% en 30 días, aunque todavía un 25% por debajo de su máximo de 52 semanas de 194,46 €. La capitalización bursátil ronda los 1.970,64 millones de millones de euros.
Las casas de análisis han ajustado sus valoraciones al alza. Morgan Stanley destacó el 6 de octubre su recomendación de Outperform con un precio objetivo de 300 dólares; el analista Adam Jonas subrayó el próximo vuelo de prueba Starship Flight 15 como catalizador clave y apuntó a posibles beneficios en el segmento de inteligencia artificial. Goldman Sachs elevó el 5 de octubre su precio objetivo de 220 a 230 dólares, manteniendo la calificación de compra y citando mejores previsiones para IA y oportunidades de lanzamiento a largo plazo. Barclays inició el jueves la cobertura con Overweight y un objetivo de 254 dólares, mientras Susquehanna subió el 7 de octubre su precio objetivo de 144 a 173 dólares, aunque conservó la recomendación de Hold.
No todo es viento a favor. El desarrollo del cohete pesado Starship consume recursos ingentes y depende de decisiones regulatorias. La FAA tramita actualmente la evaluación ambiental para los usos previstos del Starship y Super Heavy en el complejo SLC-37, con plazo para comentarios públicos hasta el 14 de octubre de 2026 antes de que una modificación de licencia abra la puerta a lanzamientos y aterrizajes comerciales.
La pregunta que sobrevuela entre los inversores es si una empresa privada puede soportar ese perfil de endeudamiento sin perder flexibilidad operativa. De momento, el mercado apuesta a que sí. Quien se consolida como socio infraestructural indispensable de las fuerzas armadas y las agencias espaciales se otorga el margen necesario para madurar negocios como Starlink Mobile y el sistema Starship. La incógnita regulatoria condiciona los plazos, pero el ritmo de ejecución en órbita demuestra que SpaceX cumple lo que promete.
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