Nvidia mantiene conversaciones en fase temprana con Reflection AI, según informó ayer el Financial Times. El abanico de posibilidades que se baraja no se limita a una compra clásica: también se contempla ampliar la participación ya existente, fichar a parte del equipo o licenciar su tecnología. De momento no hay ninguna operación anunciada, y Reuters no pudo confirmar el contenido del reporte de forma independiente. Ninguna de las dos compañías ha hecho declaraciones al respecto.

Esa ausencia de confirmación obliga a separar con cuidado lo que se sabe de lo que se especula. El propio medio británico advierte de que las conversaciones podrían llegar a buen puerto en las próximas semanas o, por el contrario, romperse sin acuerdo alguno.
Una cifra que no equivale a un precio de compra
Uno de los datos que más ha circulado merece una aclaración. La valoración de 25.000 millones de dólares que se asocia a Reflection AI no constituye un precio de adquisición pactado con Nvidia. Se trata de la cifra a la que la compañía busca levantar capital antes de recibir el nuevo dinero, tal como explicó su consejero delegado, Misha Laskin, a CNBC en abril de 2026. Es decir, describe una ronda de financiación, no una venta corporativa.
Para el inversor, la distinción es relevante: la hipotética transacción no puede catalogarse todavía como una compra cerrada ni como un pasivo cuantificable. Tampoco el desembolso previo permite calcular nada. Nvidia ya inyectó 800 millones de dólares en Reflection AI, pero de ese dato no se deduce ni el importe de una eventual ampliación ni el precio que tendría una operación de control.
Conviene, por tanto, formular dos preguntas distintas: a qué valoración busca Reflection nuevos fondos y qué condiciones aceptaría Nvidia para dar un paso más. Solo la primera tiene hoy una referencia concreta.
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Qué aporta Reflection y qué queda por demostrar
Fundada en 2024 por antiguos investigadores de DeepMind, Reflection AI centra su actividad en la automatización del desarrollo de software. A comienzos de octubre presentó Beam, su primer modelo de inteligencia artificial con pesos abiertos, orientado a tareas de programación y a agentes autónomos. Según la propia empresa, Beam resultaría más económico que buena parte de sus competidores y ofrecería resultados equiparables a GLM-5.2 de Z.AI en tareas complejas de razonamiento. Son afirmaciones de la compañía, sin verificación externa por ahora.
Un vínculo más estrecho con este tipo de desarrollos acercaría a Nvidia al terreno de la creación de modelos, más allá del hardware. La forma que adopte esa relación —compra total, participación ampliada, contratación de personal o licencia tecnológica— determinará cómo debe leerse desde el punto de vista inversor. Cada opción tiene consecuencias muy distintas: adquirir el 100% convierte a Nvidia en propietaria del negocio; un acuerdo de personal y licencias no exige comprar la sociedad; y elevar la participación supone profundizar un lazo financiero que ya existe.
d-Matrix y las señales de demanda se cruzan en el análisis
En paralelo, The Information publicó el viernes que Nvidia planea entrar en el capital de d-Matrix, firma especializada en chips para servidores de IA. El medio se apoyó en tres personas conocedoras de la operación, aunque no trascendieron las condiciones de la inversión. Los dos reportes apuntan en la misma dirección —posibles movimientos de Nvidia en el capital de terceros—, pero su estatus difiere: en Reflection AI se habla de conversaciones iniciales con múltiples alternativas; en d-Matrix, de una intención de inversión. En ninguno de los dos casos hay operación consumada.
El telón de fondo sigue siendo la demanda de tecnología de IA. El analista de UBS Timothy Arcuri reafirmó el viernes su recomendación de compra sobre Nvidia con un precio objetivo de 300 dólares. Como argumento citó las exportaciones taiwanesas de equipos automáticos de procesamiento de datos —excluidos los portátiles—, que en septiembre crecieron un 25,9% respecto al mes anterior hasta 29.800 millones de dólares. Arcuri interpreta esos datos comerciales como señal de una demanda sostenida impulsada por la IA. Es un indicador positivo, aunque no valida por sí mismo las posibles operaciones de capital.
En el otro platillo de la balanza, el jueves pesaron las dudas sobre las cifras de ingresos de OpenAI que se habían difundido previamente. CNBC informó de una facturación de septiembre anualizada en torno a 50.000 millones de dólares, frente a los 68.000–70.000 millones que se manejaban antes. Ese ruido contable sacudió a los valores vinculados a la IA.
Con todo, el núcleo sólido de la información disponible es el interés reportado por distintas fórmulas de acuerdo, no una adquisición multimillonaria ya cerrada. Lo que realmente movería la aguja para el inversor serían datos confirmados sobre la estructura, el precio y el alcance de los derechos o de la participación que Nvidia llegue a asumir.
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