El 17 de junio Rocket Lab tiene previsto lanzar el décimo satélite de la constelación Synspective a bordo de una Electron. Se trata de la décima misión dedicada para este cliente, una relación que ya roza lo estratégico. Sin embargo, la cotización no refleja esa solidez: en solo siete días la acción ha perdido un 10% y se sitúa un 34% por debajo del máximo histórico de 133,80 euros alcanzado a finales de mayo. El desplome coincide con la salida a bolsa de SpaceX, que con una valoración de 75.000 millones de dólares ha absorbido buena parte del apetito inversor del sector.

A pesar del batacazo bursátil, los fundamentales del negocio distan mucho de ser flojos. En el primer trimestre de 2026 Rocket Lab reportó unos ingresos de 200,3 millones de dólares, un 63,5% más que en el mismo periodo del año anterior, y una bruttomarge del 38,2% según GAAP. La cartera de pedidos se duplicó hasta los 2.200 millones de dólares, de los cuales unos 792 millones se convertirán en ingresos en los próximos doce meses. La liquidez supera los 2.000 millones. Para el segundo trimestre, la dirección espera una facturación de entre 225 y 240 millones.
El cambio de modelo de negocio es la clave de esta fortaleza. El segmento de sistemas espaciales —satélites, naves y componentes— ya representa alrededor del 66% de los ingresos, lo que otorga recurrencia más allá del ritmo de lanzamientos. Además, el negocio militar gana peso: Rocket Lab ha firmado un contrato de 30 millones de dólares con Anduril para tres vuelos de prueba hipersónicos, y ha sido seleccionado junto a Raytheon para el programa Golden Dome de interceptores espaciales. Casi un tercio de la cartera de lanzamientos corresponde ya a misiones hipersónicas.
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La atención, no obstante, se centra en el cohete Neutron. Con 43 metros de altura y capacidad para 13.000 kilogramos en órbita baja, la compañía ha solicitado a la FAA una ventana de autorización entre el 1 de julio y el 31 de diciembre de 2026. Durante el primer trimestre se firmaron cinco nuevos contratos para este lanzador. El CEO Peter Beck ha señalado la colocación de componentes en bancos de pruebas como indicador de que el vuelo inaugural podría llegar en el cuarto trimestre. Un éxito colocaría a Rocket Lab compitiendo directamente con el Falcon 9 de SpaceX.
En el plano técnico, la acción cotiza a 88,70 euros, apenas un 1,5% por encima de su media móvil de 50 sesiones, situada en 87,42 euros. El RSI está en 43,2, lejos de la sobrecompra de mayo. A pesar de la corrección, el valor acumula una subida del 36% en lo que va de año y se ha cuadruplicado en doce meses. La media móvil actúa como soporte inmediato; si se mantiene, la entrada en el Nasdaq-100 el 22 de junio podría generar compras forzadas por parte de los fondos indexados y estabilizar el precio. Si ese nivel cede, el foco se trasladará por completo al calendario de Neutron como próximo catalizador de valor.
Por ahora, el mercado duda entre la fortaleza operativa y el ruido que genera el gigante recién llegado. El lanzamiento de Synspective y la indexación en el Nasdaq-100 son dos hitos concretos que pueden inclinar la balanza, pero la sombra de SpaceX sigue siendo larga.
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