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Acciones

Rocket Lab: el dilema de una acción que entrega resultados pero castiga a sus accionistas

La escena tiene algo de esquizofrénico. Mientras la compañía acumula récords operativos —su 94.ª misión Electron despegó con éxito la semana pasada desde Nueva Zelanda—, su cotización se hunde a velocidad de crucero. En los últimos treinta días, el desplome ronda el 18% y la distancia respecto al máximo de 52 semanas, alcanzado a finales de mayo en 133,80 euros, supera ya el 57%. El mercado, sencillamente, mira hacia otro lado.

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¿Qué está pasando? La respuesta corta es que la paciencia de los inversores tiene un límite, y Rocket Lab lo está poniendo a prueba con su proyecto más ambicioso: el cohete Neutron. Los rumores sobre un posible retraso del primer lanzamiento hasta 2027 —cuando la compañía aún confiaba en hacerlo este año— han enfriado el entusiasmo de quien compró la acción como una apuesta pura al crecimiento futuro.

Índice de Contenidos
  1. La sombra de Blue Origin y el revés de la NASA
  2. Venta de directivos: rutina o señal
  3. Un negocio que no deja de crecer
  4. ¿Dónde está el equilibrio?

La sombra de Blue Origin y el revés de la NASA

El malestar se agravó cuando la NASA adjudicó a Blue Origin un contrato de comunicaciones para Marte valorado en unos 700 millones de dólares, dejando a Rocket Lab fuera de la ecuación. No es un simple contratiempo: demuestra que, cuando se trata de los grandes encargos gubernamentales, la firma no parte con ventaja automática, por muy sólido que sea su negocio principal.

Los analistas han reaccionado con cautela. Bank of America recortó su precio objetivo el 31 de agosto de 115 a 110 dólares, manteniendo la recomendación de compra. Ese mismo día, Roth Capital hizo lo propio, reduciendo su objetivo de 130 a 110 dólares. Y Berenberg, en una revaluación del 4 de septiembre, fue más allá: elevó la calificación a "Strong Buy", describiendo a Rocket Lab como el "único pure-play genuino del sector espacial en bolsa", gracias a su posición casi monopólica en lanzadores pequeños y dedicados.

Venta de directivos: rutina o señal

En medio de este clima, cuatro altos ejecutivos han vendido paquetes de acciones. El director financiero, Adam Spice, se deshizo el 2 de septiembre de unas 140.000 acciones a un precio medio ponderado de 62,63 dólares, embolsándose cerca de 8,8 millones. Días antes, el 27 de agosto, el director de operaciones Frank Klein vendió unas 35.000 acciones a precios de entre 66,25 y 67,54 dólares, mientras que el consejero general Arjun Kampani se desprendía de unas 6.000. El 24 de agosto, Marvin Bradford Clevenger, presidente de la división estadounidense, había vendido unas 15.000.

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Conviene poner las cosas en perspectiva: todas las operaciones se ejecutaron mediante planes automáticos Rule 10b5-1, programas programados con antelación diseñados precisamente para evitar cualquier sospecha de uso de información privilegiada. Quien establece el plan en junio no vende en septiembre por malas noticias, sino porque el calendario lo dicta. Aun así, en un momento de debilidad bursátil, estas ventas no ayudan precisamente a generar confianza.

Un negocio que no deja de crecer

Porque los fundamentales, al menos en el segmento de lanzamientos, siguen brillando. La misión del miércoles pasado colocó en órbita el satélite de observación terrestre StriX de Synspective, el decimoquinto lanzamiento del año. Con el cliente japonés hay firmados otros 16 vuelos hasta 2030, lo que otorga una visibilidad de ingresos envidiable.

La cartera de pedidos acumula más de 437 millones de dólares en nuevos contratos de lanzamiento cerrados en el segundo trimestre y después, e incluye misiones para Electron, HASTE y la futura Neutron. En términos globales, el backlog supera los 90 lanzamientos y se estima en 2.360 millones de dólares. La compañía presentó además en agosto GHOST, un sistema de lanzamiento reubicable a nivel mundial cuya primera instalación se levantará en Kodiak, Alaska, con el primer vuelo operativo previsto para 2027.

¿Dónde está el equilibrio?

La acción cotiza actualmente en torno a los 57 euros, con un avance del 0,5% en la última sesión. En el acumulado anual, el valor sigue en positivo —alrededor del 40%—, lo que sugiere que la corrección actual es más un paréntesis digestivo tras una subida pronunciada que el inicio de un deterioro estructural.

El índice de fuerza relativa (RSI), en 38,6, indica que el título se acerca a territorio de sobreventa, aunque sin llegar a él. La gran pregunta que sobrevuela todo es si Rocket Lab puede gestionar simultáneamente la adquisición multimillonaria de Iridium Communications —estructurada con una combinación de efectivo y acciones, cuyo cierre no se espera antes de mediados de 2027— y la expansión agresiva de su negocio principal.

La tesis alcista se sostiene sobre la ejecución impecable de Electron y la promesa de Neutron como segundo pilar. La bajista se apoya en los retrasos, el contrato perdido de la NASA y una valoración que aún descuenta mucho crecimiento futuro. Ambas lecturas tienen fundamento. El mercado, por ahora, parece estar decantándose por la segunda.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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