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Nvidia y Anthropic: una puja pública sobre el ritmo de la IA que no frena la maquinaria de los centros de datos

La paradoja recorre los pasillos de la industria tecnológica estadounidense con una insistencia incómoda. Mientras el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, publicaba el fin de semana su ensayo We Must Pace the Frontier para reclamar una desaceleración en el desarrollo de los grandes modelos, Sam Altman, Elon Musk y Demis Hassabis se sumaban a la misma melodía. Para un sector que durante años solo conoció una dirección —más rápido, más grande, más cómputo—, el giro resulta llamativo. Y en el centro de ese debate, sosteniendo el timón, está Nvidia.

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La respuesta de Jensen Huang no tardó. El martes, el máximo responsable del fabricante de semiconductores rechazó de plano las propuestas de Amodei desde el escenario de una conferencia sectorial en San Francisco. La seguridad, vino a decir, es un problema técnico y no una cuestión que exija nuevas leyes. En una entrevista concedida a CNBC, Huang calificó de innecesarias las exenciones antimonopolio que el fundador de Anthropic había puesto sobre la mesa, junto con la posibilidad de una mediación estatal para moderar el paso de los modelos punteros. No hay, insistió, ninguna disyuntiva falsa entre avanzar y protegerse.

Índice de Contenidos
  1. Un pulso que no rompe la cuerda
  2. La demanda real desborda la oferta
  3. El mercado, entre el ruido macro y la reflexión sectorial
  4. La fractura que vigilan los inversores

Un pulso que no rompe la cuerda

El enfrentamiento dialéctico contrasta con la maraña de intereses que une a ambas compañías. Anthropic figura entre los clientes de Nvidia y, según los informes que circulan en prensa, aspira a debutar en bolsa con una valoración cercana a los dos billones de dólares. En ese contexto se enmarca la operación que el grupo de Santa Clara estudia: una inyección de hasta 10.000 millones de dólares en el futuro estreno bursátil de la firma de IA.

La jugada encaja en un patrón reconocible. Nvidia viene consolidando su relación con los principales desarrolladores del sector para asegurar que su software siga atado a sus sistemas a largo plazo. La incursión en el capital de Anthropic no sería un gesto aislado, sino un eslabón más de esa estrategia de blindaje.

La huella del fabricante se extiende, de hecho, bastante más allá de sus propios chips. Durante la conferencia Dreamforce, la compañía presentó junto a Salesforce el modelo de razonamiento Koa, construido sobre Nemotron, el modelo abierto de Nvidia. La tecnología del grupo se infiltra así en territorios de software ajenos, lo que refuerza su posición en el ecosistema.

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La demanda real desborda la oferta

Los números del negocio, entretanto, no cuentan ninguna historia de frenazo. En el segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027, Nvidia facturó 96.220 millones de dólares, más del doble que un año antes. El área de centros de datos creció un 117%, hasta 89.020 millones, con un margen bruto del 75%. Para el trimestre en curso, la empresa anticipa unos ingresos de 108.000 millones de dólares. Huang añadió un dato revelador: la cadena de suministro actual solo cubre el 70% de la demanda efectiva.

Esa escasez sostenida otorga a Nvidia un poder de negociación notable. Los rivales presentan alternativas de silicio, pero la implantación masiva de sus sistemas en los centros de datos mundiales le concede una ventaja difícil de erosionar. El comentario publicado por MarketWatch apuntaba en la misma dirección: un ritmo más pausado en la evolución de los modelos no implica necesariamente menos gasto en chips e infraestructura. Nvidia no gana según la velocidad a la que los modelos se vuelven más listos, sino según la cantidad de cómputo que ese proceso consume.

El mercado, entre el ruido macro y la reflexión sectorial

En Fráncfort, el valor cotizaba a 183,40 euros con un avance del 0,4% intradía, una calma aparente que ocultaba la sacudida de los días previos. En la semana, el retroceso alcanzaba el 5,6%; en el mes, el 5,7%. Respecto al máximo de 52 semanas de 202,50 euros, marcado en mayo, faltaba un 9,4%. El RSI de 44,4 dibujaba un título que se ha desprendido del sobrecalentamiento sin llegar aún a terreno de sobreventa. En la sesión de ayer, el cierre se produjo con una subida del 0,7%, hasta 183,80 euros, un 9,2% por debajo de esa cota anual.

El trasfondo del bache fue una combinación poco frecuente. El lunes, el índice Philadelphia Semiconductor se desplomó un 5,9%, con Micron e Intel cediendo más de cinco puntos cada uno. Al mismo tiempo, la rentabilidad del bono estadounidense a diez años superaba el umbral del 5%, nivel que Barclays considera históricamente un punto de inflexión a partir del cual la renta fija empieza a pesar de verdad sobre la renta variable. El martes llegó la resaca al conjunto del mercado: el Dow cedió un 0,89%, el S&P 500 un 0,49% y el Nasdaq un 0,75%. Precios del crudo al alza, una decisión de tipos de la Reserva Federal el miércoles bajo la presidencia de Warsh y, de fondo, las dudas que la propia industria de la IA empezaba a verbalizar.

La fractura que vigilan los inversores

Persiste, sin embargo, la inquietud por un consenso demasiado poblado. Un gestor de fondos advertía hace poco que Nvidia no resulta caro si se mira a uno o tres años, pero que la concentración del negocio de la IA entraña el riesgo de un desprendimiento rápido si la demanda de centros de datos llegara a estancarse. Voces como la de Steve Eisman subrayan que una parte considerable de los créditos por cobrar de la compañía depende de unos pocos clientes de gran tamaño.

El valor se sitúa así sobre una línea de falla: entre una empresa que rinde operativamente como pocas y un sector que, por primera vez, discute en público su propia velocidad. Quien observa a Nvidia observa, en definitiva, si el progreso de la IA y la prudencia ante la IA son realmente dos cosas distintas o si, al final, ambas seguirán necesitando el mismo torrente de cómputo.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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