Nvidia: la promesa del 70% que divide a Wall Street entre la euforia y la prudencia
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Nvidia: la promesa del 70% que divide a Wall Street entre la euforia y la prudencia

La escena tenía todos los ingredientes de un guion ya visto: un gigante tecnológico publica resultados que pulverizan cualquier expectativa, la acción reacciona con un salto histórico y los analistas compiten por ver quién eleva más su precio objetivo. Pero detrás del titular, la pregunta que realmente ocupa a los inversores es otra: ¿puede Nvidia sostener un crecimiento del 70% cuando su propio cuello de botella no está en la demanda, sino en la capacidad de producir?

Imagen tecnológica

Los números del segundo trimestre del ejercicio 2027 invitan al asombro. La compañía ingresó 96.200 millones de dólares, más del doble que en el mismo periodo del año anterior y notablemente por encima de los 92.300 millones que esperaba el consenso. El beneficio neto, por su parte, se disparó un 126% hasta los 59.700 millones. La reacción bursátil no se hizo esperar: el jueves, el título avanzó cerca de un 8,7%, su mejor jornada desde abril de 2025, y la capitalización bursátil engordó 442.000 millones de dólares en una sola sesión, la segunda mayor ganancia diaria de la historia del valor. En el mercado alemán, la acción cotiza en torno a los 194,72 euros, un 3,8% por debajo de su máximo de 52 semanas de 202,50 euros.

Índice de Contenidos
  1. La primera previsión a dos años vista
  2. El rally de los analistas y sus matices
  3. La sombra regulatoria y las dudas sobre la demanda
  4. Un equilibrio sobre la oferta

La primera previsión a dos años vista

Lo que realmente movió la aguja no fue el pasado, sino el futuro. Jensen Huang, consejero delegado de la compañía, se atrevió por primera vez a ofrecer una proyección para el ejercicio 2028: un crecimiento del 70%, prácticamente el doble del 45% que manejaban los analistas. El ejecutivo justificó semejante salto de fe apelando a una "visibilidad" sin precedentes en la cartera de pedidos, un argumento llamativo para una empresa que opera en un sector considerado cíclico y difícil de predecir hasta hace apenas dos años.

La lógica que subyace es una inversión de la dinámica clásica del crecimiento. En condiciones normales, la demanda débil frena la expansión de una compañía. En el caso de Nvidia ocurre justo lo contrario: Huang cifra la demanda real en más de un 70% de crecimiento, con posibilidad incluso de duplicarse, pero el techo lo imponen las limitaciones de suministro de chips de memoria y la capacidad de fabricación de TSMC. Dicho de otro modo: el problema no es encontrar clientes, sino producir suficientes unidades para atenderlos.

Esa escasez tiene un precio, y no solo metafóricamente. La compañía ha subido más de un 15% los precios de sus próximas plataformas de servidores Vera Rubin y Grace Blackwell, precisamente porque los chips de memoria representan una porción cada vez mayor del coste de producción. Los observadores de TrendForce calculan que el gasto en memoria podría absorber hasta dos tercios de los presupuestos de inversión en la nube para 2027, frente a aproximadamente la mitad este año. El fenómeno trasciende a Nvidia: HP anunció subidas de precios por el mismo motivo y en Apple se anticipan incrementos en los iPhone. La ola de costes del auge de la inteligencia artificial ya ha desbordado el sector de los semiconductores.

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El rally de los analistas y sus matices

La reacción de la banca de inversión fue inmediata y contundente. Más de una docena de firmas elevaron sus valoraciones. Goldman Sachs fija su objetivo en 300 dólares, J.P. Morgan en 320 y Bernstein ha saltado de 315 a 400 dólares. La apuesta más agresiva la firma Raymond James, con un precio objetivo de 515 dólares, lo que implicaría una capitalización de unos 12,4 billones de dólares, muy por encima de los aproximadamente 4,36 billones de euros actuales. La firma justifica su optimismo en la escasez de oferta como "principal cuello de botella".

No todo son aplausos incondicionales. Truist advierte de que, aunque la demanda podría sostener una duplicación del negocio, la oferta solo permitiría de forma realista un avance del 70%. El propio consenso refleja esa tensión: el margen bruto, que en el tercer trimestre se sitúa en el 74%, caería al 71-72% en el cuarto por el encarecimiento de la memoria, para recuperarse después hasta el 72-73%. Un primer aviso de que los costes pueden erosionar la rentabilidad.

La sombra regulatoria y las dudas sobre la demanda

El otro gran interrogante tiene que ver con la arquitectura financiera que sostiene el crecimiento. Según el Wall Street Journal, Nvidia ha pausado sus acuerdos de reparto de ingresos con proveedores de nube de IA por preocupaciones internas de carácter antitrust. El programa, lanzado en julio, ayudaba a clientes como Sharon AI y Firmus con créditos, y respaldaba a OpenAI con una financiación de 500.000 millones de dólares que incluía 105.000 millones garantizados. Un portavoz de la compañía insiste en que el modelo de negocio se mantiene, pero la pausa evidencia hasta qué punto el crecimiento de Nvidia depende de la capacidad de sus propios clientes para financiar sus compras.

Si esa interconexión resultara problemática desde el punto de vista regulatorio, el impacto se sentiría directamente en la demanda. A ello se suma la posible adquisición de la plataforma de IA Hugging Face por unos 12.900 millones de dólares, según The Information y CNBC. Las conversaciones están en curso, pero no hay acuerdo cerrado. En Europa ya se han alzado voces críticas sobre la neutralidad y la soberanía tecnológica si Nvidia controlara una plataforma de código abierto tan relevante.

Un equilibrio sobre la oferta

El mercado parece haber digerido el mensaje con optimismo. La acción cotiza un 7,4% por encima de su media de 50 días de 181,34 euros y a un 40% de su mínimo de 52 semanas, con un RSI de aproximadamente 60 que no sugiere sobrecalentamiento. La volatilidad del 43%, sin embargo, recuerda la sensibilidad del valor a cualquier novedad.

La compañía ha blindado su apuesta con compromisos de suministro por 279.000 millones de dólares y financiación de hasta 500.000 millones para socios como OpenAI. Es una jugada colosal sobre el propio futuro, financiada por una empresa que hoy puede permitírsela. La pregunta que queda en el aire es si esa estructura resistirá el escrutinio regulatorio y si la cadena de suministro podrá expandirse con la rapidez que exige la promesa del 70%. El próximo examen será la presentación de resultados del tercer trimestre, con una previsión de ingresos de unos 108.000 millones de dólares. Si Nvidia confirma esa cifra, el escenario alcista seguirá dominando la conversación.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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