La semana que enfrenta Nvidia condensa en apenas unos días los dos frentes que definen su narrativa bursátil: la capacidad de financiar la infraestructura física sobre la que corren sus chips y la cita con unos resultados que el mercado lleva semanas esperando con el pie en el freno. El miércoles, tras el cierre de Wall Street, la compañía presentó las cifras del segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2027, periodo que concluyó el 26 de julio de 2026. Las estimaciones del consenso apuntaban a un beneficio por acción de 2,09 dólares y a unos ingresos de 92.200 millones, lo que supondría un avance del 97,4% frente al mismo tramo del año anterior.

El contexto no podía ser más delicado. El título venía de encadenar siete sesiones consecutivas a la baja —la racha más larga desde septiembre de 2022—, que le costaron alrededor de un 7% de su valor antes de que el lunes lograra recuperar terreno hasta la zona de 212-215 dólares. Esa reacción alcista coincidió con un rebote generalizado en el sector de semiconductores y con dos anuncios relevantes: SpaceXAI incorporará las CPU Vera de Nvidia para acelerar sus aplicaciones de IA agéntica de próxima generación, y el acelerador de inferencia Groq-3-LPX, una extensión de la plataforma Vera Rubin, entró oficialmente en producción completa.
Una garantía que se renegoció a la baja
A esa maraña de estímulos se sumó el lunes la confirmación de un acuerdo que llevaba semanas cocinándose. Nvidia asumirá una garantía de hasta 105.000 millones de dólares sobre el contrato de arrendamiento de un centro de datos de OpenAI en Ohio, además de comprometer 1.500 millones como inversión en SB Energy. La estructura final dista de los primeros planteamientos: según Reuters, la cobertura financiera inicialmente discutida para el proyecto alcanzaba los 250.000 millones, y la inversión en SB Energy llegó a manejarse en torno a los 3.000 millones, vinculada a unos 100.000 millones en respaldo crediticio para el campus. Las cifras definitivas, por tanto, recortan sustancialmente el alcance de lo negociado en un primer momento.
El PORTS-Pike Technology Campus de SB Energy en Ohio albergará en exclusiva potencia de cómputo de IA de Nvidia, que asegura tener ya asegurados el terreno, el suministro energético y la capacidad de los edificios. El movimiento encaja en una estrategia más amplia: la compañía no se limita a vender semiconductores, sino que participa activamente en la financiación de la infraestructura sobre la que estos operan. En esa misma línea, Nvidia ha confirmado alianzas con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR para movilizar conjuntamente más de 500.000 millones de dólares en capital de terceros destinado al despliegue de infraestructura de IA.
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Precios al alza, acción a la espera
Mientras tanto, los clientes reciben otra señal de la posición de fuerza de Nvidia. Según Bloomberg, recogido después por Reuters, los precios de los servidores equipados con sus chips de IA subirán en muchos casos más de un 15%. La subida afectará a los sistemas que se entreguen a principios del próximo año, incluidos los de las familias Vera Rubin y Grace Blackwell. Para los compradores supone un incremento adicional de costes en un entorno donde las inversiones en hardware de IA ya son elevadas; para los accionistas, una muestra de poder de fijación de precios.
En el parqué, sin embargo, la reacción ha sido contenida. La acción cerró el martes en 182,46 euros, con un avance diario del 2,1%, pero en los últimos siete días acumula una caída del 2,1% y en el último mes un repunte del 5,5%. Queda un 9,9% para recuperar el máximo de 52 semanas, los 202,50 euros alcanzados en mayo. El título cotiza ligeramente por debajo de su media de 50 sesiones, situada en 180,80 euros, y el RSI de 47,4 refleja una posición neutral, sin dirección clara. La volatilidad anualizada a 30 días, del 36%, subraya el nerviosismo latente.
Los analistas han movido ficha en los últimos días. Cantor Fitzgerald reafirmó el lunes su recomendación de sobreponderar con un precio objetivo de 350 dólares, mientras que Oppenheimer había emitido el jueves pasado una valoración de outperform con un objetivo de 265 dólares. Ambas perspectivas se conocieron antes de que se cerraran los detalles definitivos del acuerdo de Ohio.
La pregunta que lo decide todo
Con las cuentas ya sobre la mesa, la cuestión que domina la mente de los inversores es una: ¿confirman los ingresos del segmento de centros de datos la expectativa de un billón de dólares en ventas combinadas de Blackwell y Rubin entre 2025 y finales de 2027 que esbozó Jensen Huang, su consejero delegado? El directivo habló de una demanda "parabólica" y la cartera de pedidos asciende a 119.000 millones de dólares, el listón contra el que se medirá la evolución real de los próximos trimestres.
Si las cifras y las perspectivas acompañan, el camino hacia el máximo anual queda despejado y la recuperación iniciada el lunes gana consistencia. Pero el margen de error es mínimo: un tropiezo, aunque sea leve, frente a la expectativa de un crecimiento cercano al 97%, o una guía más conservadora de lo deseado para el trimestre en curso, podría reavivar la corrección y devolver el título hacia su media de 50 sesiones o incluso por debajo. La reacción de los analistas y del mercado en las horas posteriores a la conferencia con los directivos marcará la pauta. Ahí se verá si la demanda parabólica de la que habla Huang se traduce en números o se queda en una promesa.
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