El gigante de los semiconductores transita por una fase de contrastes. La sed de infraestructura para inteligencia artificial no da tregua, lo que se traduce en subidas de precios y megacontratos. Sin embargo, dos nubles ensombrecen el horizonte: los problemas técnicos con su próxima arquitectura estrella y la parálisis comercial en China. La acción cotiza a 174,16 euros, con un retroceso mensual cercano al 10% y un 14% por debajo del récord de mayo en 202,50 euros.

El giro forzado en Rubin Ultra
Nvidia ha modificado sobre la marcha el diseño de su GPU Rubin Ultra. Lo que iba a ser un chip de cuatro troqueles se convierte ahora en una configuración de dos, debido a dificultades en el proceso de empaquetado. Esta decisión, tomada en plena producción, reduce a la mitad el número de módulos de memoria —de 16 a 8— y, por tanto, el rendimiento por chip. La compañía planea compensar esa pérdida a nivel de sistema mediante disposiciones especiales en las placas servidoras.
Pese al contratiempo, la plataforma Vera Rubin entró en producción en serie a principios de junio. Los primeros lotes llegarán en otoño a ocho grandes operadores de nube. Los analistas de SemiAnalysis anticipan una sorpresa positiva: los ingresos del negocio de centros de datos en el segundo semestre del ejercicio 2027 podrían superar las expectativas del mercado en un 20%, gracias a la resolución de los anteriores cuellos de botella en el suministro de memoria.
El agujero chino se agranda
El frente geopolítico sigue siendo el talón de Aquiles de Nvidia. El chip H20, diseñado para cumplir con las restricciones de exportación, requiere desde abril de 2025 una licencia especial de Washington. Además, un acuerdo heredado de la administración Trump exige que Pekín ceda el 25% de los ingresos por ventas, una condición que el gobierno chino considera inaceptable.
La consecuencia es directa: las empresas chinas, presionadas por Pekín, evitan el H20. En el primer trimestre del ejercicio 2026 Nvidia ya anotó un cargo de 4.500 millones de dólares por inventarios excedentes. Para el segundo trimestre, la dirección prevé cero ventas del H20 en el gigante asiático, lo que equivale a una pérdida de ingresos de unos 8.000 millones de dólares. China representó el 13% de los ingresos totales en el ejercicio 2025, unos 17.110 millones, pero ese porcentaje se está reduciendo drásticamente.
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Cada trimestre que pasa sin chips de Nvidia refuerza a la competencia local. Empresas como DeepSeek recurren cada vez más a hardware de Huawei. Si esta interrupción se prolonga, las alternativas chinas podrían consolidarse como estándar en los centros de datos del país. Jensen Huang, consejero delegado, se ha alineado claramente con los intereses de Washington, advirtiendo de que no dará soporte a quien intente burlar las sanciones.
Precios al alza y una megafactoría en Indonesia
La escasez de capacidad de cómputo permite a Nvidia y sus socios elevar los precios. Amazon Web Services incrementó un 20% las tarifas de determinados servicios de computación a partir del 1 de julio. El alquiler de las GPU H100 ha subido alrededor de un 40% desde octubre pasado.
Paralelamente, Nvidia acelera su expansión geográfica. Una alianza con Firmus Technologies contempla la construcción de una fábrica de inteligencia artificial en Indonesia. Para 2028 albergará hasta 170.000 aceleradores de Nvidia. Firmus calcula que los contratos con clientes en los primeros seis años podrían alcanzar los 30.000 millones de dólares.
Cimientos sólidos y soporte técnico
A pesar de los vientos en contra, el núcleo del negocio se mantiene robusto. En el primer trimestre del ejercicio 2027, los ingresos del segmento de centros de datos casi se duplicaron hasta 75.200 millones de dólares. La compañía prevé generar más de 96.000 millones de dólares de flujo de caja libre este año, de los cuales la mitad se destinará a recompras de acciones y dividendos.
El precio de la acción encuentra soporte en la media móvil de 200 días, situada en 163,91 euros, aunque a finales de junio perdió la media de 50 días, una señal técnica de cautela. Los analistas mantienen un optimismo moderado: el precio objetivo medio alcanza los 262,17 euros, lo que sugiere un considerable potencial alcista si se despeja el horizonte geopolítico. La resolución del dilema chino sigue siendo la pieza clave para que el título abandone el actual rango de consolidación. Hasta entonces, la paciencia se impone como la mejor estrategia.
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