La semana que viene, Nvidia se juega algo más que un trimestre. Cuando el próximo miércoles 26 de agosto abra sus libros correspondientes al segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2027, el fabricante de chips pondrá a prueba una tesis que sostiene a media Wall Street: que el gasto en inteligencia artificial no solo no se desacelera, sino que sigue acelerando a un ritmo difícil de digerir para la lógica financiera convencional.

Las cifras que manejan los analistas tienen poco de convencionales. El consenso del mercado espera unos ingresos de 92.040 millones de dólares, lo que supondría un salto del 95% respecto al mismo periodo del año anterior, con un beneficio por acción de 2,09 dólares frente a los 1,05 previos. Pero hay quien va más lejos: en Jefferies, Blayne Curtis proyecta ventas de 95.000 millones de dólares para el trimestre y ya anticipa 108.000 millones para el siguiente, muy por encima de los 104.000 millones que estima el consenso. La demanda de infraestructura para IA y el arranque de la producción de la nueva arquitectura Vera Rubin sostienen esas previsiones.
Un valor que cotiza entre dos aguas
El comportamiento bursátil del valor en las últimas sesiones refleja una tensión que no se veía desde hace meses. En el mercado alemán, el título cerró el jueves en 185,60 euros, con un descenso del 4,7% en la semana. Desde el máximo de 52 semanas, situado en 202,50 euros, la distancia es de algo más del 8%, mientras que el avance acumulado en lo que va de año sigue siendo positivo, en torno al 16%. El título cotiza un 2,7% por encima de su media de 50 días.
Lo más llamativo no es el precio, sino la brecha que separa a los distintos tipos de inversor. Según Stocktwits, el posicionamiento minorista se describe como "extremadamente bajista", justo antes de una cita en la que 32 de los 33 analistas que cubren el valor recomiendan comprar, con un precio objetivo medio de 305,86 dólares. Rara vez se ha visto una distancia tan pronunciada entre la nerviosidad del pequeño inversor y el optimismo casi unánime de las firmas de inversión.
En Oppenheimer, Rick Schafer califica la dinámica de "irreal" y fija su objetivo en 265 dólares, apoyándose en la próxima generación Blackwell Ultra y en la plataforma VR200. RBC Capital, con un precio objetivo de 300 dólares, añade otro elemento a la ecuación: el negocio de CPU podría generar hasta 20.000 millones de dólares en ingresos a través de la plataforma Rubin, más otros 10.000 millones en el segundo semestre. Ese segundo pilar, al margen de los aceleradores gráficos clásicos, serviría para alargar la historia de inversión.
El precio de la euforia
Toda historia de crecimiento tiene su contrapartida. Un PER forward de 16 veces sobre las estimaciones del consenso puede parecer contenido si se cumple la esperada duplicación del beneficio, pero esa premisa es justamente lo que está en juego. Si la presión sobre los márgenes se intensifica, la valoración podría escalar hasta las 20 veces sin que el precio se mueva un solo dólar. El índice de semiconductores de Filadelfia cotiza ya un 20% por debajo de su máximo, una señal de que el sector entero respira con dificultad.
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Ni siquiera entre los grandes gestores hay consenso. Chase Coleman, de Tiger Global, recortó su participación en Nvidia durante el segundo trimestre en un 7% y redirigió ese capital hacia Cerebras e Intel. Un movimiento que sugiere que incluso los alcistas más convencidos de la IA buscan diversificar dentro del propio sector de chips, en lugar de concentrar todo su riesgo en un solo nombre.
China, el otro frente abierto
Mientras tanto, la compañía continúa su delicado equilibrio geopolítico con Pekín. Tras la relajación de las restricciones a la exportación, ByteDance y Tencent han recibido ya alrededor de 10.000 chips H200 cada una, con autorizaciones para hasta 100.000 unidades por empresa. Ese canal podría traducirse en hasta 30.000 millones de dólares de ingresos adicionales, según cálculos recogidos por la prensa especializada.
En paralelo, Nvidia ha desmentido los rumores sobre el desarrollo de una "LPU" (unidad de procesamiento de lenguaje) diseñada exclusivamente para China bajo licencia de Groq, una vía que supuestamente habría explorado para sortear las limitaciones impuestas por Washington. La compañía niega que existan ventas de LPU en el mercado chino ni planes para un producto de esas características. Lo que sí ha confirmado es que la plataforma Vera Rubin está en plena producción, con las primeras entregas a socios como Microsoft Azure y CoreWeave previstas para la segunda mitad de 2026. También circulan informes no confirmados sobre variantes del acelerador Rubin Ultra con memoria HBM4 en lugar de HBM4E, debido a los cuellos de botella de suministro en SK Hynix y Micron.
La maquinaria financiera se pone en marcha
Detrás de las cifras trimestrales se esconde una apuesta de mayor calado. Junto a Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR, Nvidia ha puesto en marcha plataformas independientes de financiación de cómputo con las que aspira a movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros para expandir la infraestructura de IA. La SEC ha flexibilizado las reglas de titulización para inversiones en centros de datos, un movimiento que ha hecho posible esta estructura de colaboración.
S&P Global Ratings ha confirmado el rating de emisor "AA" con perspectiva estable, aunque advierte de que las nuevas garantías crediticias para infraestructura de IA aumentan la exposición similar a deuda, si bien el efecto sobre los ratios crediticios sigue siendo moderado.
La compañía también ha comunicado, a través de su informe 13F, la tenencia de 122,76 millones de acciones de SpaceX al cierre del segundo trimestre de 2026, una posición heredada de la absorción de xAI por parte de la empresa de Elon Musk. Y el pasado 17 de agosto anunció una alianza con SB Energy para asegurarse terreno, energía y capacidad de construcción en el campus tecnológico PORTS-Pike de Ohio, donde OpenAI tiene previsto alquilar ocho gigavatios de capacidad durante 20 años. Nvidia invertirá 1.500 millones de dólares en SB Energy y aportará garantías crediticias.
Con todo ese entramado sobre la mesa, la cita del 26 de agosto llega cargada de significado. Las expectativas son tan altas que quizá resulten difíciles de superar. Pero entre tanto, la acción de Nvidia seguirá funcionando como lo que ha sido durante meses: un sismógrafo que registra hasta el más mínimo temblor en la fe colectiva por la inteligencia artificial.
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