Michael Burry vuelve a la carga. El inversor que se hizo célebre por anticipar el colapso inmobiliario de 2008 ha revelado posiciones cortas contra Nvidia y otros pesos pesados tecnológicos, y su tesis merece atención: la inteligencia artificial se ha convertido en un pilar estructural de la economía estadounidense, hasta el punto de que Washington difícilmente permitiría que el boom se desmorone. El argumento es sugerente, aunque quienes apuestan a la baja parecen subestimar la posición de dominio del fabricante de chips.

Un entramado de 573.000 millones bajo la lupa
El escepticismo de Burry se apoya en un informe reciente de Ares Management. El gestor de activos describe una red de financiación de aproximadamente 573.000 millones de dólares articulada en 26 operaciones a lo largo de los últimos doce meses. Mediante créditos, arrendamientos y avales, compañías como Microsoft, Meta, Google y la propia Nvidia aparecen fuertemente entrelazadas.
El dato que Ares considera más inquietante es la pérdida de valor de los aceleradores H100: su valor residual cayó un 51% en un periodo de tres años. Ese desplome del precio de la hardware de segunda mano expone el punto débil de los operadores de centros de datos que expanden capacidad a marchas forzadas. Cuando los procesadores se deprecian más rápido de lo que se amortizan las deudas contraídas para comprarlos, los balances de los clientes empiezan a tambalearse.
Ahora bien, ese mismo riesgo se transforma en ventaja para el fabricante. Los hiperescaladores no pueden permitirse tecnológicamente quedarse anclados en equipos obsoletos: para mantener su competitividad están obligados a renovar de forma continua hacia las generaciones más recientes de Nvidia.
La demanda no se detiene: de Meta a xAI
Concentrar la facturación en unos pocos clientes entraña peligros, cierto. Pero mientras gigantes como Meta o xAI —el proyecto de Elon Musk— sigan cursando pedidos multimillonarios, la maquinaria de la demanda seguirá girando a pleno rendimiento. La compañía de Musk ultima la puesta en marcha de 220.000 procesadores GB300 adicionales, y su superclúster Colossus 2 ya integra 110.000 unidades GB200 junto a 440.000 GB300, con planes de ampliación aún mayores para los próximos meses.
Para blindar ese volumen desde el lado de la fabricación, Jensen Huang, consejero delegado del grupo, estrecha lazos con los principales productores de memoria. Este lunes se reúne en Nueva York con la cúpula de Samsung y de SK para abordar el suministro de las futuras generaciones de memoria HBM4E y HBM5. En los componentes de alto rendimiento, Nvidia no deja nada al azar, y de paso eleva aún más las barreras de entrada para sus competidores.
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El frente chino: una puerta que se entreabre
Las zanjas geopolíticas se trazan de un plumazo, pero las realidades económicas no se borran con la misma facilidad. Desde que los controles estadounidenses a la exportación recortaron drásticamente la venta de aceleradores punteros hacia Asia Oriental, el gigante asiático quedó prácticamente fuera del mapa para las grandes operaciones de hardware de Nvidia. La compañía, de hecho, incluyó cero ingresos procedentes de centros de datos chinos en su previsión de 108.000 millones de dólares de facturación para el tercer trimestre en curso.
Sin embargo, la gravedad tecnológica termina imponiéndose. Según el medio sectorial estadounidense The Information, el Ministerio de Industria chino evalúa si permitir que grandes tecnológicas nacionales como Alibaba y ByteDance adquieran nuevos chips de estación de trabajo RTX Pro 5500. El organismo habría solicitado cifras concretas de unidades y usos previstos, y ByteDance ya baraja una necesidad preliminar de alrededor de un millón de equipos. No hay autorización concedida ni confirmación oficial, pero la señal es elocuente: incluso bajo restricciones severas, el ansia por la arquitectura puntera occidental sigue intacta.
No es casual que el interés recaiga precisamente sobre la RTX Pro 5500. El chip se basa en la moderna arquitectura Blackwell, ofrece 84 gigabytes de memoria GDDR7 y está orientado formalmente a estaciones de trabajo profesionales. En el sector se especula con que este tipo de tarjetas podría no quedar sujeto a los mismos vetos estadounidenses que los procesadores de servidor de altas prestaciones. Hasta ahora, las ventas fuertemente limitadas del H200 representaban, según Susan Li, menos del 1% de la facturación de centros de datos de Nvidia. Un acceso autorizado a aceleradores de estación de trabajo supondría un alivio notable para las empresas chinas de inteligencia artificial.
Para Nvidia se dibuja un patrón llamativo: lo que se cierra en la puerta principal por regulación política, se cuela por cualquier ventana, por estrecha que sea. Si Pekín acaba dando luz verde a la compra y Washington no interpone un obstáculo, la compañía accedería a una demanda adicional que hoy figura como cero en sus previsiones. Y aunque la autorización naufragara en los trámites burocráticos, la conclusión de fondo no cambiaría: el mundo tiene sed de capacidad de cómputo.
Más allá de las GPU: el asalto al conjunto de la cadena
Nvidia no se acomoda en su papel de monopolista de las GPU. La directora financiera, Colette Kress, ya anticipó para el ejercicio en curso 20.000 millones de dólares de ingresos en el segmento puro de CPU. La empresa ocupa de forma sistemática toda la cadena de valor de los centros de datos, una estrategia que amplía su perímetro mucho más allá del silicio para inteligencia artificial.
La operativa contradice el relato catastrofista
En el parqué, el ataque de Burry se tradujo hoy en un descenso leve del 0,9%, hasta 195,94 euros. Nada que se parezca al pánico: el valor sigue cotizando muy cerca de su máximo de 52 semanas, fijado en 202,50 euros. El viernes, el título cerró a 197,76 euros, con una revalorización del 23% desde el arranque del año, a apenas un 2,3% de ese techo anual.
Las advertencias de Burry sobre riesgos sistémicos en la segunda línea de la infraestructura de IA tienen fundamento. Pero para el líder indiscutible del sector pesan más las oportunidades: mientras las corporaciones más solventes del planeta hagan cola para comprar sus chips, los beneficios operativos de Nvidia volverán a dejar en evidencia a los bajistas.
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