La paradoja de Nvidia se resume en una cifra: 96.220 millones de dólares de ingresos en el segundo trimestre fiscal, un 106% más que el año anterior y muy por encima de los 92.170 millones que esperaba el consenso. El beneficio por acción de 2,22 dólares también superó las proyecciones. Y, sin embargo, la acción cayó. No por lo que ocurrió, sino por lo que viene.

La compañía anticipa que su margen bruto bajará al 74% en el tercer trimestre y podría situarse entre el 71% y el 72% en el cuarto, lastrado por el encarecimiento de la memoria HBM necesaria para la nueva plataforma Vera Rubin. La reacción del mercado no se hizo esperar: el título cedió un 2,6% desde el jueves, hasta los 190,58 euros, tras cerrar en 195,60 euros la jornada anterior. Queda así un 5,9% por debajo del máximo de 52 semanas de 202,50 euros, alcanzado a mediados de mayo.
El coste oculto del crecimiento
Detrás de esa compresión de márgenes se esconde una transformación silenciosa del modelo de negocio. Las cuentas a cobrar se dispararon un 127% interanual, hasta 63.100 millones de dólares, porque Nvidia ha ampliado a 60 días el plazo de pago a sus grandes clientes. El flujo de caja libre, en paralelo, se desplomó de 48.600 millones a 21.300 millones de dólares en solo un trimestre, absorbido por el capital circulante.
A ello se suman compromisos plurianuales de suministro y capacidad por valor de 279.000 millones de dólares, un 135% más que en el trimestre anterior, impulsados sobre todo por la compra de memoria para la rampa de Vera Rubin. El consejero delegado, Jensen Huang, lo resumió con una fórmula que ya es un clásico: la compañía está "limitada por la oferta pese a una demanda ilimitada". Su promesa de un crecimiento de ingresos de alrededor del 70% para el ejercicio 2028 es, conviene recordarlo, una proyección y no un resultado garantizado.
Más allá del silicio: el nuevo papel de Nvidia
Mientras los inversores digieren esas cifras, el grupo acelera su metamorfosis. El 24 de agosto, Nvidia anunció que su acelerador de inferencia Groq 3 LPX, una extensión de la plataforma Vera Rubin, ha alcanzado la producción en serie. Los resultados de los benchmarks de Artificial Analysis son llamativos: 3.400 tokens de salida por segundo sobre el modelo Gemma 4 31B con un contexto de 100.000 tokens, el valor más rápido jamás medido según la propia compañía. Tareas de codificación que antes requerían horas podrían completarse en minutos, con una ventaja de velocidad cuatro veces superior a la alternativa más cercana.
El primer gran cliente será Nebius, cuyo despliegue en racks de 256 chips junto a las CPU Vera y las GPU Rubin está previsto para este mismo año a través de la Nebius Token Factory. SpaceXAI, por su parte, adoptará las CPU Vera para aplicaciones de IA agéntica — la primera CPU diseñada específicamente para agentes de inteligencia artificial, según la empresa.
Pero el movimiento más ambicioso tiene nombre propio: Ohio. Junto a SB Energy, Nvidia ha sellado una alianza en el campus tecnológico PORTS-Pike para operar capacidad de cómputo destinada a OpenAI. SB Energy construirá y gestionará el centro de datos bajo un contrato de arrendamiento de 20 años con OpenAI, mientras Nvidia aporta una línea de financiación de hasta 105.000 millones de dólares. La capacidad inicial será de 4,25 gigavatios, ampliable en otros 3,75, con entrada en funcionamiento por fases hasta 2028. Además, el grupo invertirá 1.500 millones de dólares directamente en SB Energy.
Acciones de Nvidia: ¿Comprar, mantener o vender? Descarga gratuita de tu análisis de Nvidia - Obtén la respuesta que andabas buscando.
Señales mixtas para el inversor
El mercado, entretanto, asiste a un tira y afloja entre catalizadores y advertencias. El negocio de centros de datos creció un 117%, hasta 89.000 millones de dólares, y la plataforma Vera Rubin debería aportar ya un 20% de las ventas del segmento en el tercer trimestre. La ampliación del acuerdo con Annapurna Labs de Amazon, que integrará la memoria NVHBM y NVLink Fusion de Nvidia en las instancias Trainium de AWS, confirma que la demanda no depende exclusivamente de los chips propios.
El consejo de administración ha autorizado un programa adicional de recompra de acciones por 80.000 millones de dólares, después de que en el trimestre ya se devolvieran 26.000 millones entre recompras y dividendos. Varias firmas de análisis han elevado sus precios objetivos: Truist Securities lo sitúa en 346 dólares y Wedbush en 345, ambas con recomendación de compra.
No faltan, sin embargo, motivos de cautela. La directora financiera, Colette Kress, fue explícita: la guía del tercer trimestre contempla cero ingresos procedentes del negocio de centros de datos en China, debido a las restricciones a la exportación impuestas por Estados Unidos. Si esa premisa resultara optimista o las restricciones se endurecieran, desaparecería una palanca de crecimiento potencial. Los registros regulatorios muestran además que los directivos vendieron acciones por valor de 1.700 millones de dólares en los últimos doce meses, sin que se hayan registrado compras — un dato que, en un contexto de márgenes a la baja, alimenta cierta inquietud.
La adquisición prevista de Hugging Face, el proveedor de IA de código abierto, por 12.900 millones de dólares — adelantada por Reuters — inmovilizará más capital y plantea riesgos de integración cuyo desenlace solo se conocerá en los próximos trimestres.
La ecuación que define el futuro
Nvidia se encuentra en una encrucijada poco habitual para un líder tecnológico: crecer tan deprisa que el coste de ese crecimiento — en márgenes, flujo de caja y capital comprometido — empieza a pesar en la valoración. La apuesta por convertirse en socio financiero e infraestructura de los mayores proyectos de IA del mundo, como demuestran Ohio o los acuerdos con Nebius y SpaceXAI, ata a la compañía a sus clientes durante años. Eso tiene ventajas evidentes, pero también implica una inmovilización de recursos prolongada.
Si la erosión del margen se mantiene dentro de la banda comunicada y la rampa de Vera Rubin gana tracción según lo previsto, la historia de inversión permanece intacta. Si, por el contrario, el margen cae más de lo anunciado o el flujo de caja libre sigue deprimido durante varios trimestres, la presión sobre la valoración será mayor que la de un simple pronóstico decepcionante.
El próximo hito concreto para los accionistas es el dividendo de 0,25 dólares por acción, que se abonará el 1 de octubre a quienes figuren en el registro del 10 de septiembre. Un recordatorio puntual de que, en medio de la tormenta de cifras, la pregunta de fondo sigue siendo cuánto está dispuesto el mercado a pagar por el crecimiento más rápido de la historia del semiconductor.
Nvidia: ¿Comprar o vender? El nuevo Análisis de Nvidia del 28 de agosto tiene la respuesta:
Los últimos resultados de Nvidia son contundentes: Acción inmediata requerida para los inversores de Nvidia. ¿Merece la pena invertir o es momento de vender? En el Análisis gratuito actual del 28 de agosto descubrirá exactamente qué hacer.
Nvidia: ¿Comprar o vender? ¡Lee más aquí!
