La línea que separa a Nvidia de ser un simple proveedor de semiconductores a convertirse en el arquitecto financiero de toda la industria de la inteligencia artificial se ha difuminado por completo en las últimas semanas. Entre garantías millonarias, inversiones estratégicas y un dementeo puntual, el gigante californiano ha desplegado una ofensiva que redefine su papel en el mercado.

La maquinaria financiera en marcha
El movimiento más llamativo se concretó el 18 de agosto, cuando se confirmó que Nvidia otorgará a OpenAI una garantía de hasta 105.000 millones de dólares para la renta de un campus de centros de datos en Ohio, desarrollado por SB Energy, filial de SoftBank. La operación incluye además una inyección directa de 1.500 millones de dólares en SB Energy, y convierte a Nvidia en proveedor exclusivo de chips para las instalaciones.
Las cifras de esta operación han sufrido vaivenes significativos. Apenas tres días antes se hablaba de una posible inversión de hasta 3.000 millones de dólares en SB Energy, respaldada por un paquete crediticio de unos 100.000 millones. Reuters llegó a informar el 14 de agosto que Nvidia había recortado sus compromisos para el proyecto desde los 250.000 millones inicialmente discutidos hasta menos de 120.000 millones en volumen de garantías. El patrón, sin embargo, permanece intacto: el fabricante asegura demanda futura financiando la infraestructura que terminará comprando sus propios procesadores.
La capacidad inicial del campus será de 4,25 gigavatios, con opción de ampliarse en otros 3,75 gigavatios, y se espera que comience a operar a partir de 2028. Un horizonte que evidencia una estrategia pensada para una década, no para un trimestre.
Un ecosistema que se sostiene sobre múltiples pilares
La operación de Ohio no es un caso aislado. El 10 de agosto, Nvidia firmó cartas de intención con seis gigantes financieros —Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR— para movilizar más de 500.000 millones de dólares destinados a infraestructura de IA. El propio Jensen Huang, consejero delegado, llegó a afirmar en X que Nvidia podría respaldar hasta 125.000 millones de dólares de esa suma, una cuarta parte del total. Días después, Reuters reveló que Goldman Sachs ya negociaba con otros inversores para sumarse a ese vehículo.
A esto se añade la entrada en Cloverleaf Infrastructure, desarrollador de centros de datos, anunciada el 21 de agosto. Aunque los detalles financieros no trascendieron, se sabe que la participación es minoritaria y que Cloverleaf utilizará la plataforma DSX de Nvidia. La operación se suma a la participación de aproximadamente 5.000 millones de dólares en Safe Superintelligence, cerrada en julio.
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Toda esta cascada de inversiones contrasta con el programa de recompra de acciones de 80.000 millones de dólares autorizado en mayo y con una dividendo trimestral que fue multiplicado por 26. El capital que se destina a financiar el ecosistema es capital que no regresa a los accionistas, y esa tensión no ha pasado desapercibida en el mercado.
El frente tecnológico y los precios al alza
Mientras el capital fluye hacia infraestructura, Nvidia también refuerza su posición en el plano tecnológico. El 21 de agosto, la compañía publicó resultados de investigación sobre arquitecturas de agentes de IA: un "harness" desarrollado internamente, con componente supervisor, habría elevado el rendimiento del modelo Claude Opus 5 en el benchmark ARC-AGI-3 desde un 30% hasta un 100% de aciertos.
Ese mismo día, BMO Capital inició cobertura sobre la acción con un precio objetivo de 340 dólares y una calificación de "Outperform", describiendo a Nvidia como "líder del mercado en sistemas completos de IA" con un "stack tecnológico totalmente integrado".
En paralelo, Reuters informó el 22 de agosto que Nvidia ha comunicado a sus grandes clientes una subida de precios superior al 15% en los servidores con sus chips de IA, afectando a los sistemas que se entregarán a principios del próximo año, incluidas las plataformas Vera Rubin y Grace Blackwell. El motivo: el encarecimiento de los chips de memoria, señal de que la presión se extiende por toda la cadena de suministro.
Una nota discordante y la reacción del mercado
No todas las noticias fueron bien recibidas. El 20 de agosto, Nvidia desmintió un informe de The Information que aseguraba que la compañía lanzaría antes de fin de año un procesador de lenguaje adaptado específicamente para China. La empresa negó tener una unidad de ese tipo en su hoja de ruta y afirmó que no hay ventas actuales de LPU en el país asiático.
La cotización refleja cierta cautela. El viernes, la acción cerró en 183,78 euros en su equivalente europeo, con una caída del 5,5% en siete días. Otras referencias sitúan el precio en 184,28 euros, con un descenso semanal del 5,2% y un avance mensual del 1,2%. Desde el máximo de 52 semanas, alcanzado en mayo en 202,50 euros, el retroceso ronda el 9%. Pese a todo, el título acumula una subida cercana al 15% en lo que va de año.
La pregunta que queda flotando es si un fabricante puede ser simultáneamente proveedor y financiador de la misma demanda sin que ambas funciones acaben chocando. Por ahora, Nvidia parece decidida a demostrar que sí, aunque el precio de esa apuesta —en capital comprometido y en paciencia de los accionistas— es cada vez más elevado.
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