La transformación de Nvidia en los últimos meses desafía cualquier categoría tradicional de la industria tecnológica. El fabricante de semiconductores ya no se limita a producir los procesadores que alimentan la revolución de la inteligencia artificial: ahora también garantiza préstamos, compra participaciones en proveedores de energía y respalda con su propio balance la construcción de los centros de datos que consumirán sus chips.

El último movimiento llegó el 27 de julio, cuando la compañía anunció una alianza estratégica con Safe Superintelligence Inc. (SSI). Según Bloomberg, el acuerdo asciende a 5.000 millones de dólares e incluye una inversión directa de Nvidia en la empresa. SSI podrá multiplicar su capacidad de cómputo gracias al acceso a la próxima plataforma Vera Rubin del fabricante.
Pero la operación con SSI es solo una pieza de un tablero mucho más ambicioso. El fin de semana pasado, Reuters reveló que Nvidia negocia una inversión de hasta 3.000 millones de dólares en SB Energy, la filial de SoftBank Group que desarrolla el proyecto de centro de datos en Ohio para OpenAI. Las conversaciones incluyen además un posible respaldo crediticio de Nvidia para el campus.
Una garantía que se recalibra
La cuestión del crédito ilustra con precisión hasta dónde ha llegado el cambio de rol. Inicialmente, Nvidia había contemplado garantizar hasta 250.000 millones de dólares para el proyecto de Ohio, pero Reuters informó el viernes que esa cifra se ha reducido a menos de 120.000 millones, limitándose a la primera fase de construcción.
Esa rebaja podría leerse como prudencia. En realidad, supone una redefinición del riesgo que un fabricante de chips está dispuesto a asumir para que su principal cliente pueda construir. La lógica se repite en todo el programa estival de la compañía: a principios de agosto, Nvidia comprometió hasta 3.000 millones de dólares en Lancium, el proveedor eléctrico del campus texano de Stargate. De esa cantidad, 2.000 millones se desembolsaron de inmediato a cambio de aproximadamente un 20% del capital, mientras que el billón restante llegará al alcanzar ciertos hitos.
Quien quiera vender capacidad de cómputo, parece ser la nueva máxima de Nvidia, primero debe asegurarse de que fluya la electricidad y se vierta el hormigón.
La arquitectura financiera del ecosistema
Por encima de todas estas operaciones individuales se erige la alianza anunciada hace una semana con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR, que pretende movilizar más de 500.000 millones de dólares en capital de terceros para infraestructuras de IA.
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Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, ha confirmado que la compañía se reserva la opción de asegurar hasta 125.000 millones de dólares —una cuarta parte de los posibles acuerdos— con su propio balance. Reuters añade que Goldman Sachs ya está conversando con otros inversores interesados en sumarse a la iniciativa.
El resultado es una arquitectura financiera en la que el fabricante de chips no solo suministra, sino que también avala, invierte y decide el ritmo al que se levantan los centros de datos de la industria. Las operaciones con SB Energy y Lancium funcionan como piezas de ese engranaje mayor.
El mercado, a la espera de los resultados
Los inversores han recibido la estrategia con moderado optimismo. La acción cerró el viernes en 194,74 euros, un descenso del 0,4% en la jornada, aunque acumula una subida del 5,1% en el último mes y del 22% desde comienzos de año. El 52 semanas máximo, fijado en 202,50 euros el 14 de mayo, queda a un 3,8% de distancia.
La serie de inversiones de las últimas semanas —desde la participación en SSI hasta la alianza multimillonaria con los grandes fondos, pasando por el acuerdo con SK Group anunciado hace tres semanas que ha impulsado el valor un 7%— evidencia hasta qué punto Nvidia actúa ya como capitalista del ecosistema que él mismo creó.
Un respaldo significativo llegó a principios de agosto cuando Elon Musk declaró al Wall Street Journal que SpaceX utilizará exclusivamente chips de Nvidia en el futuro. Para una compañía que está invirtiendo miles de millones en los cimientos del sector, esa confirmación de un cliente tan prominente tiene un valor incalculable.
La cita decisiva será el 26 de agosto, cuando Nvidia presente los resultados del segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027, cerrado el 26 de julio. Bank of America estima que la compañía superará con claridad sus propias previsiones: los analistas calculan unos ingresos de entre 94.000 y 95.000 millones de dólares, frente a la guía de 91.000 millones emitida por la propia empresa, lo que supondría un excedente de 3.000 a 4.000 millones.
Una declaración 13F presentada ante la SEC el 14 de agosto refleja además que los inversores institucionales mantienen posiciones por valor de 63.400 millones de dólares en Nvidia, un indicador del persistente apetito de las grandes gestoras por el valor, aunque los datos correspondan a finales de marzo.
Queda por ver si el carrusel financiero se traduce en cifras operativas contundentes o si, como sugieren algunos, Nvidia está simplemente prefinanciando la demanda de sus propios productos. La respuesta llegará en apenas unos días.
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