Hay semanas en las que los movimientos silenciosos de una compañía dicen más que sus grandes anuncios. Nvidia acaba de atravesar una de ellas: mientras el mercado digiere todavía los 96.200 millones de dólares de facturación trimestral presentados el 26 de agosto, el fabricante de chips ha movido piezas en dos frentes que, vistos en conjunto, dibujan una estrategia más matizada de lo que sugieren las cifras récord.

Por un lado, la compañía ha confirmado un dividendo trimestral de 0,25 dólares por acción, que se abonará el 1 de octubre a los accionistas registrados el 10 de septiembre. Un gesto casi clásico para una empresa cuya narrativa vive instalada en las tasas de crecimiento y los acuerdos de centros de datos, pero que envía una señal clara a los inversores más conservadores: detrás del frenesí de la inteligencia artificial hay un flujo de caja capaz de sostener retribuciones periódicas.
Por otro lado, y esto resulta más relevante, Reuters ha informado —citando al Wall Street Journal— de que Nvidia ha puesto en pausa varios acuerdos de reparto de ingresos vinculados a su programa de financiación para clientes de la nube de IA. El mecanismo era sencillo sobre el papel: el fabricante ofrecía apoyo crediticio a cambio de un porcentaje de los ingresos futuros de sus clientes. Un esquema que, en la práctica, convertía al propio Nvidia en financiador de su demanda.
Una demanda que se encarece
La decisión de congelar parcialmente ese modelo plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto de la espectacular demanda de sus chips es orgánica y cuánta ha sido apuntalada por el propio balance de la compañía? Un portavoz de Nvidia ha insistido en que el modelo de negocio sigue vigente y en evolución constante, pero la duda sobre la sostenibilidad de estas estructuras financieras lleva meses alimentando el debate sobre la solidez del auge de la IA.
En paralelo, Bloomberg ha informado de que algunos clientes han recibido comunicaciones sobre subidas de precios superiores al 15% en servidores de IA que se entregarán a principios del próximo año. Los incrementos, motivados por el encarecimiento de los chips de memoria, afectarían también a los futuros sistemas Vera Rubin y Grace Blackwell. Reuters no ha podido verificar estos datos de forma independiente y Nvidia no ha hecho comentarios al respecto.
Las dos noticias —precios al alza y financiación en pausa— pueden leerse como caras de la misma moneda: Nvidia reduce su exposición al riesgo crediticio mientras el mercado demuestra disposición a pagar más por el hardware. Una combinación que, de confirmarse, reforzaría la posición negociadora del fabricante.
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El mercado, entre la cautela y la confianza
Pese a las incertidumbres, la hoja de ruta de crecimiento sigue intacta. Para el tercer trimestre, Nvidia proyecta unos ingresos de 108.000 millones de dólares, con un margen de fluctuación de más o menos el 2%. Para el próximo ejercicio fiscal, la compañía anticipa un crecimiento de aproximadamente el 70%, una cifra que, según Reuters, se utilizó en la llamada con analistas posterior a los resultados como evidencia de que la demanda de IA se mantendrá al menos hasta 2028.
El mercado, por su parte, parece haber elegido bando. La acción cerró el lunes en 190,04 euros, con una subida del 1,2%, y acumula un avance del 4,2% en siete días y del 5,9% en el último mes. Cotiza muy por encima de su media de 50 sesiones (181,36 euros) y de la de 200 sesiones (168,90 euros). Eso sí, todavía se encuentra un 6,2% por debajo del máximo de 52 semanas de 202,50 euros, alcanzado a mediados de mayo.
En la sesión más reciente, el título ha retrocedido ligeramente hasta los 187,78 euros, un descenso del 1,2% que deja la distancia respecto al récord en el 7,3%. Movimientos menores que reflejan una acción atrapada entre dos relatos: el de la máquina de crecimiento imparable y el de una empresa que empieza a revisar sus propias arquitecturas de financiación.
Rumores que alimentan la narrativa
En este contexto de expectación, no han faltado las especulaciones. Reuters se hizo eco de un posible interés de Nvidia por adquirir Hugging Face, el proveedor de modelos de IA, por 12.900 millones de dólares, según The Information. La operación no ha sido confirmada por la compañía y debe tratarse como puro rumor de mercado, aunque encaja en la lógica de un fabricante que busca controlar también la capa de software sobre la que se ejecuta su hardware.
La compañía también ha desmentido un informe sobre un chip LPU específico para China, asegurando que no tiene ese producto en su hoja de ruta ni realiza ventas de LPU en el país. El patrón es conocido: una empresa que crece tan rápido genera más rumores de los que puede desmentir.
El consejero delegado, Jensen Huang, calificó los últimos resultados como un punto de inflexión para la inteligencia artificial. La pregunta que queda sobre la mesa para los inversores no es si Nvidia seguirá creciendo —pocos lo dudan—, sino si ese crecimiento dependerá cada vez más de sus propios recursos o volverá a necesitar el apoyo de estructuras financieras que la propia compañía está ahora mismo recortando. La respuesta determinará si el auge de la IA descansa sobre cimientos sólidos o sobre un entramado de créditos y acuerdos que, por ahora, nadie sabe hasta dónde puede estirarse.
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