La transformación de Nvidia no se detiene. De ser el fabricante de chips más codiciado del planeta, el gigante tecnológico ha pasado a ejercer de prestamista de facto de toda una industria. Y esa metamorfosis, lejos de tranquilizar a los inversores, está generando una corriente de nerviosismo que ya se refleja en los precios de la deuda y en la cotización de la acción.

- El riesgo crediticio marca un récord histórico
- La acción pierde fuelle mientras los analistas mantienen la fe
- La alianza de seguridad que abre una brecha en el sector
- La sombra de la geopolítica y las investigaciones
- El dilema del balance: 259.000 millones de activos frente a 750.000 millones en garantías
- El punto de inflexión: el informe de resultados de agosto
El riesgo crediticio marca un récord histórico
Los mercados de crédito han lanzado una señal de alerta difícil de ignorar. El pasado 27 de julio, los seguros contra impago —los credit default swaps a cinco años— de Nvidia alcanzaron un máximo histórico de 82 puntos básicos. Fue el mayor salto diario en el riesgo crediticio de la compañía desde finales de 2025. La causa: un cúmulo de informaciones que apuntan a compromisos financieros que superan con creces el balance de la empresa.
Según diversas fuentes, Nvidia está negociando garantías y compromisos de financiación por un valor agregado superior a los 750.000 millones de dólares. Entre las operaciones más destacadas figura un respaldo de 250.000 millones para el macrocentro de datos que OpenAI planea construir en Ohio, con una capacidad de diez gigavatios que lo convertiría en el mayor jamás proyectado. A esto se suma un posible acuerdo con la SK Group valorado en 500.000 millones y un contrato de arrendamiento de centros de datos con Hut 8 en Texas por 50.000 millones.
La paradoja es evidente: Nvidia está proporcionando el capital que sus propios clientes necesitan para comprar los chips de Nvidia. Los críticos ya hablan de "financiación circular", un modelo que genera dudas sobre la sostenibilidad de la demanda.
La acción pierde fuelle mientras los analistas mantienen la fe
El mercado de renta variable ha recogido el mensaje con cautela. La acción de Nvidia cotiza en el entorno de los 173 euros, lo que supone un descenso cercano al 7% en una semana. El precio se sitúa por debajo de la media móvil de 50 sesiones, situada en torno a los 180 euros, aunque todavía se mantiene por encima de la media de 200 días, que ronda los 166 euros. Desde el máximo de 52 semanas, la caída alcanza el 14,45%.
A pesar de este panorama, el consenso de los analistas sigue siendo notablemente optimista. El precio objetivo medio se sitúa en 266,25 euros, lo que implica un potencial de revalorización de aproximadamente el 54% desde los niveles actuales. La confianza descansa en la demanda de las próximas generaciones de chips, Blackwell y Rubin, que podrían garantizar flujos de ingresos multimillonarios durante años.
En lo que va de año, la acción acumula una ganancia del 8,09%, y en los últimos doce meses, del 14,11%. Cifras que, aunque positivas, contrastan con la euforia vivida en ejercicios anteriores.
La alianza de seguridad que abre una brecha en el sector
Paralelamente al terremoto financiero, Nvidia ha dado un paso relevante en el terreno de la ciberseguridad. La compañía ha impulsado la creación de la Open Secure AI Alliance, una coalición que reúne a más de 35 empresas tecnológicas, entre ellas Microsoft, IBM, Cisco, CrowdStrike y la Linux Foundation. El objetivo es desarrollar herramientas abiertas para protegerse contra ciberataques impulsados por inteligencia artificial.
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El detonante de esta iniciativa fue un incidente de seguridad ocurrido en julio en la plataforma Hugging Face, donde los modelos abiertos demostraron una mayor resistencia que los sistemas cerrados de la competencia. La alianza pretende construir sistemas de protección —denominados agent harnesses— que impidan la manipulación de los agentes de IA.
La ausencia de nombres como OpenAI y Anthropic en la lista de miembros fundadores no ha pasado desapercibida. La iniciativa marca una línea divisoria cada vez más nítida entre los defensores del código abierto y los proveedores de sistemas cerrados, un debate que también ha llegado a los despachos de Washington.
La sombra de la geopolítica y las investigaciones
Mientras Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, se reunía esta semana con los senadores Mark Warner y Ted Cruz para abordar el impacto de la IA generativa en el empleo y la resiliencia de la cadena de suministro de semiconductores, otro frente se abría en Taiwán. El 24 de julio, las autoridades locales detuvieron a un alto directivo de Nvidia acusado de presunta participación en el contrabando de servidores de IA a China.
El Departamento de Comercio de Estados Unidos investiga si chips sujetos a controles de exportación han llegado a compradores chinos a través de rutas prohibidas. Si las pesquisas derivan en sanciones o en un endurecimiento de las restricciones, el principal motor de crecimiento de Nvidia podría sufrir un frenazo inesperado.
El dilema del balance: 259.000 millones de activos frente a 750.000 millones en garantías
El dato que más inquieta a los inversores es la desproporción entre el tamaño de Nvidia y los compromisos que está asumiendo. El activo total de la compañía ronda los 259.500 millones de dólares, una cifra muy inferior a los 750.000 millones en garantías que están sobre la mesa. Se genera así un riesgo fuera de balance que, en caso de que un socio importante como OpenAI incumpliera sus obligaciones, podría tener consecuencias graves.
Para ponerlo en perspectiva, si los credit default swaps de Nvidia continuaran su escalada hasta los 215 puntos básicos —el nivel en el que cotiza actualmente Oracle, una empresa con un perfil de riesgo más elevado—, la presión sobre la acción se intensificaría considerablemente.
El punto de inflexión: el informe de resultados de agosto
La cita clave para los inversores será la presentación de resultados del segundo trimestre fiscal de 2027, prevista para agosto. El mercado espera una confirmación oficial de los acuerdos de financiación y, sobre todo, claridad sobre si el consenso de ingresos de 91.790 millones de dólares es alcanzable sin recurrir a una mayor expansión del crédito.
Si Nvidia logra demostrar que sus ingresos descansan sobre flujos de caja líquidos y no sobre garantías contingentes, la acción podría recuperar el rumbo hacia el objetivo de los analistas. Por el contrario, si aumentan los impagos o surgen nuevas complicaciones legales derivadas del caso de Taiwán, el suelo de las 52 semanas, en 139,78 euros, podría convertirse en el próximo punto de referencia.
El mercado ha puesto a Nvidia en el banquillo. La pregunta ya no es solo cuántos chips venderá, sino quién los está pagando realmente.
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