Nvidia: el balance que ya no es solo de chips, sino de garantías, participaciones y una cita clave el 26 de agosto
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Nvidia: el balance que ya no es solo de chips, sino de garantías, participaciones y una cita clave el 26 de agosto

La transformación de Nvidia en los últimos meses va mucho más allá de la velocidad de sus procesadores. El fabricante de semiconductores ha ido tejiendo una red de compromisos financieros y participaciones accionariales que lo sitúan en un terreno poco habitual para un proveedor tecnológico: el de financiador de su propia demanda. Y todo ello queda ahora bajo el foco de los inversores, a la espera de los resultados del segundo trimestre fiscal, que se conocerán el 26 de agosto tras el cierre de Wall Street.

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Índice de Contenidos
  1. Un brazo inversor con tamaño de fondo soberano
  2. Garantías millonarias y la sombra de la financiación circular
  3. La hoja de ruta operativa, sin sobresaltos
  4. Expectativas de consenso y un mercado dividido
  5. El valor, entre el techo y la corrección

Un brazo inversor con tamaño de fondo soberano

La última comunicación regulatoria del grupo revela una cifra que ha pasado casi desapercibida frente al ruido de los lanzamientos de productos: su cartera institucional de inversiones alcanzó los 63.440 millones de dólares al cierre del trimestre del 30 de junio, lo que supone un salto del 245% respecto al periodo anterior. Una magnitud que ya no encaja con la idea clásica de una compañía que simplemente vende hardware.

La posición más relevante de ese portfolio no es, como cabría esperar, una startup de inteligencia artificial. Es Intel: 29.990 millones de dólares, cerca de la mitad del total. Le sigue una participación en SpaceX valorada en 20.980 millones de dólares que, según los documentos presentados ante el regulador, proviene de una inversión previa en xAI y no fue adquirida en el mercado secundario.

Esta estructura accionarial implica que quien compra acciones de Nvidia asume, de forma indirecta, una exposición a Intel, a SpaceX y a un entramado de participaciones cuya valoración depende de factores muy distintos a la venta de la próxima generación de GPUs. Una realidad que, inevitablemente, altera el perfil de riesgo del valor.

Garantías millonarias y la sombra de la financiación circular

Paralelamente, el grupo ha ampliado su papel como garante financiero de grandes proyectos de infraestructura. La compañía ha asumido garantías de crédito de hasta 105.000 millones de dólares para un nuevo centro de datos de inteligencia artificial en Pike County, Ohio, un campus que aspira a alcanzar los ocho gigavatios de potencia y que tendrá a OpenAI como inquilino principal. Además, Nvidia invertirá directamente 1.500 millones de dólares en SB Energy, filial de SoftBank, a cambio de convertirse en el proveedor exclusivo de capacidad de cómputo para todo el recinto.

La magnitud de estas operaciones ha despertado críticas. Mark Cuban, entre otros observadores del mercado, advierte de que Nvidia se está convirtiendo en una suerte de banco para la industria de la IA. El argumento: la empresa financia a sus propios clientes mediante compromisos crediticios masivos, lo que abre la puerta a un modelo de financiación circular en el que los ingresos se sostienen, en parte, sobre capital aportado por la propia compañía.

No es un fenómeno nuevo. A mediados de agosto, Nvidia y seis socios financieros pusieron en marcha un pool de crédito de 500.000 millones de dólares para que clientes corporativos, laboratorios de IA y proveedores de nube pudieran adquirir hardware de la firma. La pregunta que sobrevuela la próxima conferencia con analistas es cuánto del crecimiento previsto responde a demanda orgánica y cuánto está apuntalado por esta ingeniería financiera.

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La hoja de ruta operativa, sin sobresaltos

En el frente productivo, las aguas están más tranquilas de lo que algunos temían. Los proveedores Coherent y Lumentum han confirmado en reuniones con inversores que la producción de las soluciones de óptica coempaquetada para la próxima generación de servidores de Nvidia sigue en plazo, con entrega prevista para finales de 2026. Los rumores sobre retrasos, que circularon con fuerza en las últimas semanas, carecerían de fundamento.

El calendario de producto también está definido: la nueva arquitectura de chips, bautizada como "Vera Rubin", comenzará a entregarse en el tercer trimestre de 2026. La compañía ha subrayado que el objetivo es limitar los riesgos de transición ante los persistentes cuellos de botella en el suministro. Una formulación que, para algunos analistas, delata que la demanda sigue superando la capacidad de fabricación propia. Un problema de ricos, pero un problema al fin y al cabo.

Expectativas de consenso y un mercado dividido

De cara a la cita del 26 de agosto, el consenso del mercado sitúa los ingresos del segundo trimestre fiscal en 91.900 millones de dólares, con un beneficio por acción de 2,08 dólares. La propia compañía había orientado al mercado con una previsión de 91.000 millones, con una horquilla de más/menos 2%, y un margen bruto en torno al 75%.

Las firmas de inversión han ido actualizando sus valoraciones en las últimas jornadas. Morgan Stanley mantiene su recomendación de compra con un precio objetivo de 288 dólares, apoyándose en la visibilidad de la cartera de pedidos para el ejercicio 2027. Bank of America es más agresivo: fija su objetivo en 350 dólares y describe a Nvidia como el valor líder en infraestructura de IA. KeyBanc, Bernstein y TD Cowen se mueven en una horquilla de entre 275 y 330 dólares.

La dispersión de objetivos resulta reveladora: incluso entre los optimistas declarados no hay consenso sobre cuánto vale realmente el entramado de participaciones y apuestas de infraestructura que rodea al negocio principal de chips.

El valor, entre el techo y la corrección

En el parqué, la acción refleja esa mezcla de confianza y cautela. El título cotiza en torno a los 190 euros, con una caída cercana al 2% en la sesión de hoy, y se sitúa aproximadamente un 6% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 202,50 euros alcanzados el 14 de mayo. En el último mes, sin embargo, acumula una revalorización del 6,8%, y desde enero el avance ronda el 19%.

Otras mediciones ofrecen una imagen ligeramente distinta: el precio se encuentra cerca de un 16% por encima de su media móvil de 200 días, un indicador de que la corrección reciente llega después de una racha muy intensa. Las ventas de directivos registradas ante la SEC —las últimas, el 12 de agosto y antes el 7 de agosto— no parecen, en cualquier caso, un motivo de alarma: en una compañía de este tamaño y tras una subida prolongada, las desinversiones programadas de la cúpula forman parte de la rutina.

La cita del 26 de agosto llega, por tanto, con el foco puesto en dos frentes: la solidez del negocio de semiconductores y la sostenibilidad de esa segunda pata financiera que Nvidia ha construido en silencio. El mercado decidirá entonces si esa apuesta por un doble motor —chips y capital— sostiene la valoración o si, por el contrario, la complejidad del modelo empieza a pesar más que sus beneficios.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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