La cifra por sí sola ya justifica titulares: 150.000 millones de dólares adicionales destinados a recomprar acciones propias. Pero lo que realmente define el movimiento de Nvidia es la suma total. Con las autorizaciones previas todavía vigentes, el programa de recompra asciende ahora a 235.000 millones de dólares, un montante que podrá ejecutarse de forma escalonada hasta el ejercicio fiscal 2028. El consejo de administración dio luz verde ayer a esta ampliación, que pulveriza cualquier precedente en la historia de los mercados.

Para calibrar la magnitud del gesto, basta un dato: la anterior plusmarca la ostentaba Apple desde mayo de 2024, cuando aprobó 110.000 millones. La sola ampliación aprobada ahora por el fabricante de chips supera aquel registro. La reacción de los inversores no se hizo esperar. En la sesión de ayer, el título avanzó un 2,0% hasta 201,35 euros, quedándose a apenas un 1,9% de su máximo de 52 semanas. En el día de hoy, la cotización prolongó el impulso con una subida del 1,0% hasta 203,45 euros, dejando la distancia al techo anual en un ajustado -0,9%.
Del pionero al centro de gravedad del valor para el accionista
Detrás de estas cifras se esconde una mutación profunda. Durante años, prácticamente todo el capital disponible fluyó hacia investigación, capacidad de fabricación y el desarrollo de arquitecturas de semiconductores cada vez más avanzadas. Que ahora puedan destinarse sumas de esta envergadura a retribuir a los propietarios revela que la hegemonía de Nvidia en hardware genera flujos de caja operativos capaces de cubrir con holgura las enormes necesidades de inversión que exige la revolución de la inteligencia artificial.
El consejero delegado, Jensen Huang, justificó la decisión del consejo en la confianza sobre las oportunidades a largo plazo en computación acelerada e inteligencia artificial. La compañía se ha comprometido a distribuir al menos la mitad de su flujo de caja libre mediante dividendos y recompras. De hecho, la retribución regular trimestral ya fue elevada de forma apreciable en mayo hasta 0,25 dólares por acción, de modo que la vía de retorno de capital vía mercado se suma ahora con toda su fuerza a la vía del dividendo.
La brecha entre lo que el mercado descuenta y lo que la empresa proclama
Los analistas observan el fenómeno con matices. Jacob Bourne, de eMarketer, señaló a Reuters que el despliegue de infraestructura de IA a escala mundial difícilmente podrá mantenerse indefinidamente al ritmo récord actual, aunque el último anuncio constituye una señal inequívoca de que la demanda de hardware y servicios sigue viva. En una línea complementaria, Jordan Klein, especialista de Mizuho, advirtió de que el colosal importe de la recompra no tiene por qué desencadenar automáticamente una revalorización de los fundamentales, si bien evidencia la confianza del equipo gestor en su propia capacidad de generación de beneficios y su compromiso con los accionistas.
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Existe, además, una paradoja que llama la atención. Pese a los resultados operativos de récord, el PER forward a doce meses se situaba según datos de Reuters en torno a 16,5, muy por debajo de la media de los últimos quince años, cercana a 30. El mercado, en otras palabras, ya descuenta una desaceleración apreciable del crecimiento, mientras la compañía pinta su futuro con los colores más brillantes y compra acciones propias a manos llenas.
El flanco ético: agentes autónomos y una reprimenda desde el Vaticano
A la ofensiva financiera se suma una batalla por la legitimidad moral sobre el porvenir de la IA. Ayer mismo, Huang presentó una plataforma de seguridad de código abierto diseñada para supervisar agentes de software autónomos y detener comportamientos indebidos en milisegundos. La coincidencia temporal no es casual: el grupo quiere demostrar que puede controlar por sí mismo las fuerzas que ha desatado.
Ese enfoque de autorregulación, sin embargo, encuentra resistencia. También ayer, el papa León XIV criticó con inusual dureza al máximo responsable de Nvidia y subrayó que los temores ante los peligros de la inteligencia artificial no son en absoluto infundados. Que Huang rechace la regulación estatal y remita a sus propias herramientas de control resulta insuficiente para buena parte de los críticos. Cuando incluso el pontífice reclama mecanismos externos de supervisión, queda patente la presión social que pesa sobre el sector.
Un colchón costoso frente al ciclo
Entre los inversores, por ahora, predominan las voces optimistas. El compromiso multimillonario de recompra probablemente actuará a corto plazo como un amortiguador fiable si el entorno de mercado se torna más incómodo. No obstante, conviene leer la señal con frialdad. El gigantesco paquete demuestra la capacidad de generación de caja sin precedentes de Nvidia, pero también que las exigencias sobre la compañía han crecido hasta límites insospechados.
Hay quien interpreta el programa como un escudo defensivo para amortiguar eventuales baches en el gasto futuro de los grandes grupos de computación en la nube. Y hay quien ve en él, sencillamente, la prueba definitiva de poder: quien es capaz de canalizar más de doscientos mil millones de dólares hacia sus propias acciones en pocos años sin descuidar el negocio operativo marca las reglas de toda una industria. Cuando ya se necesitan sumas astronómicas para blindar la fantasía de crecimiento frente a las dudas macroeconómicas y políticas, el aire en la cima se vuelve notablemente más fino. El programa concede a Nvidia un tiempo valioso; lo que no resuelve es la pregunta sobre la sostenibilidad a largo plazo del auge de la IA.
A ello se añade un detalle que alimenta las suspicacias: en los noventa días precedentes, directivos de la compañía se desprendieron de títulos por un valor cercano a 400 millones de dólares. Los críticos sostienen que medidas de este tipo benefician principalmente a grandes inversores acaudalados y a los propios insider, una objeción que, a juicio de este análisis, está justificada.
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