Nvidia: alianzas millonarias, memoria escasa y una cita clave que marcará el rumbo de la acción
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Nvidia: alianzas millonarias, memoria escasa y una cita clave que marcará el rumbo de la acción

La cotización de Nvidia se ha convertido en un termómetro de las contradicciones del boom de la inteligencia artificial. El viernes, el título cerró en 193,68 euros, con una subida diaria del 2,03%, pero todavía se encuentra un 4,36% por debajo de su máximo de 52 semanas, alcanzado en mayo en los 202,50 euros. Esa distancia, pequeña pero elocuente, refleja el delicado equilibrio entre el entusiasmo por el despliegue global de infraestructuras de IA y las dudas que generan las cifras de financiación que lo sustentan.

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La última gran noticia llegó el lunes, cuando el fabricante de chips y la surcoreana SK Group sellaron una alianza estratégica valorada en más de 500.000 millones de dólares. Los acuerdos de intención firmados contemplan desde la construcción de las denominadas fábricas de IA hasta el suministro de chips de memoria especializados. La pieza central es una instalación de 2 gigavatios que SK Telecom levantará sobre la futura plataforma Vera Rubin DSX de Nvidia; su entrada en funcionamiento está prevista para 2027. En paralelo, Nvidia y SK Hynix han pactado una colaboración a largo plazo para desarrollar la próxima generación de memoria de alto ancho de banda (HBM), un componente que se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella del sector.

Índice de Contenidos
  1. La memoria, el nuevo campo de batalla
  2. La sombra de la financiación circular
  3. Vendedores internos, compradores externos

La memoria, el nuevo campo de batalla

La escasez de estos chips de memoria no es un problema teórico. Según informaciones recientes, Nvidia ya está probando configuraciones del acelerador Rubin Ultra con menos memoria de alta velocidad de la inicialmente planeada —una de las variantes analizadas contaría con aproximadamente un tercio menos de capacidad que el actual Vera Rubin—, precisamente por las dificultades para asegurar suministros suficientes. La compañía no ha confirmado estos extremos, pero el hecho de que el líder del mercado tropiece con los límites de su cadena de suministro ilustra la intensidad de una demanda que desborda a toda la industria semiconductora.

Esa demanda se alimenta de un programa de expansión global sin precedentes. En cuestión de días, Nvidia ha lanzado una iniciativa de infraestructura de IA con el Gobierno japonés, ampliado su acuerdo con SK Group, impulsado la infraestructura surcoreana junto a NAVER y Brookfield, abierto un laboratorio de investigación con la KAIST y anunciado una colaboración estratégica con Safe Superintelligence (SSI), la empresa de Ilya Sutskever. En esta última, anunciada a finales de julio, Nvidia no solo aportará acceso a su plataforma Vera Rubin, sino que además ha tomado una participación valorada en unos 5.000 millones de dólares, según Bloomberg. El propio Koo Kwang-mo, presidente del grupo LG, tenía previsto viajar a Estados Unidos la semana posterior al 7 de agosto para reunirse con Jensen Huang. Nvidia ha dejado de ser un simple proveedor para convertirse en una suerte de nodo diplomático de la economía de la IA.

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La sombra de la financiación circular

Esa centralidad, sin embargo, tiene su reverso. A finales de julio, The Wall Street Journal informó de que Nvidia negociaba una garantía de financiación de unos 250.000 millones de dólares para el campus de centros de datos que OpenAI planea en Ohio, un proyecto cuyo coste total podría superar los 500.000 millones, a los que se sumarían otros 350.000 millones en financiación para la compra de chips. El mercado reaccionó con dureza: el 27 de julio, la acción cayó alrededor de un 5% hasta los 196,51 dólares, lo que borró unos 250.000 millones de dólares de capitalización en una sola jornada y devolvió a Apple el título de empresa más valiosa del mundo.

El inversor Michael Burry, célebre por su apuesta contra las hipotecas subprime, calificó el esquema de "financiación circular" y aprovechó para aumentar su posición corta en Nvidia —con el título en torno a los 210,28 dólares—, así como sus apuestas contra el ETF SOXX y contra Micron. Su argumento señala un punto sensible: la propia Nvidia limita en sus cuentas el volumen total de garantías de arrendamiento a 3.500 millones de dólares, de modo que un compromiso de 250.000 millones superaría ese marco en unas 71 veces. Cómo podría estructurarse una operación de ese tamaño sigue siendo una incógnita.

Vendedores internos, compradores externos

Mientras tanto, los movimientos de los insiders dibujan un panorama contradictorio. En los últimos 90 días se han registrado 13 transacciones de directivos de Nvidia, todas ellas ventas, por un valor conjunto de aproximadamente 767,2 millones de dólares. Entre las más destacadas figuran las desinversiones del consejero Mark A. Stevens. Los datos de fondos ofrecen una imagen igualmente dispar: SCS Capital Management redujo su participación en 8.590 acciones, mientras que Antipodes Partners la incrementó en 222.759. Los vehículos de Cathie Wood, por su parte, habrían aprovechado las caídas para comprar títulos de Nvidia, al tiempo que recortaban posiciones en Palantir.

La cita que podría arrojar algo de luz sobre este pulso es el 26 de agosto, cuando Nvidia presente los resultados de su segundo trimestre fiscal, cerrado en julio. El consenso de analistas espera un crecimiento de ingresos de aproximadamente el 96% interanual, con estimaciones de facturación que oscilan entre los 91.000 y los 93.600 millones de dólares y un beneficio por acción de entre 2,01 y 2,13 dólares. En el trimestre anterior, la compañía registró ingresos récord de 81.600 millones de dólares, un 85% más que un año antes, impulsados por los 75.200 millones de su división de centros de datos. En aquella ocasión, el consejo también aprobó un programa adicional de recompra de acciones por 80.000 millones de dólares y elevó el dividendo trimestral de 0,01 a 0,25 dólares por título.

Quedan además otros frentes abiertos, como el impacto de las restricciones chinas: según algunas informaciones, hasta 5.000 millones de dólares de ingresos podrían estar en juego si la regulación se endurece. A pesar de todo, la acción cotiza un 8,03% por encima de su media de 50 días, un indicio de que el mercado todavía confía en la historia de crecimiento. Entre la euforia por las alianzas y la cautela de quienes ven señales de exceso, la acción de Nvidia se juega en las próximas semanas buena parte de su credibilidad.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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