La estrategia de Nvidia ya no se lee solo en los balances trimestrales. Entre la letra pequeña de sus compromisos financieros y una adquisición que aspira a controlar el corazón de la comunidad desarrolladora, el fabricante de chips está trazando una frontera que va mucho más allá del hardware. La compañía ha elevado sus obligaciones con proveedores hasta los 279.000 millones de dólares, frente a los 119.000 millones anteriores, según detalló la directora financiera, Colette Kress, al hilo de la presentación de resultados. Esa cifra, vinculada sobre todo a la compra adicional de memoria, no es un apunte contable menor: anticipa una producción masiva para los próximos trimestres y despeja cualquier duda sobre la confianza de la empresa en su propia demanda.

Una adquisición que trasciende el precio
El movimiento más comentado de las últimas jornadas, no obstante, es la compra de Hugging Face por aproximadamente 12.930 millones de dólares. La plataforma, punto de encuentro global para que los desarrolladores compartan y entrenen modelos abiertos de inteligencia artificial, se convierte así en la pieza que Nvidia necesitaba para cerrar el círculo: quien controla esa comunidad, controla también la arquitectura que late bajo sus modelos. El cierre de la operación, aún sujeta a autorizaciones regulatorias, se espera para la primera mitad de 2027.
La cifra no es baladí, pero el contexto financiero la digiere con solvencia. El gigante estadounidense acaba de presentar unas cuentas del segundo trimestre fiscal de 2027 en las que los ingresos superaron los 96.000 millones de dólares, más del doble que un año antes. Y la proyección para el tercer trimestre apunta a unos 108.000 millones, con un margen de más o menos el 2%, claramente por encima de los 104.190 millones que esperaba el consenso de LSEG. Para el próximo ejercicio, la compañía anticipa un crecimiento de aproximadamente el 70%, pese a que la escasez de memoria sigue condicionando la oferta.
Retribución al accionista y apuestas paralelas
La solidez de los números ha permitido a Nvidia activar simultáneamente varias palancas. El consejo ha dado luz verde a un programa de recompra de acciones por 80.000 millones de dólares y a un dividendo trimestral de 0,25 dólares por título. Quienes quieran cobrarlo deben tener en cuenta que el 10 de septiembre es la fecha límite para entrar en el registro; el pago llegará el 1 de octubre y, desde el día después de la fecha clave, la acción cotizará ex-dividendo.
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La agenda expansiva no se detiene ahí. A comienzos de mes, Nvidia anunció una inversión de 3.500 millones de dólares en MediaTek, que empleará la plataforma NVFusion para ofrecer capacidad de cómputo desde el borde de la red hasta la nube. Y según Reuters, Lenovo y Acer lanzarán en octubre los primeros PC con Windows equipados con el chip RTX Spark, una combinación de GPU Blackwell y CPU Grace que acerca el procesamiento local de IA a los dispositivos de consumo.
El mercado, a la espera de más señales
Pese a la densidad de anuncios, la reacción bursátil ha sido contenida. La acción cedió un 2,5% el martes, hasta los 193,90 euros, un retroceso que los analistas interpretan como señal de que gran parte de las buenas noticias ya estaban descontadas. En el cómputo semanal, el título se mantiene prácticamente plano, con una variación del 0,1%, aunque en el mes acumula una subida del 2,8%. El 52 semanas, alcanzado en mayo en los 202,50 euros, queda a un 4,2% de distancia.
Mirando más atrás, el balance es claramente positivo: Nvidia sube un 21% en lo que va de año y un 33% en los últimos doce meses. El precio se mantiene holgadamente por encima de su media móvil de 200 sesiones, situada en 169,79 euros, lo que apunta a una tendencia alcista de fondo intacta.
La política también juega a favor del fabricante. En el marco de la cumbre tecnológica del G20, el consejero delegado, Jensen Huang, ha encontrado en la Administración estadounidense un aliado que presiona a los gobiernos para que eviten regulaciones restrictivas sobre inteligencia artificial y respalden enfoques de "uso justo" en el entrenamiento de modelos. Washington protege así a su industria más estratégica, y Nvidia, como máximo beneficiario, observa desde la primera fila.
La integración de Hugging Face, la ejecución de esos compromisos millonarios con los proveedores y el despliegue comercial de los nuevos chips son ahora los tres frentes que los inversores vigilan con lupa. De ellos dependerá, más que de cualquier titular, que la historia de crecimiento de Nvidia siga escribiéndose al mismo ritmo trepidante de los últimos trimestres.
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