Netflix no se anda con rodeos. Mientras el mercado digiere unos resultados del primer trimestre que rozan lo espectacular —con un beneficio neto de 5.280 millones de dólares, un 82,7% más que hace un año—, la compañía mueve ficha en dos frentes clave: devolver dinero a sus accionistas y asegurarse infraestructura productiva a precio de saldo.

La jugada más llamativa llega desde Los Ángeles. El gigante del streaming negocia con Goldman Sachs la compra del Radford Studio Center, un histórico complejo cinematográfico cuyo precio podría rondar los 400 millones de dólares. La cifra contrasta con los 1.850 millones que pagó su anterior propietario en 2021, antes de que una hipoteca multimillonaria estallara y el activo pasara a manos del banco. Para Netflix, que ya es el mayor inquilino comercial de la meca del cine, la operación supone un balón de oxígeno: a finales de año expira el contrato de alquiler de los Sunset Bronson Studios, y contar con instalaciones propias garantiza la estabilidad de su maquinaria de contenidos.
La artillería pesada para los accionistas
En paralelo, el consejo ha autorizado un programa de recompra de acciones por valor de 25.000 millones de dólares. Sumando los remanentes de autorizaciones anteriores, la capacidad total de recompra asciende a más de 31.000 millones, sin fecha de caducidad. El movimiento llega después de que las acciones llegaran a desplomarse más de un 10% tras unas previsiones para el segundo trimestre que no convencieron al mercado. La compañía espera unos ingresos de 12.570 millones de dólares entre abril y junio, ligeramente por debajo de los 12.640 millones que anticipaban los analistas. La previsión de beneficio por acción, 0,78 dólares frente a los 0,84 esperados, tampoco ayudó a calmar los ánimos.
El management atribuye el tropiezo a la mayor oleada de amortizaciones de contenido del año, concentrada precisamente en el segundo trimestre. Pese a ello, mantiene sin cambios los objetivos anuales: una facturación de entre 50.700 y 51.700 millones de dólares para el conjunto de 2026, con un margen operativo del 31,5%.
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El negocio publicitario, locomotora del crecimiento
Donde las cifras hablan por sí solas es en el frente publicitario. El plan con publicidad suma ya 190 millones de usuarios activos mensuales, una base que Netflix quiere rentabilizar duplicando los ingresos por este canal hasta los 3.000 millones de dólares a cierre de 2026. Para ello, la compañía apuesta por formatos como el feed vertical de vídeo, el deporte en directo y los videopodcasts.
Los analistas han tomado nota. Phillip Securities ha elevado su precio objetivo hasta los 110 dólares, mientras que Daiwa Securities lo ha fijado en 102 dólares. La media del consenso se sitúa en torno a los 115 dólares, aunque las proyecciones a largo plazo dibujan un abanico mucho más amplio: algunos modelos valoran la acción hasta en 191 dólares para 2030, reflejo de la incertidumbre sobre el ritmo de crecimiento y la presión competitiva.
Un competidor de 200 millones de suscriptores en el horizonte
El panorama competitivo se tensa. Los accionistas de Warner Bros. Discovery han dado luz verde a una fusión de 110.000 millones de dólares con Paramount Skydance. Si el acuerdo se cierra en el tercer trimestre de 2026, como está previsto, nacerá un rival con unos 200 millones de abonados al streaming, agrupando bajo un mismo techo HBO Max, CNN y Paramount Pictures. Un gigante que obligará a Netflix a no bajar la guardia.
La salida de Hastings y la apuesta por la producción propia
En junio, Reed Hastings abandonará el consejo de administración después de 29 años al frente de la compañía que cofundó. Su marcha no frena, sin embargo, la maquinaria inversora. Netflix prevé destinar unos 20.000 millones de dólares este año a nuevos contenidos, incluyendo la construcción de un centro de producción en Nueva Jersey. La compra del Radford Studio encaja en esa misma lógica de integración vertical: controlar los estudios propios para no depender de alquileres cada vez más caros.
Mientras tanto, los grandes inversores institucionales —que poseen cerca del 81% del capital— siguen moviendo ficha. Firmas como Baillie Gifford, Sumitomo Mitsui y Nordea han incrementado sus posiciones. En el lado opuesto, los directivos de la compañía han vendido participaciones por valor de unos 138 millones de dólares en el mismo periodo. Señales contradictorias que el mercado interpreta con cautela, mientras Netflix escribe el siguiente capítulo de su historia entre un estudio de Hollywood y 31.000 millones de dólares listos para la recompra.
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