El gigante de Redmond encara una semana decisiva. El miércoles 29 de abril presentará los resultados de su tercer trimestre fiscal de 2026, y lo hace en un momento de máxima tensión entre las ingentes inversiones en inteligencia artificial y la necesidad de demostrar que esas apuestas empiezan a dar frutos. La cotización, que cerró el viernes en 359,45 euros, acumula una caída cercana al 11% en lo que va de año, aunque en el último mes ha rebotado casi un 12%.

El foco principal estará en Azure. La división de computación en la nube es el termómetro que mide la salud del negocio de IA de Microsoft. La propia compañía anticipó un crecimiento interanual ajustado por divisas de hasta el 38%, pero los analistas de Morgan Stanley elevan el listón: consideran que la cifra mágica es el 39%. Superar ese umbral demostraría que Microsoft es capaz de canalizar la demanda pese a las limitaciones de capacidad de sus servidores, un cuello de botella que frena el crecimiento más que la falta de clientes.
Detrás de esa demanda hay un nombre propio: OpenAI. El desarrollador de ChatGPT es el mayor cliente de la nube de Microsoft, con 281.000 millones de dólares comprometidos en el gigantesco backlog de la compañía, que asciende a 625.000 millones. Pero en febrero, OpenAI recortó drásticamente sus planes de gasto en potencia de cálculo a largo plazo: en lugar de los 1,4 billones de dólares previstos hasta 2030, ahora solo contempla aproximadamente la mitad. La gran pregunta que deberá despejar el equipo directivo es si esa reducción afecta al propio pedido de Microsoft.
Mientras tanto, la compañía no afloja el ritmo inversor. En el trimestre pasado destinó 37.500 millones de dólares a infraestructura de IA, y acaba de anunciar un desembolso de 25.000 millones de dólares australianos (unos 18.000 millones de dólares estadounidenses) en Australia hasta finales de 2029. El objetivo es ampliar la capacidad de Azure en un 140%, complementado con superordenadores de IA y proyectos de ciberseguridad.
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Esa factura la paga también la plantilla. Microsoft ha puesto en marcha un programa de bajas voluntarias para unos 8.750 empleados en Estados Unidos, aproximadamente el 7% de su fuerza laboral estadounidense. El plazo para acogerse finaliza el 21 de mayo.
En el frente del gaming, los cambios son profundos. La división ha recuperado la marca "Xbox" en sustitución de "Microsoft Gaming", bajo la nueva dirección de Asha Sharma. La estrategia se reorienta hacia métricas de usuarios activos diarios y se replantea la política de exclusivos. Además, circulan rumores sobre una nueva suscripción básica, la "Xbox Game Pass Starter Edition", que incluiría Discord Nitro y acceso a más de 50 juegos. Los precios ya se han ajustado a la baja: el Game Pass Ultimate baja de 29,99 a 22,99 dólares mensuales. Eso sí, títulos como "Call of Duty" no llegarán al servicio hasta aproximadamente un año después de su lanzamiento, renunciando al estreno inmediato. El contexto es claro: los ingresos del gaming cayeron un 9% y las ventas de hardware de Xbox se desplomaron un 32%.
En inteligencia artificial, Satya Nadella ha tomado una decisión estratégica de calado. Microsoft rechazó una oferta formal de compra por el estudio de codificación con IA Cursor (Anysphere), pese a que SpaceX se había asegurado una opción de compra valorada en 60.000 millones de dólares y la startup ya facturaba 2.000 millones anuales en febrero. El CEO apuesta por el desarrollo interno con GitHub Copilot, que cuenta con 4,7 millones de usuarios de pago (un 75% más que el año anterior) y unos seis millones de usuarios activos diarios, aunque todavía lejos del alcance de ChatGPT o Claude.
Técnicamente, el valor cotiza por debajo de su media móvil de 200 sesiones, situada en torno a los 403 euros, un nivel que actúa como resistencia dura. Sin embargo, el RSI se encuentra en 28, lo que sugiere que el papel está técnicamente sobrevendido. Los analistas mantienen un optimismo cauto: Morgan Stanley reitera su precio objetivo de 650 dólares, mientras que el consenso de mercado otorga una recomendación de "compra fuerte" con un objetivo medio de 577 dólares. Para el trimestre cerrado, el mercado espera un beneficio ajustado de 4,04 dólares por acción, lo que supondría un avance de casi el 17% interanual.
El 29 de abril, Nadella y su equipo tendrán que despejar las dudas sobre el backlog de OpenAI y demostrar que Azure puede superar la barrera del 39%. Si lo logran, la acción podría intentar asaltar la resistencia de los 403 euros. Si fallan, el camino de vuelta hacia los mínimos del año estará despejado.
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