La atención sobre Micron Technology se desplaza estos días del parqué a la mesa de negociación. La reunión prevista con el sindicato de Taoyuan para abordar el reparto de beneficios se ha convertido en el termómetro más fiable para medir la viabilidad del plan de expansión de la compañía en la isla, donde emplea a unas 15.000 personas y donde se concentra cerca del 60% de la producción mundial de DRAM.

El pulso viene de lejos. En octubre, los trabajadores del centro de Taoyuan detuvieron la actividad de forma temporal para exigir una participación del 15% en los beneficios operativos globales de la empresa, además de incentivos abonados íntegramente en efectivo. Micron ya cerró un acuerdo con el sindicato mayoritario de Taichung, pero ese pacto está cuestionado y podría ser impugnado por la plantilla, de modo que su solidez dista de estar garantizada.
Un proyecto de 4.500 millones con fecha de 2028
El verdadero nudo del asunto es Fab 11E. Según un informe de Bloomberg que Reuters no ha podido verificar de forma independiente, la compañía habría paralizado prácticamente las obras de esta planta de chips de memoria en Taoyuan, aunque Micron no ha confirmado ese parón y, siempre según esa información, continúan las tareas limitadas de seguridad en el emplazamiento. El desembolso previsto oscila entre 3.000 y 4.500 millones de dólares, y la producción —destinada a HBM y DRAM— debía arrancar en 2028. Ese año sigue siendo el ancla temporal del proyecto.
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La dirección sostiene que la actividad ordinaria en Taiwán transcurre con normalidad. Esa afirmación respalda la vertiente operativa actual, pero no despeja la incógnita sobre el futuro de la capacidad instalada. Y ahí es donde el conflicto laboral adquiere peso propio: una fábrica proyectada solo contribuye a las perspectivas del negocio cuando el plan inversor se traduce en producción efectiva. Lo determinante, por tanto, es si Micron logra condiciones sostenibles para ejecutarlo.
El otro frente: la resaca del apetito por la IA
A la ecuación se suma el repliegue que atraviesa todo el sector. La acción cedió un 17% en la sesión anterior, arrastrada por el retroceso generalizado de las valores vinculados a la inteligencia artificial. Reuters atribuyó el movimiento a los temores sobre el gasto en infraestructura de IA y a posibles restricciones políticas a la construcción de centros de datos; AP recogió, por su parte, los recelos ante eventuales moratorias tras las elecciones intermedias estadounidenses.
La lectura de ING rebaja la temperatura: la entidad espera normativas más específicas a escala estatal y considera improbable que se impongan moratorias generalizadas, además de anticipar que las posibles suspensiones tendrían carácter más bien transitorio. Para Micron, cualquier frenazo en el despliegue de centros de datos supondría un riesgo añadido si finalmente limita la expansión del sector.
Dónde mirar a partir de ahora
El examen inmediato se dirime, pues, en la negociación sindical. Un acuerdo firme hablaría a favor de la compañía siempre que calme el conflicto y asegure la planificación del aumento de capacidad; hasta la fecha, ese entendimiento no ha llegado. Avances en esta materia beneficiarían a Micron si sirven para cimentar calendarios de proyecto más fiables, y esa es precisamente la vara con la que conviene medir las próximas noticias procedentes de Taiwán.
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