La compañía de computación cuántica IonQ se enfrenta a un momento crucial. El próximo 25 de febrero, la empresa hará públicos sus resultados correspondientes al cuarto trimestre, un anuncio que llega en un contexto marcado por una fuerte corrección bursátil desde enero y graves acusaciones por parte de un short-seller. Los inversores aguardan para ver si los datos operativos logran disipar las dudas o, por el contrario, confirman la tendencia bajista.

Fundamentos sólidos frente a la tormenta
A pesar del ruido negativo, los indicadores fundamentales de IonQ pintan un panorama de crecimiento vigoroso. En el tercer trimestre, la firma reportó unos ingresos de 39,9 millones de dólares, lo que supone un incremento interanual del 222% y superó con creces sus propias previsiones. Este desempeño llevó a la dirección a revisar al alza su pronóstico de ingresos para todo el ejercicio 2025, situándolo ahora en una horquilla de entre 106 y 110 millones de dólares.
La estrategia de expansión de la compañía también avanza. Una pieza clave fue la adquisición de SkyWater Technology por un importe de 1.800 millones de dólares, una operación que le permite asegurar su cadena de suministro y avanzar en su integración vertical. Para respaldar estos movimientos, IonQ cuenta con una posición de liquidez robusta: tras una reciente ampliación de capital, sus fondos líquidos pro-forma ascienden a 3.500 millones de dólares.
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La sombra de las acusaciones y la reacción legal
El principal foco de incertidumbre proviene de un informe publicado el 4 de febrero por la firma Wolfpack Research. Este short-seller acusa a IonQ de haber realizado declaraciones engañosas sobre la financiación obtenida a través de contratos con el Pentágono. El impacto de estas alegaciones ha ido más allá del sentimiento del mercado, desencadenando consecuencias legales. El bufete de abogados Scott+Scott ha iniciado una investigación para determinar si la junta directiva incurrió en alguna violación de sus deberes fiduciarios para con los accionistas.
Esta nube de escepticismo se ha reflejado con claridad en los precios de la acción. En la sesión del viernes, el título cedió un 4,58% en su bolsa de origen, cerrando en 31,90 dólares. En el mercado europeo, el papel también inició el fin de semana con debilidad, cotizando a 27,10 EUR.
El pulso de los grandes inversores
El comportamiento del capital institucional ante esta situación mixta ha sido divergente. Por un lado, el banco central noruego, Norges Bank, realizó una apuesta contundente con una inversión de 200 millones de dólares. Por otro, gigantes como Amazon mantienen una postura más cautelosa, con una posición minoritaria valorada en aproximadamente 300.000 dólares. En conjunto, durante el último trimestre, 435 inversores institucionales incrementaron sus participaciones en IonQ, mientras que 241 las redujeron.
Todo converge ahora en la presentación de resultados del 25 de febrero. El consenso de analistas anticipa una pérdida por acción de 0,5125 dólares para el cuarto trimestre. La capacidad de la dirección para ofrecer, más allá de las cifras, explicaciones convincentes que despejen las dudas planteadas por Wolfpack Research podría servir de soporte estable para la cotización. Si las respuestas son evasivas, la elevada volatilidad del valor podría traducirse en una nueva oleada de ventas.
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