La onza troy cerró el viernes en 4.098,60 dólares, un 1,54% menos que en la jornada previa, después de que el mercado digiriera una de las señales más contundentes que ha enviado la Reserva Federal en años. El metal precioso, que había llegado a recuperar terreno tras la pausa de tipos del 29 de julio, se topó de frente con una realidad incómoda: el comité de política monetaria no está tan unido como parecía.

Tres voces disidentes que resuenan en el mercado
El dato que más ha llamado la atención de los inversores no fue la decisión en sí —mantener los tipos sin cambios era lo esperado—, sino el resultado de la votación. El Comité Federal de Mercado Abierto aprobó la continuidad de la horquilla actual por 9 votos a favor y 3 en contra, con Beth Hammack (Cleveland), Neel Kashkari (Minneapolis) y Lorie Logan (Dallas) reclamando una subida de un cuarto de punto. No ocurría algo así desde septiembre de 2016: tres miembros del comité alineados a favor de un endurecimiento.
La reacción no se hizo esperar. Los rendimientos de los bonos estadounidenses escalaron hasta máximos de 19 años, un movimiento que castiga directamente al oro, un activo que no genera intereses. Ian Lyngen, estratega de tipos de BMO Capital Markets, describe al comité como un órgano con halcones particularmente vocales, aunque de momento hayan decidido alinearse con el presidente de la Fed, Kevin Warsh, a la espera de los datos de inflación de julio y agosto que se conocerán en septiembre.
En el mercado de divisas, el vaivén también contribuyó a la volatilidad. Un dólar debilitado por las presuntas intervenciones japonesas abarató inicialmente el oro, pero la moneda estadounidense recuperó terreno el 31 de julio después de que el Banco de Japón mantuviera su tipo de interés de referencia en el 1%.
La semana que puede definir la tendencia
Con la Fed en el centro del tablero, los inversores ya miran hacia la próxima cita clave: el informe de empleo de julio que se publicará el viernes 7 de agosto. Los futuros de tipos asignan actualmente una probabilidad de entre el 63% y el 77% a una subida de tipos en septiembre, y los datos laborales podrían inclinar la balanza en uno u otro sentido.
La agenda arranca el lunes 3 de agosto con los índices de gestores de compras (PMI) de Estados Unidos, Alemania y la eurozona. El miércoles 5 será el turno de las contrataciones privadas de ADP, que suelen servir como antesala del informe oficial. Si el dato de empleo del viernes resulta robusto, las expectativas de endurecimiento se reforzarán y el oro podría perder el soporte psicológico de los 4.000 dólares. Por el contrario, unas cifras débiles darían alas al movimiento alcista que viene registrando el metal desde el mínimo mensual.
Un julio agridulce y una técnica que no termina de definirse
Pese al tropiezo del viernes, el balance mensual es positivo: el oro encadena su primer mes en verde desde febrero de 2026, con una subida acumulada del 1,35%. El precio se mantiene un 2,41% por debajo de su media de 50 sesiones, situada en 4.199,84 dólares, lo que refleja una debilidad de corto plazo que los analistas prefieren no ignorar.
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El índice de fuerza relativa (RSI) se sitúa en 48,6 puntos, un nivel neutral que no aporta una dirección clara. Los chartistas hablan de un patrón de consolidación triangular: el soporte en los 4.000 dólares es la línea que separa la corrección del desplome, mientras que las resistencias en 4.090 y 4.160 dólares marcan los obstáculos a superar para retomar la senda alcista. Solo un cierre sostenido por encima de esas zonas podría confirmar la continuidad de la recuperación.
El comportamiento intradía tras la reunión de la Fed dejó entrever la tensión existente. En la sesión asiática del 30 de julio, el oro llegó a tocar los 4.116,28 dólares, pero el impulso se desvaneció con la misma rapidez con la que apareció: las tres voces disidentes apuntaban a una política monetaria más restrictiva de lo que muchos esperaban, y el precio volvió a caer por debajo de los 4.100 dólares.
Oriente Próximo y los bancos centrales: el contrapeso geopolítico
Mientras la Fed acapara la atención, el frente geopolítico sigue activo y podría reavivar el apetito por el refugio seguro en cualquier momento. Los ataques israelíes sobre la Franja de Gaza se cobraron al menos 15 vidas el domingo, según fuentes palestinas, el segundo día consecutivo de bombardeos pese a que la Casa Blanca había anunciado avances en las negociaciones de alto el fuego. Donald Trump advirtió además de que Washington golpeará a Irán "con mucha dureza", sin precisar cuándo, aunque dejó entrever que Teherán llegará a un punto en el que "no podrá aguantar más".
La vía diplomática, sin embargo, no está cerrada. El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, mantuvo una conversación telefónica con Trump para pedir contención y abogar por el diálogo. En paralelo, las tensiones en el Golfo Pérsico y los reportes de ataques contra infraestructuras han elevado la volatilidad, con la mediación de Omán o Catar ofreciendo alivios puntuales.
A esto se suma un factor estructural que sigue jugando a favor del metal: la demanda de los bancos centrales. Según el World Gold Council, las autoridades monetarias adquirieron 289 toneladas netas de oro en el segundo trimestre de 2026, un récord para ese periodo. Polonia y China lideran las compras y compensan con creces las salidas registradas en los fondos cotizados respaldados por oro.
El próximo gran test: la inflación
Más allá del empleo, el calendario ya tiene marcada otra fecha en rojo: el índice de precios al consumo de Estados Unidos se publicará el 12 de agosto. Una lectura por encima de lo esperado reforzaría los argumentos de los halcones y añadiría presión bajista sobre el oro. Una inflación contenida, en cambio, daría respiro al metal y podría devolverlo a la senda alcista.
Hasta entonces, el oro seguirá bailando al son de tres factores: las expectativas de tipos, los movimientos del dólar y los titulares geopolíticos. La horquilla entre los 4.000 y los 4.160 dólares será el campo de batalla donde se decida, al menos durante los próximos días, si la corrección es solo un respiro o el preludio de algo más profundo.
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