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Acciones

El oro cierra en 4.382 dólares: J.P. Morgan apunta a los 4.500 y el apetito institucional blinda el rally

La capacidad del oro para digerir los envites del mercado vuelve a quedar en evidencia. Tras una semana en la que el metal precioso llegó a tambalearse por la presión del crudo y de los rendimientos de los bonos, la onza troy terminó el viernes en 4.382,82 dólares, con un avance diario del 0,9%. El dato, lejos de ser anecdótico, confirma que los inversores siguen encontrando en el refugio un anclaje sólido incluso cuando el entorno macroeconómico juega en contra.

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Índice de Contenidos
  1. Un objetivo de 4.500 dólares para el cierre del ejercicio
  2. La mina del Sudán y el trasfondo geopolítico
  3. El muro de los bancos centrales
  4. El endurecimiento de la Fed pierde mordiente

Un objetivo de 4.500 dólares para el cierre del ejercicio

Sobre ese cierre se construyen ahora las proyecciones más ambiciosas. J.P. Morgan sitúa su precio objetivo para el metal en 4.500 dólares de cara al cierre del año, una estimación que comparten otras casas de análisis, convencidas de que la senda ascendente tiene recorrido hasta marcar nuevos máximos en los próximos meses. La confianza no es gratuita: los inversores institucionales están aprovechando cada jornada de debilidad para ampliar posiciones, lo que otorga al mercado una resistencia poco habitual.

Esa dinámica compradora se activó con fuerza el martes, cuando el oro sufrió un varapalo significativo. En la sesión londinense, la cotización llegó a estabilizarse en torno a los 4.295 dólares, lastrada por el encarecimiento de la energía, un factor que suele avivar los temores sobre una inflación persistente y, por extensión, sobre una política monetaria restrictiva prolongada. Para un activo que no genera intereses, ese escenario representa un viento de cara evidente. Sin embargo, el llamado dip-buying —las compras oportunistas en las caídas— absorbió las pérdidas con rapidez, incluso después de que unos datos de inflación estadounidenses más robustos de lo esperado ejercieran presión adicional.

La mina del Sudán y el trasfondo geopolítico

A ese cóctel se sumó ayer un componente de oferta física con tintes trágicos. El derrumbe de una mina de oro en Sudán causó al menos 60 muertos, según tres fuentes locales, y una organización local de derechos humanos reclamó, de acuerdo con Reuters, operaciones de rescate urgentes ante la posibilidad de que más mineros permanezcan atrapados bajo tierra. El suceso, aunque no altera de forma inmediata los equilibrios globales del mercado, refuerza la percepción de riesgo en la cadena de suministro del metal.

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El episodio se enmarca en un contexto más amplio de incertidumbre que juega a favor del oro: las tensiones geopolíticas, los déficits presupuestarios y las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda soberana mundial configuran un respaldo de fondo difícil de ignorar.

El muro de los bancos centrales

Donde ese respaldo adquiere una dimensión más tangible es en las compras oficiales. Ronald-Peter Stöferle, del análisis Incrementum, cifra en 863 toneladas el oro adquirido por los bancos centrales de todo el mundo durante el último año. El estratega subraya que las autoridades monetarias están diversificando sus reservas de divisas con criterio estratégico y empleando el metal como cobertura frente a los riesgos cambiarios globales. Al operar a menudo de forma contra cíclica, estas adquisiciones estatales amortiguan las correcciones del mercado y reducen la probabilidad de desplomes profundos, lo que para el inversor particular equivale a un suelo firme bajo los precios.

El endurecimiento de la Fed pierde mordiente

La prueba de fuego más reciente llegó el miércoles, cuando la Reserva Federal elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos. El movimiento presionó inicialmente las cotizaciones, pero el fuerte retroceso de los precios energéticos rebajó los rendimientos de los bonos y propició una reacción alcista casi inmediata. Ese rápido encaje de la subida de tipos revela una transformación en la psicología del mercado: si en ciclos anteriores las señales restrictivas desencadenaban ventas sostenidas, ahora prevalece la confianza en los motores de largo plazo.

En el plano técnico, el metal defiende con solvencia sus zonas de soporte y los compradores neutralizan la presión procedente del frente de los tipos. Mientras los fundamentales —inflación, incertidumbre geopolítica y desequilibrios fiscales— se mantengan intactos, incluso un endurecimiento monetario adicional se antoja digerible para un activo que ha demostrado saber encajar los golpes.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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