La conjunción de un petróleo disparado por la tensión geopolítica en Oriente Próximo y unos rendimientos de la deuda estadounidense en máximos ha devuelto al oro a la casilla de salida. La onza se deprecia este lunes un 3,1% hasta los 4.153,45 dólares, un correctivo que hunde al metal precioso muy por debajo de su promedio de 50 sesiones, situado en 4.329,89 dólares, y que lo deja a un 26% de su techo de 52 semanas.

El detonante hay que buscarlo en el mercado energético. Las dudas sobre un eventual entendimiento diplomático entre Washington y Teherán —la Casa Blanca rechazó la propuesta iraní, según Reuters— empujaron al alza las cotizaciones del crudo y reavivaron el fantasma de una inflación persistente. Con ese telón de fondo, los inversores descuentan que la Reserva Federal se vea obligada a mantener su política restrictiva durante más tiempo del previsto, lo que penaliza a un activo que no genera intereses.
El rendimiento del bono a diez años marca el ritmo
El castigo no llega solo por el flanco energético. En paralelo al fortalecimiento del dólar, la rentabilidad del bono estadounidense a diez años escaló en la sesión hasta el entorno del 5,21%, un nivel que convierte a la deuda soberana en un refugio mucho más atractivo que el metal amarillo. Tim Waterer, de KCM Trade, resumió el escenario: la combinación de petróleo caro y rendimientos al alza constituye un lastre difícil de digerir para el oro.
La presión venía gestándose desde días atrás. El pasado jueves, la onza ya había tocado un mínimo semanal después de que el encarecimiento del crudo alimentara las expectativas de un nuevo endurecimiento monetario, hasta el punto de que los operadores comenzaron a descontar una subida adicional de tipos para octubre. En la sesión asiática de este lunes, el precio al contado llegó a perforar momentáneamente los 4.200 dólares y marcó un mínimo intradía de 4.179,42 dólares por onza.
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La Fed aprieta y el mercado se posiciona a la baja
El marco macroeconómico tampoco juega a favor. El pasado 16 de septiembre, el banco central estadounidense elevó el tipo de interés oficial en 25 puntos básicos, hasta una horquilla del 3,75% al 4,00%, y dejó la puerta abierta a nuevas subidas. La decisión, precedida dos días antes por unos datos de inflación más robustos de lo esperado, provocó un retroceso superior al 1% en el precio del oro, lastrado por un dólar más firme y la perspectiva de rendimientos sostenidamente elevados.
Los operadores del mercado de futuros han ido recortando exposición en consecuencia. El último informe de la CFTC, correspondiente al 22 de septiembre, reflejó una caída de la posición neta larga de los especuladores no comerciales hasta los 225.853 contratos, frente a los 230.338 de la semana anterior.
El apetito físico aguanta el tipo
Frente a ese repliegue especulativo, la demanda material ofrece una fotografía bien distinta. Los fondos cotizados de oro captaron 18.000 millones de dólares en agosto, según el World Gold Council, lo que elevó sus tenencias a un máximo histórico de 4.189 toneladas. En la semana cerrada el 18 de septiembre, los flujos siguieron entrando en positivo en todas las regiones.
Con el foco puesto en el próximo dato clave, los participantes del mercado aguardan la publicación del informe oficial de empleo de Estados Unidos para septiembre, prevista para el viernes 2 de octubre. Las cifras de contratación se perfilan como el termómetro que orientará los siguientes pasos de la Reserva Federal y, por extensión, el rumbo inmediato del metal precioso.
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