La onza troy cerró el viernes en 4.098,60 dólares tras ceder un 1,54%, un revés que interrumpió una racha alcista de dos sesiones y dejó al metal precioso a un paso de su media móvil de 50 días, situada en 4.199,84 dólares. El retroceso no empaña, sin embargo, el balance mensual: julio se saldó con una subida de aproximadamente el 1,35%, el primer avance mensual desde febrero y un respiro tras cinco meses consecutivos de caídas.

La corrección del viernes llegó después de que el oro llegara a abrir por encima de los 4.100 dólares por primera vez en cerca de un mes, animado por la pausa nocturna de los ataques aéreos estadounidenses sobre objetivos iraníes. La tregua fue efímera: la reanudación de las hostilidades entre Washington y Teherán, con amenazas de represalias sobre infraestructuras críticas en Israel y los países del Golfo, volvió a ensombrecer el horizonte diplomático. El conflicto, que ya supera los cinco meses, sigue alimentando la demanda de refugio, aunque por ahora no logra imponerse a los vientos en contra que soplan desde el frente monetario.
La Fed, dividida, condiciona las expectativas
El principal lastre para el metal amarillo sigue siendo la política de tipos de la Reserva Federal. El banco central estadounidense mantuvo sin cambios las tasas en su última reunión, un respiro que dio cierto aire al oro durante la semana. Pero la calma duró poco: tres miembros del comité volvieron a reclamar el viernes un endurecimiento adicional, mientras el presidente de la Fed, Kevin Warsh, reitera su compromiso con la lucha contra la inflación sin llegar a anticipar un movimiento inminente.
El mercado ya descuenta con una probabilidad cercana al 63% una subida de tipos en septiembre. Esa expectativa, combinada con la escalada de los rendimientos de la deuda estadounidense —el bono a diez años alcanzó el viernes su nivel más alto en 19 años—, eleva el coste de oportunidad de mantener un activo que no devenga intereses. El presidente de la Fed de San Luis, Musalem, interpretó el desplome de los bonos como una señal de que los mercados anticipan movimientos inminentes y abogó por un ajuste temprano y gradual.
La división interna de la Fed añade incertidumbre. Mientras unos miembros presionan por subidas inmediatas, Warsh estudia incluso reducir el número de reuniones de política monetaria para ganar flexibilidad. Este pulso interno se refleja en la volatilidad del oro, que esta semana volvió a poner a prueba la resistencia de los compradores.
El dólar, el otro factor decisivo
La fortaleza del billete verde tampoco juega a favor del metal. El 30 de julio el dólar se debilitó con claridad, un movimiento que los analistas atribuyen a posibles intervenciones del Banco de Japón para sostener el yen. Esa debilidad abarató el oro para los compradores internacionales y dio cierto respiro al precio. Sin embargo, al día siguiente la divisa estadounidense recuperó terreno y avanzó más de un 0,25% después de que la entidad nipona mantuviera su tipo de referencia en el 1%.
Tim Waterer, analista de mercado de KCM Trade, describió el movimiento del 31 de julio como una "tendencia negativa leve", atribuible a la toma de beneficios y al renovado vigor del dólar. La combinación de un billete verde firme y rendimientos al alza sigue siendo el cóctel más difícil de digerir para el oro.
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La batalla técnica: entre 3.950 y 4.200 dólares
En el plano chartista, el metal precioso se mueve dentro de un rango comprendido entre los 3.950 y los 4.200 dólares. Los intentos de superar los niveles de 4.200 y 4.159 dólares han fracasado en las últimas sesiones, pero la presión compradora no cede. El oro logró superar por primera vez la línea de tendencia bajista que se extiende desde el máximo de marzo en 5.418 dólares, un movimiento que lo saca lateralmente del canal bajista de mayor alcance.
El índice de fuerza relativa (RSI) se sitúa en 48,6, un nivel neutral que refleja el equilibrio entre compradores y vendedores tras la reciente montaña rusa de precios. El soporte de los 4.000 dólares ha resistido en repetidas ocasiones, un comportamiento que los observadores interpretan como señal de una demanda física sostenida desde Asia, particularmente de China y otros mercados de la región.
El precio cotiza actualmente alrededor de un 2,4% por debajo de su media móvil de 50 días, lo que indica que el impulso alcista a corto plazo aún no se ha consolidado. No obstante, la distancia respecto al mínimo de 52 semanas —3.901,30 dólares, registrado a finales de octubre— supera el 5%, lo que sugiere que el suelo se mantiene firme por ahora.
Los bancos centrales sostienen la demanda estructural
Detrás de esa resistencia subyace un cambio profundo en la composición de la demanda. Según el World Gold Council, la demanda mundial de oro alcanzó las 1.269 toneladas en el segundo trimestre. Los bancos centrales aportaron 289 toneladas, mientras que la compra de lingotes y monedas se mantuvo estable en torno a las 307 toneladas. En el conjunto del primer semestre, la demanda total sumó 2.522 toneladas, valoradas en 380.000 millones de dólares.
El dato más revelador es la salida de 45 toneladas de los fondos cotizados respaldados por oro, junto con un desplome de la demanda de joyería hasta mínimos no vistos desde el inicio de la pandemia. El perfil del comprador ha cambiado: son ahora las instituciones y los gobiernos quienes sostienen los precios, no el consumo tradicional.
Esa demanda institucional explica también el interés renovado por los productores. Barrick Mining reportó un flujo de caja libre de 1.210 millones de dólares en el primer trimestre, un 195% más que en el mismo periodo del año anterior. La compañía ha puesto en marcha un programa de recompra de acciones por valor de 3.000 millones de dólares y ha reafirmado su dividendo, un reflejo del apalancamiento operativo que el actual nivel de precios ofrece a las mineras.
Lo que viene: la Fed de septiembre como juez
La próxima cita clave será la reunión de la Fed en septiembre. Hasta entonces, el oro seguirá bailando al son de tres variables: la evolución de los tipos, el pulso en Oriente Próximo y la reacción del dólar a las decisiones del Banco de Japón. Si el metal logra defender de nuevo la cota de los 4.000 dólares, la formación de suelo ganará credibilidad. Si, por el contrario, cede ese nivel, el siguiente examen estará en los 3.950 dólares. La superación de los 4.200 dólares, por ahora, sigue siendo la llave que abriría la puerta a un escenario más constructivo.
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