Hay pocas historias tan contradictorias en el mercado tecnológico actual como la de D-Wave Quantum. La compañía especializada en computación cuántica acumula una cartera de pedidos que se ha multiplicado por siete, pero su último balance trimestral apenas ha movido la aguja de los ingresos. El resultado: una acción atrapada entre el entusiasmo por el futuro y la crudeza de un presente que aún no convence.

El pulso entre la promesa y la realidad
Los números del segundo trimestre de 2026 dibujan un escenario agridulce. La facturación alcanzó los 3,08 millones de dólares, prácticamente plana frente a los 3,10 millones del mismo periodo del año anterior y muy por debajo de los 4,03 millones que esperaba el consenso de analistas. Para una empresa de este tamaño, fallar por casi un millón de dólares la estimación de ingresos pesa más de lo que podría sugerir la cifra absoluta.
La otra cara de la moneda la ofrecen las obligaciones de desempeño pendientes, esto es, los contratos ya firmados que aún no se han convertido en ingresos. A cierre de junio de 2026, esa partida alcanzaba los 40,7 millones de dólares, un 668% más que el año anterior. El dato sugiere que la tubería comercial se está llenando, aunque el grifo de la facturación tarde en abrirse.
Esa misma tensión se refleja en la composición de los ingresos. El 67,7% de la facturación del primer semestre provino de clientes comerciales, frente al 16,0% del ejercicio previo. Los clientes incluidos en la lista Forbes Global 2000 aportaron el 48,5% del total, cuando un año antes apenas representaban el 7,5%. El giro hacia el mercado empresarial es innegable, pero la base sobre la que se calcula sigue siendo minúscula.
Un golpe de realidad en la cúpula financiera
En medio de esa encrucijada, la compañía comunicó la salida de su director financiero, John Markovich, quien había acompañado a D-Wave durante cinco años, pilotó la salida a bolsa en 2022 y participó en la captación de más de 900 millones de dólares. Su marcha, efectiva el 2 de septiembre, deja a Greg Golkov como responsable financiero interino.
La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre un valor que ya venía castigado por los resultados trimestrales. Desde que se conoció el relevo, la acción ha cedido alrededor de un 5%, un movimiento que refleja el malestar de unos inversores que veían en la continuidad del equipo directivo una de las pocas certezas.
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El contexto no ayuda. La firma Zacks Research rebajó su recomendación de "Strong Buy" a "Hold" hace tres semanas, mientras que Wall Street Zen ajustó su calificación de "Strong Sell" a "Sell". En paralelo, el número de hedge funds con posiciones en el valor se ha reducido de 26 a 17, una señal de que el capital institucional está afinando su puntería.
La tecnología responde donde importa
No todo son malas noticias en el frente operativo. El proyecto con AT&T se ha convertido en un escaparate de lo que la tecnología de recocido cuántico puede lograr: una tarea de optimización de red que tradicionalmente requería cerca de una hora se resolvió en menos de 15 segundos. Un argumento de peso para quienes creen que la computación cuántica ya tiene aplicaciones prácticas, no solo promesas de laboratorio.
En la misma línea, la colaboración con NTT DOCOMO ha demostrado reducciones significativas en la carga de señalización de redes móviles. Y el calendario de agosto dejó otros hitos: una subvención del gobierno canadiense de hasta 300.000 dólares canadienses para desarrollo de software, la publicación de un estudio sobre puertas de dos qubits de alta precisión en la revista Nature y la ampliación de acuerdos con Nasdaq Verafin. Además, Kevan P. Krysler se ha incorporado al consejo y formará parte del comité de auditoría.
El dilema de la valoración
El mercado, sin embargo, sigue sin encontrar el punto de equilibrio. La acción cotiza en torno a los 14,29 euros, un 3,7% menos que en la sesión anterior, y acumula una caída del 37% desde el inicio del año. El 52 semanas deja distancias elocuentes: el máximo de 40,41 euros queda un 65% por encima del precio actual, mientras que el mínimo de 11,12 euros está a poco más de un 20%. La volatilidad anualizada del 107% describe un valor que no da tregua.
La capitalización bursátil ronda los 5.450 millones de euros, una cifra que implica pagar casi 150 veces las ventas esperadas para el ejercicio. Ese múltiplo solo se sostiene si se descuentan años de crecimiento acelerado, pero el balance actual muestra pérdidas ajustadas de 0,10 dólares por acción y un EBITDA ajustado negativo de 37,1 millones de dólares, un 85% más amplio que el del año anterior.
BMO Capital, al menos, ve recorrido: inició cobertura el 25 de agosto con un rating de "Outperform" y un precio objetivo de 35 dólares. La apuesta es clara, aunque la fecha del análisis es anterior al último tramo bajista.
La pregunta que sobrevuela D-Wave es si el mercado premiará al final la dinámica operativa —pedidos, alianzas, penetración comercial— o castigará el desajuste entre una valoración exigente y una facturación que aún se cuenta en millones bajos. Por ahora, ambas narrativas conviven sin que ninguna se imponga.
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