Hay momentos en los que un balance empresarial dice menos que las preguntas que genera. Nvidia atraviesa uno de esos momentos: sus cifras son espectaculares, su caja rebosa y, sin embargo, el mercado observa con una mezcla de admiración y cautela una agenda corporativa que se mueve en varias direcciones a la vez.

La reciente tanda de resultados ha vuelto a dejar constancia de la magnitud del fenómeno. En el segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027, la compañía facturó 96.200 millones de dólares, un 106% más que en el mismo periodo del año anterior. Para el tercer trimestre, la propia empresa ha avanzado una previsión de 108.000 millones, con un margen de fluctuación del 2% en ambos sentidos. La guía, como suele ocurrir con Nvidia, importa tanto o más que lo ya conseguido: apunta a que la dinámica no se agota.
Esa fortaleza operativa convive con un programa de retribución al accionista de dimensiones poco comunes. Durante la primera mitad del ejercicio fiscal 2027, el fabricante de chips ha destinado unos 40.000 millones de dólares a la recompra de sus propias acciones, lo que equivale a aproximadamente el 60% de su flujo de caja libre generado en ese tramo. La autorización vigente para recompras se amplió en mayo en 80.000 millones adicionales.
Pese a ese esfuerzo, hay quien considera que la devolución de capital se queda corta. El conocido comentarista de CNBC Jim Cramer ha llegado a reclamar un programa de recompra de hasta un billón de dólares, argumentando que el crecimiento y la rentabilidad del negocio no están suficientemente reflejados en la cotización. En la misma línea, aunque con una cifra más moderada, un analista del portal Capwolf ha sugerido un volumen de 500.000 millones, estableciendo paralelismos con la estrategia que durante años ha seguido Apple.
La brecha entre el desempeño bursátil y el operativo da combustible a esa reclamación. Desde octubre, el título acumula una subida de aproximadamente el 8%, mientras que el S&P 500 ha avanzado cerca de un 11% en el mismo periodo. Un desfase que, visto el ritmo de crecimiento de la facturación, resulta cuando menos llamativo.
La lluvia de objetivos que siguió a los resultados
La publicación de las cuentas desencadenó una oleada de revisiones al alza entre las firmas de Wall Street. Wedbush elevó su precio objetivo el 27 de agosto hasta los 345 dólares, desde los 330 anteriores, manteniendo la recomendación de outperform. Ese mismo día, Morgan Stanley también subió su meta, de 288 a 300 dólares, con la calificación de overweight sin cambios.
Más contundente fue Raymond James, que incrementó su objetivo hasta los 515 dólares desde los 352 previos, confirmando la recomendación de strong buy. A esta corriente se sumaron después otras casas: Wall Street Zen mejoró su calificación a strong buy el 29 de agosto, y President Capital elevó su meta de 295 a 330 dólares el 31 de agosto.
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La secuencia no dibuja un panorama de euforia uniforme, sino más bien un abanico de valoraciones que, con matices, apuntan en la misma dirección. Que varias firmas de prestigio hayan ajustado sus cifras en cuestión de días y hayan ratificado sus apuestas alcistas sugiere una confianza sólida en la evolución del negocio, con independencia de lo dispares que resulten los objetivos concretos.
En ese coro destaca la voz de Tristan Gerra, analista de Baird, que mantiene su recomendación de compra con un precio objetivo de 500 dólares, lo que implicaría un potencial de revalorización superior al 125%. Gerra fundamenta su postura en la ganancia de cuota de mercado de productos como la tecnología Groq-3-LPX y la CPU Vera, así como en el acuerdo millonario de computación en la nube que Anthropic ha cerrado recientemente con Lambda, proveedor respaldado por Nvidia. Según sus cálculos, la media de los objetivos de los analistas que cubre Baird se sitúa en 328,43 dólares, lo que supondría un potencial implícito de casi el 49%.
Una cotización que digiere las noticias con calma
La respuesta del mercado a tanto anuncio positivo ha sido, cuando menos, mesurada. En la última sesión considerada, el valor cerró en los 187,66 euros en el mercado alemán, con un retroceso del 1,3%. A siete días vista, el saldo sigue siendo positivo, con un avance del 4,2%, y desde enero la revalorización alcanza el 17%. El 52-Wochen-Hoch, fijado en mayo en los 202,50 euros, queda ahora a una distancia de aproximadamente el 7,3%.
Esa aparente frialdad tiene una lectura: el mercado ya había descontado buena parte de las cifras récord antes de que se publicaran, y ahora asimila con prudencia la confirmación de los analistas. El índice de fuerza relativa, en 51,8, refleja una posición neutral, sin signos de sobrecalentamiento ni de debilidad. No es una señal en contra de la historia de crecimiento, sino más bien un indicio de que las expectativas han madurado.
La operación que puede cambiar el tablero
Mientras los inversores digieren cifras y objetivos, Nvidia negocia en paralelo una de las adquisiciones más relevantes de su historia reciente. Según informaciones coincidentes de varios medios, la compañía mantiene conversaciones avanzadas para comprar la plataforma de inteligencia artificial Hugging Face por un importe que rondaría los 13.000 o 14.000 millones de dólares. De esa cantidad, aproximadamente 1.000 millones se destinarían a retener al equipo de la empresa adquirida. El acuerdo no está cerrado, pero se da por posible que pueda anunciarse a lo largo de la semana en curso.
De materializarse, la operación encajaría en la estrategia de Nvidia de ampliar su radio de acción más allá del diseño de chips, consolidando su posición en el conjunto de la infraestructura de IA. Una senda que ya ha transitado con su reciente inversión en el fabricante taiwanés de semiconductores MediaTek.
La compañía ha anunciado además un dividendo trimestral de 0,25 dólares por acción, que se abonará el 1 de octubre de 2026 a los accionistas inscritos en el registro el 10 de septiembre de ese mismo año.
El cruce de caminos en el que se encuentra Nvidia —con una capacidad de generación de caja descomunal, un programa de recompra agresivo, una lluvia de objetivos alcistas y una posible compra de varios miles de millones sobre la mesa— dibuja un escenario de manual para los inversores. La valoración sigue siendo exigente, pero la sustancia fundamental que la sostiene parece, por ahora, intacta.
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