La marcha de John Markovich, consejero delegado financiero de D-Wave Quantum desde hace cinco años, ha agitado las aguas de un valor que ya navegaba en aguas turbulentas. El anuncio, hecho efectivo el 2 de septiembre, provocó una caída del 8,4% el mismo miércoles, con el título cerrando en 15,15 euros en la sesión europea. Pero reducir esta historia a una simple reacción por una salida corporativa sería quedarse en la superficie.

El mercado, en realidad, buscaba una excusa. La cotización ya acumulaba un descenso del 63% desde su máximo de 52 semanas de 40,41 euros, alcanzado el 15 de octubre de 2025, y desde enero el retroceso ronda el 34%. El relevo en la dirección financiera no fue más que el detonante de un nerviosismo que venía incubándose: el precio se sitúa un 14% por debajo de su media de 50 días (17,67 euros) y un 20% bajo la de 200 sesiones. Los números dibujan una tendencia bajista consolidada, no un simple ajuste técnico.
Un relevo ordenado en un momento delicado
La transición, conviene subrayarlo, no tiene visos de conflicto. Markovich, quien durante su mandato captó más de 900 millones de dólares en financiación —incluida la salida a bolsa de 2022—, se jubila. El consejero delegado, Alan Baratz, agradeció públicamente su contribución. Greg Golkov, vicepresidente sénior de Finanzas desde mayo de 2023, asumirá el cargo de forma interina. Un movimiento planificado, aunque mal recibido por unos inversores que ven alargarse el horizonte de rentabilidad.
La compañía sigue sin ser rentable y depende de futuras ampliaciones de capital, lo que explica la sensibilidad ante cualquier cambio en la cúpula financiera. Para colmo, el entorno no acompaña: el sector del computación cuántica sufrió caídas generalizadas el 18 y el 24 de agosto —con IonQ, Rigetti y la propia D-Wave cayendo al unísono—, lastrado por el repunte de los rendimientos de los bonos y la aversión al riesgo en valores especulativos, sin que mediaran noticias corporativas concretas.
Pedidos que deslumbran, ingresos que defraudan
Los resultados del segundo trimestre, publicados a principios de agosto, resumen a la perfección la dualidad de D-Wave. La facturación se quedó en 3,08 millones de dólares, prácticamente plana frente al año anterior y muy por debajo de los 4,03 millones que esperaba el consenso. El beneficio ajustado por acción fue de 0,13 dólares, también peor de lo previsto (0,09 dólares), aunque otra lectura del dato —la que maneja la propia compañía— sitúa la pérdida en 0,10 dólares, ligeramente por encima de las estimaciones.
Sin embargo, la cartera de pedidos cuenta otra historia. Las reservas del primer semestre alcanzaron los 35,5 millones de dólares, un 1.120% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior, impulsadas en más de la mitad por un único sistema vendido por más de 20 millones de dólares. En el trimestre aislado, los bookings crecieron un 59% hasta los 2,1 millones. Las obligaciones de desempeño pendientes se dispararon un 668%, hasta 40,7 millones de dólares, y la proporción de clientes comerciales en los ingresos trimestrales pasó del 45,1% al 62,4%.
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La tesis de inversión, por tanto, se sostiene sobre una premisa clara: D-Wave vende futuro, no presente. La cuestión es cuánto tardará ese futuro en materializarse en la cuenta de resultados.
Wall Street mantiene la fe, con matices
Pese a las cifras decepcionantes, la mayoría de los 16 analistas que cubren el valor mantienen una recomendación de compra fuerte, con un precio objetivo medio de 35,73 dólares —más del doble del último precio en EE.UU., de 17,79 dólares—. BMO Capital Markets inició cobertura el 21 de agosto con una calificación de Outperform y un objetivo de 35 dólares, lo que impulsó la acción un 7,2% ese día. La firma apunta a un mercado direccionable de entre 450.000 y 850.000 millones de dólares según Boston Consulting Group, con clientes de la talla de Toyota, Deloitte, Mastercard o Volkswagen, y menciona la inversión de 100 millones de dólares del Gobierno estadounidense en el sector cuántico como viento de cola.
Pero el mismo día, Zacks Research rebajó su recomendación de Strong Buy a Hold, un movimiento que restó un 1,1% a la cotización. Y hay más matices: BMO, pese a su optimismo con D-Wave, señala a Quantinuum como la opción más atractiva del sector, con mayores ingresos (8 millones de dólares), un RPO de 74 millones y una caja de 2.100 millones de dólares, además de clientes como JPMorgan, Airbus y HSBC. La liquidez de D-Wave, de 546 millones de dólares, resulta sólida pero menos holgada en comparación.
Movimientos en el consejo y avances comerciales
Más allá del relevo de Markovich, la compañía ha reforzado su gobierno corporativo con la incorporación de Kevan P. Krysler al consejo y al comité de auditoría el 17 de agosto. Krysler, con más de 25 años de experiencia en finanzas, es director financiero de Carbon Robotics y fue CFO de Everpure, cotizada en la NYSE.
En el frente comercial, D-Wave amplió su colaboración con NTT DOCOMO: el operador japonés utiliza ya una segunda aplicación de la compañía para optimizar sus redes. Además, el National Research Council de Canadá concedió una financiación de hasta 300.000 dólares canadienses para el desarrollo del software de recocido de los sistemas Advantage2.
Una ecuación que el mercado no termina de resolver
Con una volatilidad anualizada del 107% —o 108% según otras mediciones—, D-Wave sigue siendo un valor para estómagos resistentes. La salida del CFO, que el mercado castigó con un desplome de entre el 8% y el 9%, probablemente acabe siendo una nota a pie de página. La pregunta que sostiene la cotización es otra: ¿cuánto tardará el explosivo crecimiento de los pedidos en convertirse en ingresos reales? Mientras esa conversión no se produzca, la brecha entre la promesa y la realidad seguirá alimentando la volatilidad.
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