La distancia entre lo que D-Wave Quantum vende y lo que realmente factura se ha convertido en el eje central del debate bursátil en torno a la compañía. Mientras los contratos firmados crecen a un ritmo de tres dígitos, los ingresos trimestrales permanecen prácticamente congelados. Esa brecha explica, en buena medida, la montaña rusa que vive la acción desde la presentación de sus resultados del segundo trimestre.

Una caída que incomoda, pero no sorprende
El mercado castigó con dureza las cifras publicadas el 6 de agosto de 2026. La acción retrocedió hasta los 17,18 euros, un descenso del 7,14% en la sesión posterior a los resultados. Desde enero, el acumulado negativo alcanza el 24,21%. El desplome desde el máximo de 52 semanas —los 40,41 euros registrados en octubre de 2025— supera ya el 50%.
La reacción parece desproporcionada si se atiende únicamente a la cartera de pedidos. Pero los inversores miran primero a la cuenta de resultados, y ahí los números invitan a la cautela. Los ingresos del trimestre se quedaron en 3,1 millones de euros, prácticamente planos frente al año anterior y un 24% por debajo de los 4,03 millones que esperaba el consenso. La pérdida neta se amplió hasta los 48,0 millones de euros, equivalentes a 0,13 euros por acción. Los gastos operativos, por su parte, se dispararon un 93% hasta los 55 millones de euros.
El otro lado de la balanza: pedidos que se multiplican
Quien se detenga solo en la cuenta de pérdidas y ganancias verá una empresa estancada. Quien examine los libros de contratación encontrará una historia completamente distinta. Las reservas de pedidos del primer semestre alcanzaron los 35,5 millones de euros, un incremento del 1.120% respecto al ejercicio anterior. Dentro de esa cifra destaca la venta de un sistema cuántico completo por valor de 20 millones de euros, una operación que aún no ha sido reconocida como ingreso.
La lógica contable explica esta aparente contradicción: D-Wave no registra los ingresos hasta que se cumplen los hitos establecidos en el calendario de cada proyecto. No se trata de un artificio contable, sino de una cuestión de timing. Las obligaciones de desempeño pendientes —los denominados RPO, contratos firmados pero no facturados— se elevaron un 668% hasta los 40,7 millones de euros.
Ese colchón de pedidos respalda la previsión de la compañía para el tercer trimestre: unos ingresos de 14,1 millones de euros, lo que supondría un salto del 277%. La gran pregunta es si el mercado tendrá paciencia suficiente para esperar a que esa conversión se materialice.
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Evidencia tecnológica frente a escepticismo financiero
Mientras los números trimestrales alimentan las dudas, los resultados prácticos refuerzan la tesis de los optimistas. El piloto desarrollado con AT&T para optimización de redes redujo el tiempo de cálculo de una hora a menos de 15 segundos, una aceleración de 240 veces. El reconocimiento como líder en el IDC MarketScape, compartiendo espacio con IBM, añade credibilidad a una tecnología que empieza a demostrar su utilidad más allá del laboratorio.
El sector comercial ya representa el 62,4% de los ingresos, con clientes como Nasdaq Verafin y Unisys que apuntan a una base de usuarios más corporativa y con mayor capacidad de pago. El plan tecnológico contempla alcanzar los 20.000 qubits en 2029 y los 100.000 en 2031, un calendario que fija el horizonte de la compañía en la era "Advantage2".
Márgenes bajo presión y una caja que se reduce
El camino hacia la rentabilidad, sin embargo, sigue lleno de obstáculos. El margen bruto se contrajo desde el 63,8% del año anterior hasta el 55,4%, reflejo del elevado gasto en investigación y desarrollo. El EBITDA ajustado se situó en terreno negativo, con 37,1 millones de euros en números rojos.
La adquisición de Quantum Circuits redujo la posición de caja y valores negociables hasta los 546,2 millones de euros. Esa liquidez otorga margen de maniobra, pero la volatilidad anualizada del 104,18% evidencia el nerviosismo reinante. Si el consumo de capital continúa sin que los ingresos acompañen, el soporte de los 11,12 euros —mínimo de 52 semanas— podría volver a ser puesto a prueba.
Un trimestre decisivo
El consenso de analistas mantiene un precio objetivo de 32,12 euros, lo que implicaría un potencial de revalorización cercano al 87% desde los niveles actuales. Esa confianza contrasta con la evolución bursátil y sugiere que una parte del mercado sigue apostando por la conversión de los pedidos en ingresos reales.
La acción cotiza actualmente un 10,12% por debajo de su media móvil de 50 días. La publicación de los resultados del tercer trimestre determinará si se acerca a ese nivel o si, por el contrario, la volatilidad se mantiene con riesgo de nuevos descensos hacia los mínimos de marzo.
Hay otros frentes abiertos que los inversores seguirán de cerca: el traslado de la sede corporativa a Boca Raton y la evolución de la subvención anunciada bajo la CHIPS Act, valorada en 100 millones de dólares. Hasta que el mercado vea confirmada la cifra de 14,1 millones de euros en ingresos, la acción probablemente se moverá en un rango lateral, atrapada entre la promesa de sus pedidos y la realidad de su balance.
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