La semana que viene, el equipo directivo de D-Wave Quantum subirá al estrado de dos conferencias sectoriales de primer nivel —primero en la de semiconductores de Needham el 20 de agosto y, siete días después, en el congreso tecnológico de Deutsche Bank en Dana Point—. Esas citas llegan en un momento delicado: la compañía acaba de presentar unas cifras trimestrales que el mercado recibió con frialdad, y ahora necesita convencer a los inversores institucionales de que el relato de crecimiento va por delante de la realidad contable.

La brecha entre lo facturado y lo contratado
Los números del segundo trimestre no invitan al optimismo inmediato. D-Wave registró unos ingresos de 3,1 millones de dólares, sensiblemente por debajo de los 4,03 millones que esperaba el consenso. La pérdida ajustada por acción alcanzó los 13 centavos, frente a los 9 que anticipaban los analistas. En la sesión previa a la apertura del mercado, el título llegó a ceder un 12,34%.
Sin embargo, quienes miran más allá de la cuenta de resultados encuentran un dato que cambia el enfoque: los pedidos (bookings) del primer semestre se dispararon más de un 1.120% interanual, hasta los 35,5 millones de dólares. Solo en el trimestre, las contrataciones crecieron un 59% hasta los 2,1 millones, y los ingresos recurrentes por suscripción del negocio QCaaS avanzaron un 50%.
La dirección atribuye parte del desfase en la facturación a la propia naturaleza del negocio: dos entregas de sistemas previstas para 2026 concentrarán la mayor parte de sus ingresos asociados en el cuarto trimestre. Dicho de otro modo, la compañía está firmando contratos de gran tamaño cuya traducción contable llegará más tarde, un patrón habitual en empresas de esta fase de desarrollo.
AT&T amplía el perímetro de colaboración
En paralelo, la base de clientes de D-Wave ha recibido un impulso notable en las últimas semanas. La alianza con AT&T, que ya había logrado reducir el tiempo de procesamiento en tareas de optimización de red de aproximadamente una hora a menos de 15 segundos, se extiende ahora a nuevas áreas de la operadora.
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La tecnología de recocido cuántico (quantum annealing) de D-Wave se integrará más profundamente en las herramientas que ya impulsan los sistemas de agentes de IA de AT&T. El acuerdo abarca además la detección y respuesta ante fallos, la planificación de despliegue de técnicos, la expansión de la red y la gestión del tráfico. Para D-Wave, contar con una referencia operativa de este calibre refuerza su argumentario comercial: la tecnología no solo funciona en laboratorios, sino en entornos de producción de grandes corporaciones.
A esa noticia se sumó una ayuda del Consejo Nacional de Investigación de Canadá, que ha concedido a la compañía hasta 300.000 dólares canadienses en el marco de su programa Applied Quantum Computing Challenge. El equipo del Quantum Centre of Engineering Excellence en Burnaby (Columbia Británica) utilizará los fondos para desarrollar software y algoritmos comerciales, con especial atención a nuevos algoritmos de incrustación de menores de grafos para la topología Zephyr, que se integrarán en el kit de desarrollo de código abierto Ocean.
La ciencia como ancla de valor
Hace dos semanas, un estudio revisado por pares publicado en Nature validaba la tecnología de corrección de errores cuánticos de puertas de D-Wave, que permitiría una corrección eficiente con un menor requerimiento de hardware a medida que los sistemas escalan. Desde entonces, la acción acumula una subida del 6,9%, un síntoma de que el mercado premia los hitos científicos por encima de las cifras trimestrales.
Esa dinámica explica la volatilidad extrema del valor: un 103% en los últimos 30 días. La cotización ronda los 18 euros, después de cerrar el viernes en 18,30 euros y de ceder cerca de un 1,7% en la última sesión. En el mes, el título gana un 23%, pero desde enero acumula un retroceso de entre el 20% y el 21% según la referencia de cierre que se tome.
El recorrido desde el mínimo de 52 semanas de 11,12 euros es notable —un 62% al alza—, pero la distancia con el máximo histórico de 40,41 euros alcanzado en octubre sigue siendo abismal, en torno al 55%. Esa horquilla refleja el péndulo emocional que domina al valor: euforia cuando la ciencia avanza, decepción cuando la contabilidad no acompaña.
Las próximas comparecencias públicas del equipo directivo servirán para calibrar si la narrativa de crecimiento sostenido logra imponerse a la realidad de unos márgenes aún muy lejos de la rentabilidad. De momento, D-Wave sigue siendo una apuesta por el segundo semestre, no por el presente.
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